Hola, mi querido gran amor (supongo que siempre serás mi amor):
Me encantaría saber qué tal te va, si cumpliste todas esas intenciones locas, si has conseguido ser todo aquello que siempre quisiste ser, si pusiste orden a tu desván emocional. A mí me va bien, supongo. Sigo siendo el mismo desastre despeinado y caprichoso que era cuando te fuiste.
O me fui.
Creo que fue algo mutuo. Nos matábamos demasiado como para seguir en la vida del otro. Pero qué bonita forma de morir era quererte. Aún te quiero, no lo dudes. Pero creo que en un momento de locura me quise demasiado y me fui para siempre.
"Para siempre".
Si quitase las comillas, no podría estar escribiéndote esta carta que jamás leerás. No tengo mucho más que contarte. Sigo huyendo de tu recuerdo. Aunque, a veces, de forma casual e intencionada me encuentro con alguna foto nuestra. Esas en las que sales con cara de malo y a mí me brillan los ojos. Deberías saber que no han vuelto a brillar así.
Me he despedido demasiadas veces a lo largo de estos años como para repetirme en estas líneas. Sólo espero que no dejes de sonreír jamás y que seas tan feliz como un día me hiciste a mí. Te quiero.
14 de octubre de 2019
10 de abril de 2019
¿Es miedo lo que realmente sientes?
Nos encanta estar
en la cuerda floja,
jugar al tira y afloja,
vivir en un constante
ni contigo ni sin ti.
Hostia puta.
Nada queda claro.
Que te quiero,
pero no quiero ataduras.
Pero te quiero cuando vuelvo
y necesito calor.
Lo único que queda claro
es que tenemos corazones soberbios
que no dan su brazo a torcer.
Corazones con miedo,
pero ¿miedo a qué?
¿Miedo a sentir?
La vida es subir y bajar,
notar cómo te ahogas con las lágrimas
y ardes de rabia.
Es odiar porque odiar
es otra forma de querer.
Odiar cuando ves cómo se va
y, ojalá, ser valiente
para decir que quieres con toda tu alma.
Esa que necesitas esconder
del mundo que prefiere odiar
que dejar saber que es capaz de querer.
Nos encanta estar
en la cuerda floja,
jugar al tira y afloja,
vivir en un constante
ni contigo ni sin ti.
Hostia puta.
Nada queda claro.
Que te quiero,
pero no quiero ataduras.
Pero te quiero cuando vuelvo
y necesito calor.
Lo único que queda claro
es que tenemos corazones soberbios
que no dan su brazo a torcer.
Corazones con miedo,
pero ¿miedo a qué?
¿Miedo a sentir?
La vida es subir y bajar,
notar cómo te ahogas con las lágrimas
y ardes de rabia.
Es odiar porque odiar
es otra forma de querer.
Odiar cuando ves cómo se va
y, ojalá, ser valiente
para decir que quieres con toda tu alma.
Esa que necesitas esconder
del mundo que prefiere odiar
que dejar saber que es capaz de querer.
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