Tranquilo. Si te vas, te sigo; y si me voy, ¿qué harías? No lo sé. Eres tan predecible y, a la vez, tan desconcertante. Nunca sé qué piensas, qué harás, qué secretos querrás decirme. Me gustaría viajar por tus miedos y romperlos con los dientes. Odiarlos por hacer temblar esto, pero no; son necesarios. Quiero que tengas miedo de perderme, quiero que no soportes la idea de verte sin mi, quiero que cuando te despidas de mi sufras como yo y sientas la misma necesidad de amor que yo. Sé que puede resultar egoísta, pero es así. Te quiero para mi. Todo. Quiero tus besos, tus manos, tus despertares y tus roces de pies por la mañana. Quiero que me calles con un beso y que me digas lo bonito que tengo el pelo, aunque después me lo revuelvas, quiero que te metas con mi forma de hablar y que me llames tonta. Pero sólo a mi, siempre a mi. Tengo miedo, y sí, lloro. Pero lloro de felicidad y, a veces, de pena. Lloro por miedo a perderte, por el dolor de no saber amarte como te mereces. Tengo miedo del tiempo y de su efecto, de la distancia y sus kilómetros, pero soy fuerte, tú me haces fuerte. Somos invencibles, mi amor. Si la distancia nos ataca, yo le muerdo y te sigo amando, y si el tiempo me duele, sonrío y corro a buscarte. Pero sólo a ti, al amor de mi vida.
Sí, eres el amor de mi vida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario