24 de julio de 2013

Beach.

Como una desesperada tiró de su brazo a través de la abarrotada entrada del bar hasta guiarlo al paseo que llevaba de un lado a otro a los ebrios turistas buscando un pedazo de playa donde sucumbir al alcohol. Persiguiendo su objetivo no se resistió a girarse y profundizar su lengua en la boca de su acompañante; siendo presas de las miradas curiosas de las camareras del bar.
Él la correspondió agarrando sus caderas con las manos y atrayéndola hacia sí, incrementando el fuego que consumía sus órganos desde el primer momento en que le vio en aquel local apenas una hora antes y que no la había permitido tranquilizarse desde entonces. Con su lengua aún paseando por sus labios continuó la marcha persiguiendo el deseo que la atraía como la luz de un faro salvador en una noche de tormenta, agarrándolo bien de la mano como si supiera que al soltarlo escaparía de ella.
Ya en la arena y con el agua rozándole los tobillos comenzó a desvestirle con torpeza, angustiada por el deseo de vislumbrar sus músculos, de apagar la urgencia de sentirse piel con piel, de verse entre sus brazos con las olas y la luna ocultando sus movimientos. Con el definido torso al descubierto le inundó de caricias mientras él le despojaba de su vestido que le impedía desearla con sus firmes manos, que no dudaron en hundir sus dedos en sus nalgas y empujar su pelvis contra el duro miembro que se marcaba en sus pantalones y que le produjo un profundo gemido.
Se inclinó ante él y no soportó que su miembro siguiera preso del vaquero que lo contenía. Lo palpó y precipitadamente lo saboreó de una tacada, engulléndolo con furia, disfrutando con cada espasmo con los que correspondía a sus juegos bucales. Él la acarició con ternura, sujetó su pelo sin poder dejar de deleitarse con cada segundo de placer que ella le regalaba y con su penetrante voz, suavemente le prometió tocar todas y cada una de las estrellas que en aquel momento los observaban.
La tumbó sobre la arena y le abrió las piernas descubriendo sus secretos, con suavidad y sin prisas al mismo tiempo que su bajo vientre se aventuraba a adivinar los próximos acontecimientos arqueando de forma sensual su espalda, mostrando su deseo de ser descubierto. La lengua de su amante exploró sus trémulos muslos, buscando su ardiente vagina que ante la respiración del intruso se estimulaba de forma extremadamente húmeda, hasta que sus labios seguidos de su lengua se dedicaron a taladrar su clítoris abrumando la zona de besos, mordiscos y lenguetadas que hicieron que las estrellas se quedaran lejanas del mundo al que la había transportado con sus caricias.
Sus manos no permanecían tranquilas, recorrían cada palmo de piel de su cuerpo. Las olas quedaban en un segundo plano tras sus gemidos, y la luna se perdía de vista al perder la conciencia con cada estímulo otorgado. Poco a poco recorrió su vientre a besos, reconociendo el terreno de sus pechos con la lengua, mordiendo con ansia sus pezones por el deseo de tenerla.

1 comentario:

  1. Hola!! Tienes un premio en mi blog: http://leerimaginarescribir.blogspot.com.es/
    ¡¡ENHORABUENA!!
    Pasate y ya me dices. Besos.

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