23 de mayo de 2013

Te odio.

Y dime, ¿qué hago yo con tanto pedazo roto? Inconsciente de lo que quiero. Te quiero aquí, abrumadoramente lejos de mí.
No te comprendo, no me entiendo. Ni te marchas ni permaneces, ni me amas ni me liberas. Vete, ya no quiero amarte nunca más. No te pierdas, sé consciente. Siempre te conservaré para mí, sólo para mí. Cada vez que alguien hable de amor, pensaré en ti y en cuanto te odio. Y sonreiré por cada momento que guardo.
Porque te odio, profundamente. Odio tu hilera perfecta de dientes, la jaula que forman tus manos, tus profundos ojos llenos de tenacidad. Te odio y eres consciente. Te odio más que a nada en esta atmósfera. Te odio tan intensamente que sólo puedo llegar a desearte. Te odio por los dos, porque tú no me odias. Ni me sientes. Tú no padeces nada, por eso te odio. Quiero llenar ese hueco que dejaron tus prófugos sentimientos.
Te odio. Prometo que siempre te odiaré, mi amor.