Empieza otro ciclo en mi vida, y ya van 20. Empiezo de nuevo con otro número nuevo, un nuevo prefijo y 365 días de los cuales seguramente desperdiciaré la mitad con lágrimas, con comeduras de cabeza, queriendo vivir eternamente hundida la cama... Y es que todos en algún momento de nuestra vida hemos dicho eso de 'Voy a vivir cada día al máximo', pero es imposible cumplirlo. Pasarán los días e iré acumulando momentos, recuerdos y experiencias. Dolores, bajones y cartas escondidas en la memoria para recordar en un futuro todos mis errores. Pero, ¿cómo podríamos vivir sin cometer errores? Personas erróneas; momentos, sentimientos y acciones erróneas. No sabríamos de lo dulce de la felicidad sin llorar por un error. Y bueno, supongo que en esta reflexión siempre cabe un segundo para pensar en todas esas personas que pasaron por mi vida por un segundo, por meses o por años, y que acabaron por irse; quizás porque debía ser así, quizás por un error. Pero por esos errores, por esos segundos dedicados se completaron hoy mis 20 ciclos.
Y a pesar de no gustarme mi cumpleaños, de odiar las falsas felicitaciones de personas a las que no les importo lo más mínimo y de soportar durante todo un año este número que tan representativo ha sido en mi vida, hoy cumplo 20 años y este momento no se volverá a repetir, por suerte o por desgracia. Por lo tanto, esto se merece una sonrisa como mínimo, un golpe en el corazón, un acelerón en mi torrente sanguíneo. O simplemente estas líneas que escribo. Podría extenderme durante horas, pero para qué airear de esa forma el alma, para el resto del mundo es un día más y en parte para mí también.
Y por último, gracias a todos aquellos que soportan mis malos días, que realmente se acuerdan de mí y todas esas cursiladas que se dicen en momentos puntuales de euforia interna. Por lo tanto, me permito una cursilada más, agradezco poder pasar este día con quienes más quiero. Parecerá algo obvio para algunos, pero para otros no es tan normal. Gracias, en resumen.
Felices 20.
25 de febrero de 2014
Felices 20.
23 de febrero de 2014
Memorias de Idhún. La Resistencia.
«—No -suplicó ella-. No, por favor. Quiero volver a verte... -se calló en seguida, consciente de lo que significaban aquellas palabras-. No quiero volver a verte -se corrigió-. Lo que quiero es que no te marches.»
Te deseo.
Te deseo.
Sí, te deseo alguien que te ame.
Alguien que te haga feliz, que,
sin pretenderlo, te haga sonreír en sueños.
Te deseo lágrimas y sufrimiento,
risas y felicidad, te deseo
mentiras y mis recuerdos en
tus despertar.
Te deseo vivir conmigo en tu
subconsciente. Que busques lo
que en mí encontraste y que
ninguna otra podrá darte.
Te deseo días de lluvia interna,
de sequía emocional, de sexo
vacío, y mucho amor no correspondido.
Te deseo un amor que no puedas sentir.
Te deseo tantas cosas, amor.
Y espero que si algún día te olvidas de tu
existencia, recurras a mí.
Pregúntame cuando dudes de ti mismo.
Yo podré contar cómo de revueltos son
tus despertares, tus manías, tus sonrisas,
tus sarcasmos y tus idas y venidas.
Yo querré hablar siempre de ti.
Puedo hablar sobre tu forma de atusarte el pelo,
sobre cómo odias los juegos de palabras.
Podré hablar sobre tus sinsentido.
Y quiero hablar de ti. Respirarte.
Quiero recordar tus paseos por mi piel,
mis besos por las líneas de tu existencia.
Y qué bonito fue soñar a tu lado.
Vivir de deseos y domingos apagados.
Puedo desearte una vida vacía como la mía,
pero también desearé que me recuerdes
como yo te recuerdo.
Quiero que sigas viviendo en mí.
Te odiaré, no lo dudes. Siempre y hasta nunca.
Pero también te deseo de mil formas.
Y te recuerdo. Y te amo.
Y te extraño. Y te respiro.
Pero ya ves, amor. Se acabó nuestro momento.
Quédate con tus mentiras, y con tus fulanas de vida vacía.
No me recuerdes, yo lo haré por los dos.
Búscame cuando te canses de esos orgasmos sin sentido.
Sí, te deseo alguien que te ame.
Alguien que te haga feliz, que,
sin pretenderlo, te haga sonreír en sueños.
Te deseo lágrimas y sufrimiento,
risas y felicidad, te deseo
mentiras y mis recuerdos en
tus despertar.
Te deseo vivir conmigo en tu
subconsciente. Que busques lo
que en mí encontraste y que
ninguna otra podrá darte.
Te deseo días de lluvia interna,
de sequía emocional, de sexo
vacío, y mucho amor no correspondido.
Te deseo un amor que no puedas sentir.
Te deseo tantas cosas, amor.
Y espero que si algún día te olvidas de tu
existencia, recurras a mí.
Pregúntame cuando dudes de ti mismo.
Yo podré contar cómo de revueltos son
tus despertares, tus manías, tus sonrisas,
tus sarcasmos y tus idas y venidas.
Yo querré hablar siempre de ti.
Puedo hablar sobre tu forma de atusarte el pelo,
sobre cómo odias los juegos de palabras.
Podré hablar sobre tus sinsentido.
Y quiero hablar de ti. Respirarte.
Quiero recordar tus paseos por mi piel,
mis besos por las líneas de tu existencia.
Y qué bonito fue soñar a tu lado.
Vivir de deseos y domingos apagados.
Puedo desearte una vida vacía como la mía,
pero también desearé que me recuerdes
como yo te recuerdo.
Quiero que sigas viviendo en mí.
Te odiaré, no lo dudes. Siempre y hasta nunca.
Pero también te deseo de mil formas.
Y te recuerdo. Y te amo.
Y te extraño. Y te respiro.
Pero ya ves, amor. Se acabó nuestro momento.
Quédate con tus mentiras, y con tus fulanas de vida vacía.
No me recuerdes, yo lo haré por los dos.
Búscame cuando te canses de esos orgasmos sin sentido.
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vacío
Estoy bien. Pero no vivo, no disfruto, no siento. Nada acelera mi pulso, nada le da emoción a mi vida. No me siento viva, la monotonía me mata; pero la agradezco. En parte, supongo. Agradezco que se acabaran las noches de insomnio llenas de lágrimas, las horas muertas pensando en tus mentiras, los celos enfermizos por saber que es otra la que te roba los gemidos. Agradezco haber dejado de sentir, pero he llegado al extremo. Ni siquiera nuestra canción me hace enmudecer, ni siquiera ver mi película favorita me hace llorar, nada hace que se me revuelva el estómago; la indiferencia reina en mí. Y es tan agotador tener que fingir que me importa la vida que hay noches en las que quisiera rendirme ante la evidencia de que todo ha perdido aliciente. Todo ha perdido su sabor, los paseos por la playa ya no hacen que se me encoja el alma de placer, los orgasmos ya no saben a nada, el amor dejó de existir en mi vocabulario. Quisiera llorar, quiero llorar, sin más. Derramar lágrimas, sufrir por el final de aquel libro, sonreír por el roce del sol en mi piel, extrañar el verano y amar el invierno. Quiero odiar los sentimientos que despiertas en mí, odiarte, extrañarte, perderme en nuestros recuerdos, enrabietarme por mi inconsciencia. Quiero amar la vida, quiero subidas y bajadas, quiero alguien que me haga enmudecer, reír a carcajadas, morir de la rabia, amar, sentir, gemir; quiero algo que nunca volveré a tener. Me da tanto miedo tener la certeza de que esa clase de amor sólo ocurre una vez en la vida. Quizás deba cambiar mi forma de ver el amor, quizás deba asumir que nada es para siempre y eso es lo que lo hace tan especial. Vivir el momento, exprimir cada sentimiento consciente de que el fin llegará en cualquier instante. Pero realmente no estoy dispuesta, no permitiré volver a dejar que nazcan sentimientos en mí, no quiero volver a tener que decir adiós forzosamente, tener que aceptar que ya nadie me despertará a besos, no estoy dispuesta a volver a vivir hundida en un infierno demasiado grande, volver a sentir como me rompo por completo. No estoy dispuesta a volver a recomponerme, pero seguir vacía y tan muerta. Como ahora.
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