25 de junio de 2015

Hola.

Siento que es el momento.
Aquí te dejo mi carta de despedida.
A ti, que amaste con locura y que nunca supiste quererte a ti misma. A ti que siempre pusiste a esa persona por delante de cualquiera, incluso delante de ti.
Tú que caíste en lo más hondo y superaste mil rupturas, demasiadas idas y venidas, demasiadas mentiras y lágrimas. A ti que nunca supieron quererte como merecías.
Hoy te digo adiós. Esta es mi carta de despedida a la persona que un día fui. Esa persona aniñada y demasiado adulta para ciertas cosas, enamorada y ciega, malhumorada, cruel y débil que creía en el amor. A ti te digo adiós.
Hoy quiero empezar de nuevo. No quiero olvidarte, eso jamás. Siempre serás una parte de mí, y te estoy agradecida por hacerme ser quien soy hoy. Por hacerme mejor.
Vete, esto se acabó. Quiero crecer. Quiero ver mundo, querer a otras personas y dejar que me quieran. Quiero quererme. Amarme, incluso.
Han sido muchos años juntas, quizás demasiados. Hoy dejo a un lado mis sentimientos y emociones para decidir qué hacer conmigo misma. Y he decidido acabar con esto. Contigo, porque me dueles.
No te culpo por amar demasiado, yo también volveré a enamorarme. Pero tú no sabes decir adiós y estoy cansada y dolorida. No quiero más.
Hoy empiezo de nuevo.
Adiós a la que un día fui, y hola a la que voy a ser.
Ha habido tantas veces en las que he dicho adiós que ya ni me creo cuando lo digo.
Y si esta vez es de verdad, es porque tú lo has decidido.
Te quise, y te quiero. Y, por desgracia, siempre te querré. Pero adiós, amor.
Te has ido, como tantas otras veces, pero esta vez es real. Lo siento en mi interior. Algo me dice que se acabó.
He intentado quererte como pedías, nunca quise cortarte las alas; pero ya nada ha sido suficiente. Y cómo duele.
Volveré a verte, y sé que en mi interior querré huir, no saber que hay otras tantas en tu cama y en tu vida. Y en mí sigues tú, sólo tú.
No querré a nadie como te he querido a ti, y supongo que eso es lo mejor; no quiero volver a querer de esta forma tan intensa y extrema.
Quiero creer que el tiempo te alejará de mi memoria como ya lo hizo una vez, te irás de mi cabeza; pero te habrás ido llevándote mi capacidad de amar.
Y no te odio, ni te guardo rencor. Te lo prometo. Como te prometí quererte siempre y estar cuando me necesites.
Y si estoy aquí escribiendo todo este dolor, es porque no se ha ido aunque finja que nada me duele.
Siempre te encantó que escribiera para y por ti, eso no cambiará; pero tú no leerás nada. No sabrás que aún te quiero.
No sé por dónde empezar a olvidarte, no sé con quién intentarlo.
Y duele. Duele demasiado.
¿Cómo lo haces? ¿Cómo me has borrado tan fácilmente de tu vida? Te envidio.
Envidio tu manera de seguir adelante, de no sentir, de olvidar.
Pero no te odio. Ya no.

Adiós, amor.

12 de junio de 2015

Hasta nunca

Dolerá, dolerá siempre.
Pero es mejor así.

Quise hacerte feliz,
pero amor, mi felicidad va primero.

Sabe la vida que lo he intentado.
He querido quererte.

Y adiós.
No puedo hacer más por esto.

Adiós.

11 de junio de 2015

O no me quieras.

Todos creemos saber lo que merecemos.
Pero nunca nos damos a valer.

Tú crees que sabes querer, 
pero romper se te da mejor.

Y no hay nada que duela más
que recoger tus pedazos rotos.

Ver cómo ya no hay hueco en la piel
para más cicatrices.

Quiero que me quieras.
No necesito que sea mucho.

Quiéreme bien. 


7 de junio de 2015

Again.

Vienes y vas,
llegas y plantas sentimientos.
Creas ilusiones, de esas que curan un corazón roto.

Me haces bailar, y suenan mis pedazos.
Me haces reír y me muero de miedo.

No te vayas.
Aunque no sé si quiero que te quedes.
Eres horrible.
Mis monstruos te temen.

Si vuelves a hacerme daño,
haz que merezca la pena.