31 de octubre de 2011

Quiero superar cada imposible, besarte a cada rato, provocar el silencio entre nosotros para poder mirarte y embarcarme en un sueño contigo. Ser el motivo de tu risa, provocarte mil sensaciones por minuto, decirte todo sin ninguna palabra. Quiero que borres de mi cada mal recuerdo, e incluso los buenos. No dejes nada, hazte un hueco en mi. Quiero que escribamos nuestra propia historia, sin ningún final, que formemos nuestros propios recuerdos juntos. Quiero que recojas cada pedazo de mi corazón y lo recompongas, despacito, con cuidado. 


Borra de mi los miedos, hazme saltar al vacío sin ningún temor. Bésame cada vez que te apetezca, seca mis lágrimas con tus labios, tranquiliza mi cuerpo con tus manos. No dejes lugar a la duda, ocupa tu tiempo en mi, cuéntame cada pensamiento, no dejes ni un secreto por desvelar. Sigue con esta historia, no la termines jamás.




- Espero que esto siga así.
+ Segurísimo. ¿Qué esperas de esto?
- Espero poder seguir viéndote, conocerte mejor, conseguir que confíes en mi y llegar a más. ¿Era eso lo que me preguntabas?
+ Si es lo que pensabas, sí.
- Y tú, ¿qué esperas?
+ Me gustaría poder seguir adelante con lo que fuera, pero tengo miedo.
- ¿Por qué?
+ Miedo de volver a fallar, de volver a sentir y que se quede en nada. No quiero volver a sufrir. 
- No tengas miedo, conmigo no sufrirás te lo aseguro. Me gustas y estoy seguro de que esto llegará lejos. Cuando hemos estado juntos me ha gustado, me he sentido bien, me gusta estar contigo. 
+ Pero no lo entiendo. ¿Cómo alguien como tú puede fijarse en alguien como yo?
- Explícame eso, por favor.
+ Tengo mil defectos y hay mil mujeres mucho más guapas que yo, y con tu forma de ser y tu cuerpo podrías estar con quien quisieras.
- ¿Por dónde empiezo? Eres guapa, buena persona, y me encantas. Tú y tus defectos. Además, yo también tengo defectos. He estado con mujeres muy guapas de esas con las que vacilas delante de los amigos pero ninguna como tú. De que me sirve un cuerpo si no me compensa la personalidad. Por muy guapas que fueran no eran ni la mitad de buenas que tú.
+ No sé que decir. 
- Sólo te he dicho lo que pienso...

30 de octubre de 2011

Eras ese sueño, mi sueño, mi gran imposible, mi gran amor. Al que cada noche intentaba llegar desesperadamente. Me sentía bien, me sentía... a gusto, protegida, querida, entusiasmada. Sentía que de verdad le importaba a alguien, eras mi droga. Tú conseguías sacar lo mejor de mi y aunque muchas veces reinara el odio entre nosotros, el amor prevalecía. Tú me sujetabas y aunque pareciera que estábamos cayendo al abismo me daba igual, porque tú estabas conmigo. Ya podía venir la peor de las tormentas, el mismisimo diablo si quería, que si tú estabas conmigo todo me daba igual. 


Pero los sueños sueños son, y al final se acaba despertando. En algunos sabes desde el principio que lo son, que son un simple sueño y los vives como tal, sin preocupaciones, sin temores; sabiendo que despertarás y tu vida seguirá adelante. Pero hay otros en los que cuando despiertas no sabes que hacer, has basado los últimos tiempos de tu vida en ese "sueño". Te quedas despierta, echada en la cama, mirando el techo, asimilando que cada momento, abrazo, caricia, beso ha sido producto de tu imaginación, intentando dormir de nuevo porque quieres volver a ese sueño, con él. Y al fin y al cabo, tarde o temprano uno acaba despertando.

28 de octubre de 2011



Puede que haya encontrado a otro que esté llenando el vacío que dejaste. Puede que surja de nuevo el amor en mi vida, le dejé la puerta abierta, ¿por qué no? No creas que es tu sustituto, él es diferente a su manera. Me encanta cuando me mira y el silencio es lo que nos llama a darnos un beso. Me encanta cuando ríe, cuando me gasta una broma y rompe a carcajadas porque me enfadé, me encanta cuando me dice lo perfectamente imperfecta que soy. 
Pero no es lo mismo. Tú no eras sólo un amor, eras mi consuelo. Secabas cada lágrima, escuchabas atento cada problema imposible, buscabas solución a la ecuación. Te quería, te juro que te quería como a nadie. Y ahora, no sé si te quiero. Digamos mejor que ya asumí que no volverás, que no estarás ahí. Aprendí a vivir sin ti. ¿Y sabes mi amor? Te quiero, pero le digo adiós a tu adiós.





Mentiste, te fuiste. Ya no estás.


- ¿En qué piensas?


+ En nada.

- ¿Nada? Si no pensaras en nada, no hubiésemos estado cinco minutos en silencio, yo mirándote y tú sin darte cuenta, pensativa con la mirada perdida.

+ ¿Por qué lo dices?

- Lo digo porque puedo ver a través de tus ojos, conozco tus miradas.

+ ¿Qué ves en ellos?

- Veo que hay algo que te preocupa y sé que es algo sobre nosotros. Tienes miedo de perderme, te dejas llevar por los celos y los malos pensamientos. Tienes mil dudas en tu interior y por mucho que buscas no encuentras respuesta alguna, estás ya desesperada. Siento que hay algo dentro de ti que no dejas salir. Te apetece gritar, escaparte a un lugar donde nadie te vea y gritar a los cuatro vientos todo lo que te desespera. Quieres llorar, limpiar todo tu interior del dolor que llevas dentro. Sé que parte de ese dolor lo produzco yo, y lo siento. Los demás no pueden verlo, pero yo sí. Yo sí veo en lo profundo de tu ser. Sé como te sientes y siento impotencia por no poder ayudarte.

+ ¿Qué ves…?

- Ahora mismo veo una persona que hasta hace poco se sentía vacía, puede que ahora te sientas mejor porque crees que encontraste al amor de tu vida pero no es así. Veo que esa persona crea una barrera ante los demás, pero cada día llora amargamente y aún así sigue adelante aunque tenga ganas de darlo todo por perdido, echarse en el suelo y dejar que pase el tiempo. Veo un sentimiento de culpa por preocupar a los demás, veo que necesita ayuda, me necesita, inconscientemente me pide ayuda y al darse cuenta, se siente mal por necesitarme. Pero lo que no sabe esa persona, es que por muy mal que estén las cosas yo estaré ahí, curando sus heridas, secando sus lágrimas, ofreciéndole un hombro para llorar, apoyándola cuando más la odie.

26 de octubre de 2011

Sí, tengo miedo. Miedo de volver a chocar contra un muro, de volver a caer con esa piedra, de no poder recomponer esta vez los pedazos. Miedo del amor. Ese gran desconocido en mi vida.


Quiero sentir unas mariposas nuevas, desechar las viejas. Sentir la tensión en el aire por ver quien roba el primer beso. Notar el vértigo al sentir el mínimo contacto, embarcarme en tus ojos y no cansarme jamás. Darte mil besos sin ningún porque, despertarme y que tú seas lo primero que vea, notar tu respiración en mi cuello, conseguir agitarte con cada caricia. Contar cada imperfección como la más maravillosa de tus virtudes. Compartir contigo cada sentimiento, sentir juntos cada temor. Desaparecer y que al volverme a ver salga tu sonrisa más sincera porque me echaste de menos. Recibir un abrazo sin aviso, preguntarte el porque y recibir como respuesta un beso. Sí, un beso.



24 de octubre de 2011

Puede que pienses que sólo es un bajón más, que en un momento se me pasará. Pero no, es todo lo que guardo dentro, es lo que maquillo con una sonrisa todo el día en la cara. Hasta que llega ese momento del día en el que no aguanto más y necesito explotar. Necesito contarle a alguien lo que siento, ese alguien eras tú. Sí, mi amor, tú. 


Y ahora que no estás lo escribo aquí, parece una entrada más, pero en cada párrafo hay un momento de vacío que siento desde que te fuiste. Y aunque me hago creer que ya pasé página siempre vuelve la razón a confesarme que te echa de menos y que te sigo queriendo. 
No hablaremos, no saldrá ni una palabra de nuestros labios. No habrá miradas. Sentiremos la desconocida incomodidad que jamás hubo por un silencio. Sentiré el odio y el amor no correspondido. Tú esquivarás cualquier petición, te taparás los oídos. Sé que no me querrás escuchar. 


¡Mírame! Dedícame un instante. No pido que me perdones ni que olvides, sólo que escuches. Necesito decirte todo lo que siento una última vez. Deja que me mienta pensando que aún te importo. 


Espera, no cerremos todavía las puertas. No corre prisa, dame un segundo. Deja que coja fuerzas para intentarlo una vez más. Dame un último aliento, una última mirada, un último pensamiento. Deja que en un último intento desesperado te explique cuanto te sigo extrañando.

23 de octubre de 2011

Recuerdo bien ese día. Sí, lo recuerdo muy bien. Abrazada a ti, comiéndote a besos, era el primer día que te tuve. Hubo un momento de silencio, yo estaba apoyada en tu hombro embriagándome con tu olor y algo me lo dijo. Algo me dijo que tú serías quien se alejaría, que te irías, que todo se perdería...

[...]...Seguiré buscando hasta encontrarte, es que te veo en todas partes. No sé si tú sientes lo mismo que yo. Detén el tiempo quiero soñarte, decirte que eres importante... [...]



El pasado quema. Duele recordar lo fácil que era entablar una conversación, sacarte una sonrisa, sorprenderte, decirte lo que pensaba y lo que sentía. Duelen los recuerdos. Duele simplemente recordar. Me llenabas tanto... Completabas esa parte de mí que era tan desconocida. Jamás pensé encontrar mi otra mitad, mi media naranja. En tu caso, mi medio limón. 


Todo era tan fácil... Entre risas y bromas siempre caía una expresión de cariño. Lo extraño tanto, te extraño tanto. Vuelve...


Me duele, de verdad que me duele el sentirme tan vacía por dentro. Extraño el sentir que te importo, que aunque no pueda haber nada entre nosotros siempre ibas a estar ahí, tu preocupación por como me pudiera sentir. Extraño lo complicado que eras. Extraño decirte que te echaré sal porque eres muy soso, decirnos que el que no arriesga no gana, decirte tonto. Extraño las indirectas. ¡Dios! Cuantísimo te necesito. 


Me quema seguir queriéndote como el primer día, necesitarte para seguir adelante, sentir que al mirar en tu lista de contactos me ves de pasada y por un segundo estoy en tu mente. Me quedé estancada en nuestro pasado, hoy en día sólo es mío. Ya no compartimos nada, tú lo borraste todo de tu corazón. Ese tan frío y tan duro. Sí, ese que un día llegué a conquistar. Ese que un día fue un poquito mío.


22 de octubre de 2011

¿Dónde estás? Ya no te veo, no te escucho, no siento tus palabras de aliento. Eras tú quien se suponía que debía estar ahí en lo bueno y en lo malo; de acuerdo, quedamos en que sólo en lo malo. Y aunque rechacé tu ofrecimiento por orgullo, me di cuenta de que sí te necesito. Necesito que me hagas ver mis fallos, que me hagas ser sensata, que me escuches y me seques las lágrimas, que hagas el tonto intentando hacerme reír, que me empujes hacia delante cuando salga corriendo para atrás. Te echo de menos. No puedo, me quedé estancada. No sigo adelante, pero tampoco hacia atrás. Me da miedo volver a recordarte, volver a sentir como sentía antes. Tengo miedo de quedarme aquí para siempre, tengo miedo de depender de ti para siempre.

20 de octubre de 2011

Y ya que no quieres dedicarme un segundo de atención plasmo aquí el lastre que llevo dentro. Lo intenté, los dos lo sabemos. Sé que tu orgullo es más fuerte, y puede que con el tiempo los motivos hayan ido aumentando, pero yo también soy persona y pasé por encima de todas las razones; que aunque no sean las mismas que las tuyas queman.


Puede que me equivoque o tal vez no, pero con el tiempo se suavizará la situación y querrás limpiar tu conciencia como siempre has estado haciendo, queriendo quedar libre de pecado y ya será tarde. Demasiado.


Y si por algún casual tu soberbia prevalece siéntete orgulloso de ti mismo, que a diferencia de ti yo estaré sin remordimientos.


Ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio. Ni contigo porque me matas, ni sin ti porque me muero.

19 de octubre de 2011

Llegué a ese extremo de poder decir sin dudar que si él saltaba, yo saltaba con él. Si él reía, yo era feliz por el simple sonido de su risa. Si él estaba triste me podría haber convertido en el mejor bufón de su Corte. Hubiera soportado el mundo sobre mi espalda solo para que él siguiera allí. 


Y aquí estoy, soportando ese mundo vacío del cual él hace tiempo se bajó. Aún noto esa carga sobre mi conciencia a pesar de estar todo desierto... Y lo peor de todo es que aunque él ya no está, yo sigo en ese extremo de demencia sintiendo cada segundo que él me falta.





Definitivamente me rindo, no tengo nada que hacer contigo. Y aunque el corazón quiera hacerme ir a por ti, por fin la razón ganó y me hizo seguir mi camino. 
- ¿Recuerdas aquel día?
+ ¿Qué día?
- Aquel que llegaste llorando, caíste en mis brazos y yo no sabía ni que decirte. Jamás te vi llorar así, parecía que se te había roto el alma.
+ Sí, lo recuerdo. ¿Por qué?
- Nunca me dijiste que te pasó.
+ Se fue, y con él mi vida.
Ya no duele, ya no quema. Tu negativa no me sorprende, aunque puede que un poco. Me esperaba que al menos respondieras simplemente para decirme otro adiós, no me hubiera importado.  


No teníamos ninguna deuda; o tal vez sí, pero mi conciencia se siente tranquila respecto a ti. Me dice que te olvide, que ya he hecho todo lo posible. Y es cierto, pero no sé si quiero dejarlo así. La lógica se apodera de mi y me quiere hacer entrar en razón, pero llevo tanto tiempo sumida en tu locura que tengo miedo de descubrir un mundo nuevo por muy bueno que pueda ser. 


Mi oportunidad se fue, pero yo sigo esperando...

18 de octubre de 2011





Para qué necesito enemigos, si conmigo misma tengo suficiente para destruir mi propio mundo.
No sé. No sé. No sé. No sé. No sé. No sé. No sé. No sé. No sé. No sé.
No sé. No sé. No sé. No sé. No sé. No sé.No sé. No sé. No sé. No sé.



Una parte de mi quiere, otra dice que no puede. Mi corazón me tira a que me arriesgue, mi mente me asegura que no ganaré. No quiero volver a fallar, quiero mantener esta maldita tranquilidad. 


Estoy confusa. Te quiero, pero no te quiero cerca. Te extraño, pero no quiero saber nada de ti. Te necesito, pero sigo como puedo sin ti. 


Y sopesándolo mejor me impongo una condición para atreverme a hablar contigo. Debes estar sólo...



17 de octubre de 2011

No dudes que me encantaria buscarte, preguntarte por todo el tiempo que pasamos separados. Pero no puedo, creeme que no puedo.

Ha sido tanto daño echo y no busco escusas ni quitarme la culpa, pero he llorado demasiado. Me cansé y aunque aún no soy capaz de rehacer mi vida he tomado la decisión de no buscarte. 



Me cuesta, y más de una vez tengo que recordarme a mi misma los peores momentos para no hablarte. Tal vez llegue el día en que pueda hablarte sin sentir nada, como si fueses otro más. Un buen recuerdo solamente...


Se me hacen eternas estas malditas escaleras. ¿Qué hora es? Que más da, tarde muy tarde. Estoy enfadada y no sé porque, será que no encuentro las llaves. 


Entro en casa y digo en voz alta "¡Ya estoy aquí!". Recapacito por la burrada que acabo de hacer y pienso: "Es verdad, que estoy sola, como siempre". Y sin saber cómo ni por qué me empotro contra la pared llorando desconsoladamente, mordiéndome la mano para no gritar. No puedo parar, no sé que me pasa. Sólo quiero llorar, llorar y desahogarme. Ya era hora, estoy harta de no poder decirle a nadie como me siento, de no poder quitarme esta carga que siempre llevo encima. 


No sabría decir cuanto tiempo pasó, sólo sé que se hizo de día cuando paré de llorar. Pero, ¿que me pasó? No lo entiendo, pero me ha sentado bien. Parece que mi cuerpo actuó por su propia cuenta para descargarse.

Entro al baño y miro mis mejillas manchadas por el rímel, los ojos rojos. Me lavo y empiezo a desnudarme. Tiro un zapato, luego el otro. Ahora los pantalones, parece que en una noche he engordado más de la cuenta y ahora luchan por desprenderse de mis piernas. Después la blusa, y me tiro en la cama. Enciendo la tele y busco algo que ver. Enciendo el ordenador y miro las novedades poco interesantes como de costumbre.


No más de cinco minutos después caigo rendida, "mañana" será otro día...



- ¿A qué le temes?
+ A la soledad ¿y tú?
- A perderle.
+ Yo ese miedo lo superé hace tiempo. Se hizo realidad y se convirtió en mi peor pesadilla.
- ¿Qué pasó?
+ Que le entregué mi corazón a alguien que carecía de él. 
Por mucho que los dos reneguemos de nuestro pasado juntos no podríamos olvidar tantos momentos buenos. Sé que hubo demasiados malos, pero que más da, los buenos fueron insuperables. 


No me arrepiento de quererte, de haberte convertido en el centro de mi vida. No me arrepiento de nada, aunque escuches que te odio no es así, puede que en ciertos momentos de locura sí lo haga y con todas mis fuerzas, pero es en un vano intento de contrarrestar el tener que asumir que aún queda algo. 


Pero aunque te siga queriendo me conformo con saber en la distancia que estás bien, me conformo con que de vez en cuando alguien venga y me diga "Hoy le vi sonreír" y pese a decir que me da igual en el fondo sonrío por ti. 


Siempre pensé que aprovecharía cualquier oportunidad contigo, me juré que jamás me rendiría pero hace tiempo rompí esa promesa. Por mi propio bien aunque quiera intentarlo una última vez más, no puedo. Me supera el miedo. Siento terror al pensar en estar frente a ti, sé que no podría aguantarlo, saldría corriendo.


He aprendido a sobrellevar tu actitud altanera, soberbia, orgullosa y extravagante, pero ahora mismo no sería capaz de soportarla. 


Sólo en el caso de que pasases por encima de tu orgullo podría sacar fuerzas de donde no las hay para poder hablar aunque fuese la última vez.
Veo el final de la calle en la que la mayoría de las farolas parpadean haciendo un último esfuerzo por no apagarse del todo. La noche es fría, mi chaqueta marrón abriga, pero no lo suficiente. Me sujeto fuertemente el pecho, tengo frío y cada vez estoy más empapada por la lluvia, pero me siento bien. 


Recuerdo esa escena de aquella película en blanco y negro en la que el hombre cantaba y bailaba bajo la lluvia.  Me entran unas ganas locas de imitarle, de mostrarle al mundo lo feliz que soy. 


"¿Feliz por qué? ¿De verdad eres feliz o sólo finges?". Me asalta la duda y la voz de mi conciencia. Rápidamente busco una respuesta o escusa según como se vea, pero no la tengo. Soy feliz porque él no está, se fue. ¿De verdad soy feliz así? Ciertamente no, me siento bien para que mentir, no tengo que preocuparme por lo que digo o hago, no tengo nada en lo que pensar, nada por lo que llorar. Por otra parte, extraño todo lo bueno que no fue poco, pero no compensa. Demasiados malos momentos, demasiado daño, demasiados ataques y lágrimas como resultado. Aún así le extraño. 


¿Y si como dijo ella volviéramos a hablar? ¿Sería capaz de ir a hablar con él? No lo sé. Quiero, de verdad que quiero y si fuese tan fácil lo hubiera intentado las veces que hubiesen sido necesarias, pero esta vez fue distinto. El pasado se impuso, salió mi orgullo. No pude apartar todo lo que pasó, se me hizo imposible.


Las gotas cada vez caen con más fuerza y me sacan de mi ensimismamiento, vaya paseo. Casualmente pasa una pareja. Se les ve bien, riñendo entre bromas, riendo a carcajadas, abrazados intentado permanecer debajo del paraguas. Se ve como ella se hace la enfadada y se sale del paraguas mientras él corre detrás de ella a darle un beso.


¿Y si viniese él a hablar conmigo? Me sale una carcajada que retumba en la desértica calle. "Imposible" suena en mi cabeza. Pero suponiendo que así fuera, ¿qué haría? ¿realmente tendría el coraje de ser fuerte y hablar con él? Otra vez, no sé. Mil dudas a las que sólo puedo responder con un seco no sé. Bueno, no sé no. Sí, hablaría con él. Sonreiría y aguantaría cualquier ataque, sólo si él viniera a hablar conmigo. En caso contrario por una vez perduraría mi orgullo, por una vez sería yo quien se mantenga firme, sólo por una vez, me aguantaré mis ganas y dejaré que el tiempo decida. Aunque si no vino aún, no creo que venga ya...


16 de octubre de 2011

- Creo que me he enamorado de él.
+ ¿Cómo lo sabes?
- No sé, simplemente lo sé. ¿Tú cómo sabes cuando estás enamorada?
+ Cuando siento que esa persona me hace falta para sonreír, cuando tengo a todas horas la necesidad de hablar y compartir todas mis experiencias con él, cuando para mí él es mi mundo, cuando su sonrisa es la mía, cuando su felicidad se convierte en la mía propia, cuando soy la causante de una simple risa suya todo mi mundo brilla, cuando le veo me recorre un escalofrío que me paraliza, se me para el corazón y las mariposas de mi estómago se alborotan, cuando cada vez que siento que me toca o que me mira mis ojos brillan, se iluminan. Cuando su propio bien pasa por encima de mi misma, cuando no me importaría que fuese feliz con otra persona, simplemente me basta con saber que él es feliz. Cuando no puedo evitar llorar al saber que lo puedo perder, que se puede alejar de mi. Cuando sus defectos lo hacen totalmente perfecto para mi.
- ¿Estás enamorada?
+Sí, y podría darte mil razones más. Todas reales, ya que él no está ya junto a mi, no quiere saber nada de mi y me sigue pasando todo eso y más. Cada noche lo primero que hago al echarme en la cama es acordarme de él y acabo llorando porque ya no está. Y siempre pienso que cuando le vea correré hacia él y le hablaré, pero no puedo por miedo a hacerle pasar un mal momento. Ya no ruego que vuelva junto a mí, simplemente que reaparezca en mi vida. Ha llegado ese momento fatal en el que la palabra te quiero se me queda corta para definir lo que he llegado a sentir por él. 
- ¿Tienes algo más que decirme? 
+ No. Bueno, no sé...
- Dilo.
+ ... que me muero por decirte cuanto te sigo queriendo. Que me encantaría hacerte el amor todos los días. No te puedes ni imaginar las ganas que tengo de hacer mil cosas contigo. Pero esto no lo diré jamas, a nadie. Y menos a ti. 
- ¿Decir el qué?
+ Que te quiero, que quiero hacer el amor contigo, quiero besarte, regalarte mil besos. Pero no una vez, sino miles de veces, no soltarte ni un segundo. Pero nunca te lo diré, a no ser que me volviera loca. Sólo en ese entonces te lo confesaría, te confesaría cada uno de los sentimientos que guardo.
- Adiós.

Tres de la madrugada. Intento conciliar el sueño, pero por lo que se ve está reñido conmigo. Como siga así amanecerá y yo aún estaré con los ojos abiertos. Recordé que mi amiga estuvo insistiéndome en que viera una película... ¿Cómo se llamaba? No lo recuerdo bien.


¡"La última canción"! Bueno, veamosla, no hay nada mejor que hacer. 

Empieza la peli, chica guapa y borde conoce a chico guapo y simpático, historia de amor ya empezada. No puedo evitar pensar en él, en todos los recuerdos bonitos e incluso en las discusiones. ¿Por qué en las pelis por muy mal que se empiece se suele acabar tan bien? 



Estoy llorando ya, no quiero, aún no estoy ni por la mitad de la reproducción. Aguanto la respiración hasta casi marearme, pero no puedo evitar seguir llorando. Será la maldita película, es un tira y afloja pasando por las de cal y arena, y terminando en cada uno por su lado, hasta que el amor triunfa sobre todas las cosas y todos felices comiendo perdices. 



Enfadada, furiosa, muerta de envidia, cierro la pantalla del ordenador de un golpe. No quiero saber nada de amor.


Me quedo a oscuras, mirando al techo. Pensando en el círculo vicioso en el que estuve metida hasta que él tuvo el coraje de romperlo. Echo de menos nuestro círculo. Echo de menos saber que aunque no nos quisiéramos ni ver, los dos nos preocupábamos por el otro, y que el sentimiento era mutuo. Le echo de menos. 


Vuelvo a abrir el ordenador reconociendo que necesito ocupar mi mente en algo. Pretendo equilibrar la balanza viendo una película sin nada de amor. Difícil, muy difícil. Todo camino en esta vida tiene, aunque sea un sólo instante, amor. Me decanto por "Insidious", que remedio. 


Susto, susto y más susto. Tengo la cabeza tan concentrada en él, que no me doy cuenta de que mi hermano está en la puerta llamándome desde hace rato. Le miro y le abrazo. Le pregunto que le pasa, pero sólo me abraza. Llorando me quedo abrazada a la única personita que es capaz de alegrarme en esos momentos, pero ni él me ha podido sacar una sonrisa. Intento mostrarme lo más fuerte posible mientras le cuento un cuento para que concilie el sueño. Aguanto las lágrimas hasta que se queda dormido en mi hombro, y yo a su lado. Son las cinco y media cuando me despierto y llevo a mi hermano a su dormitorio. 


En cuanto regreso a mi cama caigo rendida ante las sábanas. Empiezo a soñar. Inevitablemente con él...

15 de octubre de 2011

Compartía una taza de chocolate caliente con su madre, acompañado de unas cuantas galletas echas por ella misma esa misma tarde. Las dos sentadas en una mesita en medio del acojedor salón, con todos los pequeños detalles puestos estratégicamente para causar la mejor impresión posible a cualquier huésped que quisiera visitarlas. 

Desde dentro se veía como nevaba, las ventanas empañadas dejaban a la imaginación dibujar el paisaje blanco. Sólo se podía definir claramente el gran abeto con su fuerte y robusto tronco marcado por el paso del tiempo, en el que hace años su padre colocó un columpio con dos sencillas cuerdas y un trozo de madera, pero por muy simple que fuera cuando se sentaba en él seguía recordando las maravillosas tardes de primavera en las que ella y su padre pasaban horas y horas jugando alrededor de aquel viejo árbol que tantas cosas había visto en sus incontables años. 

Pero no todo era felicidad en aquella casa. Ese día era el primer aniversario de la muerte de su padre. Miraba con ansia el bosque, deseando perderse, profundizar en él por unos instantes, escapar de los recuerdos, de las obligaciones que esa casa representaban. No lo soportaba más, cojió una manta, se la echó a los hombros y salió a toda prisa por la puerta. 

Su madre vió como su hija corría como podía através de la nieve sin inmutarse. Dando pequeños sorbos a su pequeña taza de porcelana, sintiendo como el chocolate quemaba su garganta y aguantando las lágrimas en lo más profundo de su ser. 

Perdida entre tantísimos árboles, todos iguales, decidió cambiar de rumbo y cual niña boba dio una vuelta sobre sí misma con los ojos cerrados, cuando paró siguió recto sin pensar. Mientras atravesaba un par de arbustos un fuerte ruido la aturdió, no sabría decir si eran truenos o que el cielo se estaría cayendo sobre ella. Miró a todos lados pero no veía nada fuera de lo común. La curiosidad la consumía y se dejó guiar por su instinto buscando la fuente del estruendo. 

Con los ojos cerrados, una dulce sonrisa en la cara y contoneandose como una bailarina escuchaba cada vez más fuerte ese ruido. Hasta que abrió los ojos y se descubrió ante ella el lugar más precioso y mágico jamás visto. No hubiera podido existir ni en el más maravilloso cuento de hadas. Todo era perfecto. Parecía que el invierno no hubiera pasado jamás por allá. Al fondo del paraje una pared de rocas puestas de forma despreocupada y en medio un camino a través del cual caía una gran cascada de donde procedía el ruido. De ella bajaba un agua clara, limpia, turquesa, echizante. Formaba un maravilloso lago, alrededor del cuál había todo tipo de maravillosos arbustos con frutos desconocidos hasta el momento por ella.

Emocionada y entumecida por el frío no reparó en unos unos ojos que la miraban. La revisaban de arriba abajo, aprovechando cada mirada a ciertas curvas que la manta dejaba ver.

Cuando se dió cuenta de aquella presencia, un fuerte escalofrío recorrió su cuerpo. Su mente le dijo que estaba en peligro, que huyera, pero su cuerpo le forzaba a acercarse a ese ser tan bello.

Al encontrarse a pocos centímetros uno del otro, reparó en lo intenso de sus ojos marrones. Eran de un claro hipnotizante, la absorbieron en una espiral de la que sólo la pudo sacar su rizado pelo negro, brillante por el reflejo de la nieve, moteado por los copos que caían, lo cual le empapaba la cabeza y aumentaba su atractivo. Era alto, de anchos hombros, fuerte, de carnosos labios, cara cuadrada, rasgos marcados y sus ojos… sus ojos eran profundos y mostraban las ansias de contar mil historias, pero sus miradas eran como las de un inocente infante al cual aún le quedaba mucho camino por recorrer… Con una sola de sus miradas podría derretir hasta el más duro corazón.

Pudieron pasar horas mirándose, sin decir ni una sola palabra aunque para ellos fueran segundos escasos hasta que se fundieron en un torrido beso. 

Su aliento les quemaba, las manos de él recorrieron cada lugar de su cuerpo. Él la apretaba contra su cuerpo en un ansiado intento de conseguir ser sólo uno. Y pudieron pasar así días, pero el día se acababa, la noche caía y ella sabía que debía irse.

Juntos, abrazados, sin dejar ni un espacio para que pasara el aire entre ellos, él la acompañó hasta el límite donde acababa el bosque. De nuevo se introdujeron en un mundo en el que sólo existían él y ella y nadie más.

De repente, sonó la voz preocupada de su madre llamándola. E inevitablemente tuvieron que separarse, pero no hizo falta ni un solo gesto ni una sola palabra para saber los dos que al día siguiente se encontrarían en el mismo lugar, en su lugar.





14 de octubre de 2011

Y con un simple "¿Qué tal?" olvidar todo. Borrar cada palabra, cada mirada de odio, cada lágrima derramada, no dejar nada que recordar. Hablar como si de dos desconocidos se tratase, como si nunca hubiese pasado nada entre nosotros. Disfrutar de tu mirada como si la primera vez fuera, mirarte emocionada escuchando atenta cada susurro de tu voz, fijarme en cada movimiento de tu cuerpo, seguir con mis ojos las líneas de tu figura y fantasear con besarte a cada minuto. 


Con un simple "¿Qué tal?"... 



13 ♥

"Ese momento, ese preciso momento en el que los dos nos acercamos tanto que sentimos la respiración del otro, saboreamos cada aliento y en un segundo nuestros labios se inspiran juntos, y es entonces, en ese mismo entonces cuando descubro que nada más importa, que sólo te quiero a ti" 

13 de octubre de 2011

Conozco esa sensacion. Si, la conozco muy bien. Miras a los lados y los ves riendose a carcajadas por cualquier tontería que en su momento te hubieran echo reír a ti. De repente, alguien te mira mientras ríe. Preguntandote con la mirada “¿qué te pasa? ¿por qué no ríes tú también?”, sonríes de la forma menos falsa que puedes intentando enseñar el mayor número de dientes, y aunque sabes que no están satisfechos, se callan y siguen con sus risas. Y no puedes evitar sentir celos porque ellos son felices con lo mas mínimo, ellos no necesitan a nadie para ser felices. Pero tú sí, tú le necesitas a él. Y él no está, ni él ni tu sonrisa.

12 de octubre de 2011

Ódiame. Háblame. Hazme odiarte. Ayúdame. Deséame. Créeme. Quiéreme. Mátame. Siénteme. Rómpeme. Complétame.  Aléjame. Destrúyeme. Miénteme. Hazme sonreír. Olvídame. Abrázame. Hazme olvidarte. Bórrame. Bésame. Bórrate de mi vida. Vete... vuelve.
Desde mi más corta y dura experiencia he llegado a esta sencilla conclusión: No dependas jamás de nadie para ser feliz, aprende a conformarte con lo que tienes, aprende que lo que se fue de tu vida es que nunca mereció la pena, quien se fue y te abandonó jamás te quiso, quien te traicionó jamás te valoró. Si necesitas a alguien para ser feliz asegúrate de que eres necesario en la vida de esa persona, aprende a valorar lo que tienes, aprende a ser feliz con lo que tu mismo te puedes ofrecer, aprende a que aunque te peles las rodillas al caerte debes levantarte siempre y arriesgar, que nunca se acaba, la vida siempre te tendrá preparado algo nuevo. Detrás de cada lagrima tendrás una recompensa. Siempre habrá alguien que te apoye y te ayude, aunque tú no le eches cuenta, aprende a valorar a los que permanecen a tu alrededor.


Y sonríe, sonríe siempre.






- ¿Qué pasa si te enamoras?
+ No me digas qué crees en eso.
- Hablo de amor, no de Papá Noel.

11 de octubre de 2011


- ¿Y por qué él? 
+ Porque es simplemente maravilloso, sabe como hacerte reír con las bromas más sutiles que pudieras imaginar, sabe cómo hacerte sentir con sólo una mirada, sabe cómo robarte el corazón con una de sus tímidas sonrisas, sabe cómo imponerse ante los demás, sabe cómo hacer que se note su presencia con o sin quererlo. Él era siempre el primero que se tragaba su orgullo al verme llorar, él era el primero que me escuchaba cuando nadie me veía, él fue el único que soporto mis malas respuestas y mis pataletas de niña, él fue el único que consiguió que mi mundo brillara a pesar de todo, él se convirtió en mi mundo.
- Pero, él ya no está.
+ Eso es lo irónico. Quiero estar con él aunque sé que estamos mejor lejos el uno del otro.
Y te sientas mientras piensas, ¿cuántos maravillosos momentos habré dejado escapar por él? ¿cuántas maravillosas sonrisas habré dejado de degustar sólo por él? ¿cuántos sentimientos habré dejado de sentir por estar llorando por él? ¿cuántos amores habré perdido sólo por quererle a él?


¡Levántate! Y disfruta cada segundo que te queda por todos aquellos que perdiste por quien no se los merecía.

10 de octubre de 2011





Hoy siento que te necesito más que nunca... y no estás.

Hasta no hace mucho hubiera dado la vida por una de sus miradas, todo lo que soy y lo que fui por hacerle sonreír, hubiera dado el sentido de mi existencia por rozar sus labios un segundo, el cielo por sentir su aliento cerca, hubiera dado lo que me pidiera porque se quedara a mi lado... Hasta no hace mucho él era lo que le daba sentido a mi vida. 

Hoy le vi, sentí como el corazón me explotaba, sentí como los ojos se me anegaban de lágrimas. Sucumbí, no soporté ver cómo se alejaba, como me rehuía la mirada. Y en ese momento, ese momento en el que de casualidad lo ví, mi mundo volvió a brillar por un instante, sentí como la ilusión se formaba, tuve la esperanza de que por un segundo se acercará y me dijera un simple "Hola, ¿qué tal?". Pero no, se fue, desapareció. Y tuve que ver cómo se rompía todo otra vez, todo lo que en tanto tiempo me costó conseguir, esa fortaleza, esas ganas de vivir de nuevo, se rompieron. Pasó el tiempo tan rápido sin verte que hasta el dolor dejó de sentirse, se olvidó, pero tuviste que aparecer como siempre de sorpresa y sin aviso. Como decíamos, el destino. El destino es el que juega con nosotros, no quiere que siga con mi vida, cruza nuestros caminos. Pero seguí adelante, con su imagen grabada en mis retinas y con la cara empapada por el llanto, maldiciendo al destino, controlando mi respiración y mi cuerpo para no rendirme y salir corriendo.

9 de octubre de 2011

Extraño tanto el sentir el amor de una persona, sentir que hago feliz a alguien por el simple echo de robarle un beso sin dar explicaciones, de darle un abrazo por querer sentir su cariño de forma incondicional, simplemente por estar ahí. Echo de menos hablar de nimiedades y no sentir incomodidad al ser una conversación amena; o por el contrario, hablar de forma intensa y defender mi punto de vista y aun recibiendo argumentos que me hagan dudar, mantenerme en mis ideales solo por llevar la contraria y acabar riendo a carcajadas. Echo de menos alguien que me escuche, que aguante mis malos días, que se ría de las tonterías que haga. Extraño alguien que le encante lo infantil que soy en algunos temas y lo seria que me pongo en otros, extraño alguien que me diga lo perfectamente imperfecta que soy. Extraño que me digan la verdad, aún consciente de que me pueda afectar, para no dañarme con la mentira. Extraño que me digan lo linda que soy aun cuando me vea horrenda frente al espejo. Extraño el recibir un beso cada vez que me enfado.
Hace tiempo conocí a una persona así y aunque ya no está a mi lado, tengo bellos recuerdos de largas conversaciones en las que nunca se acababa el temario, y de tantas acciones que tendría que borrar toda mi vida para poder olvidar esos momentos. Y es verdad que extraño a esa persona, pero puede que algún día encuentre a alguien sino igual, parecido.
Y la veo ahí cada día con la mirada perdida, con lágrimas acumuladas en los ojos apretando las manos para no derramarlas, aguantando como puede el torrente de dolor hasta que llega la noche y sufre en sueños, encogida de dolor porque él no está. Le necesita, lo noto. La escucho llamarlo y pedirle ayuda, en silencio, siempre en silencio. Está insegura, no conoce su fortaleza, se ve frágil, no puede más, quiere huir de esa jaula bautizada "Amor". No puedo más, no puedo ver como poco a poco su vida se apaga y pierde el tiempo llorando al recordar, no soporto verla cada día más vacía que el anterior, quiero ayudarla, decirle que no está sola, pero no puedo... En cuanto me acerco para abrazarla desaparece y desorientada la busco por cada rincón, acabo parándome en seco y dándome cuenta de que ella es el recuerdo de lo que en su día fui...
"[...] me visita tu rostro y la vieja pregunta, que ¿por qué después de tanto me duele más que nunca?"

8 de octubre de 2011

No podría decir que te perdí, nunca fuiste mío pero debo reconocer que me gustó que te preocuparas por mi, que a pesar de todo siempre estuvieras ahí.
Soy feliz con mi vida, mientras tú estás siendo feliz con ella, te deseo lo mejor, pero jamás podré evitar desear que lo pagues de la misma manera que yo.
Echada en la cama, viendo la teletienda con la mirada perdida; no podría decir que producto me intentaban meter por los ojos la verdad, recuerdo aquella entrada de uno de los blogs que sigo. "[...] descubrir aquella frase que se me quedó marcada. “Dime amigo: ¿La vida es triste o soy triste yo?”. Se me quedó grabada en la mente. Y pasa el tiempo y en mi mente solo aparece esa frase, ¿cuál sería la respuesta para mi? ¿Era triste mi vida? ¿o simplemente era yo la triste?.
Creo que después de dos horas se encendió mi bombillita y obtuve mi respuesta. Mi vida siempre fue normal con ciertos altibajos como cualquier persona, pero llegó él y mi vida dio un giro de 360º, lo convirtió todo en perfecto. Hasta que se fue, claro está. El hecho de conocer la perfección hizo que cualquier tipo de alegría que viniera después fuera mediocre. Y como ya dije antes, todos sufrimos altibajos, había épocas en las que todo era triste en mi vida, otras simplemente eran... normales, por decirlo de alguna manera. No volví a tener una época que se acercara ni lo más mínimo a aquella perfección.

Sentí rabia, no lo entendía pero me estaba inundando el cuerpo. Estaba claro, rabia hacia mi misma. Yo había hecho de mi vida una tristeza en conjunto, yo había provocado mi propia caída. ¿Y por qué? Porque nunca quise aceptar que se fue, no quise ver que lo único que hacía intentando arreglar todo, insistiendo era destruirme a mi misma y conseguir que él me odiara.
Me incorporo y en la oscuridad voy hacia la ventana. El frío intenso resulta gratificante, me siento atorada. Volví a pensar, ¿qué hubiera pasado si lo nuestro hubiera salido bien? ¿Hubiera experimentado una felicidad absoluta? ¿o tal vez con el tiempo hubiera caído inevitablemente? Nunca lo sabré.
Lo único que está claro en esta historia es que el destino o no se sabe qué no quería que estuviéramos juntos. Pero aunque no esté él, yo he podido crear mi propia felicidad, a pesar de haber pasado tanto tiempo, al final aprendí a ser yo quien elijo lo feliz que soy cada día y que solo dependo de mi misma. Puede que ahora esta situación me lleve a tomar decisiones precipitadas o incorrectas, pero si ya me equivoqué una vez ¿por qué no intentarlo una vez más? Algún día acertaré...





Tenía en la cara un brillo especial, de esos que no se ven todos los días. Era ese brillo que producía la felicidad. Daba gusto verla sonreír a carcajadas, verla mirar hacia el sol mientras cerraba los ojos y dejaba que los rayos impregnaran toda su piel. Rebosaba alegría y juraría que jamás la había visto así. Me hubiera gustado preguntarle porqué ese júbilo, cómo había podido llegar a tal grado de satisfacción. Pero para que sacarla de su burbuja si ya sabía la respuesta. Conociéndola, me diría que ya le había olvidado, que había aprendido a vivir sin amor, que ya no le necesitaba para ser feliz y aunque la pudiera mirar de la forma más incrédula y sabiendo que eso no era cierto, la hubiera dejado disfrutar de su propia mentira.

6 de octubre de 2011

La vida da vueltas, mil vueltas y ves que la inspiración te llega de tus experiencias, de interiorizar tanto cargamento explosivo en un espacio tan escueto. No sé si echo de menos momentos anteriores de mi existencia en la que cada día era pura aventura, nunca sabía cómo terminaría el día y siempre con la ilusión de que él estaría involucrado. Desde que se fue todo está en calma y ciertamente me gusta esta paz, me gusta sentirme tranquila, saber que llegará el final del día y que me acostaré en mi cama con una gran sonrisa, porque el día fue maravillosamente normal y aburrido. Sí, lo echo de menos. Echo de menos la acción, la adrenalina, que aunque sin motivo, recorría en una fuerte descarga todo mi cuerpo al sentir como él agitaba todo el centro de mi mundo... Pero eso se acabó. No sé si alegrarme o enfurecer porque él se fue. Ciertamente, no lo sé...