Nadie dijo que los principios fueran a ser fáciles, tampoco hablaron de la manera en que tu pasado condiciona el resto de tu vida.
Las dudas, las lágrimas, los gritos, los celos. Demasiado humano para poder evitarlo.
Creí demasiado en mi pasado, di demasiado por nada. Me aferré a demasiadas palabras vacías, creí en demasiadas mentiras. Y seguramente, de ahí mi obsesión por la verdad. Por la transparencia. Por la confianza. El temor a las promesas, al puto amor. Y se me hace imposible no salir corriendo cuando veo que todo empieza de nuevo. Me aterra ver esa pizca de ilusión, saber que todo puede volver a romperme.
Por desgracia, todo volvió a empezar. El nudo en la garganta habla, grita y acierta. Y quizás sea demasiado tarde para salir corriendo.
24 de abril de 2014
8 de abril de 2014
Adiós.
Adiós.
Por y para siempre. Sé que me has visto decir y escribir mil veces esto. Sé que me he despedido cientos de veces de ti, y siempre he acabado volviendo. Pero no. Esta vez no. Lo sé. Y lo sé porque has encontrado a alguien que te hace feliz, que te ha vuelto a enamorar. No sé si lo recuerdas, pero te dije que pasara lo que pasase siempre me alegraría por ti. Siempre supe que serías tú el primero en volver a encontrar el amor.
Eres de esos que dejan huella, no hay duda. Sino no entiendo qué hago escribiéndote esta carta de despedida o nota de suicidio sentimental a las tantas de la madrugada. Quiero que seas feliz, quiero pasar página. Quiero cerrar este libro, mandar un beso al aire y salir corriendo.
Adiós, amor. Me hiciste demasiado feliz. Gracias por todo.
Por y para siempre. Sé que me has visto decir y escribir mil veces esto. Sé que me he despedido cientos de veces de ti, y siempre he acabado volviendo. Pero no. Esta vez no. Lo sé. Y lo sé porque has encontrado a alguien que te hace feliz, que te ha vuelto a enamorar. No sé si lo recuerdas, pero te dije que pasara lo que pasase siempre me alegraría por ti. Siempre supe que serías tú el primero en volver a encontrar el amor.
Eres de esos que dejan huella, no hay duda. Sino no entiendo qué hago escribiéndote esta carta de despedida o nota de suicidio sentimental a las tantas de la madrugada. Quiero que seas feliz, quiero pasar página. Quiero cerrar este libro, mandar un beso al aire y salir corriendo.
Adiós, amor. Me hiciste demasiado feliz. Gracias por todo.
Una de tantas decepciones. Una más a esa larga lista de mentiras, pero no es una cualquiera. Es la gota que colma el vaso, el último gemido antes de saber que vas a irte nada más acabar. Es la mariposa que provoca catástrofes con el batir de sus alas en la otra punta del mundo. El último adiós, el de verdad.
Mi paciencia inexistente, y nada que me ate a seguir creyendo en la humanidad. El amor es un invento humano, y el humano es mentiroso por naturaleza.
Nunca se me dio bien atar cabos, pero cuan atada estaba a tus entrañas. Te quería, sabes que te quise con toda mi alma. Y te preguntarás qué tendrá que ver esto con las mentiras. Todo. Tú estás compuesto por mentiras. Y yo te quise, y... no hace falta que explique nada más.
Qué tendrán que ver tus palabras con mis desaires. Aunque ya no me importes, sigo haciendo café para dos. Sigo poniéndome esas camisetas cortas para dormir como si fueras a venir a darme las buenas noches. Sigo recordando el olor de aquella colonia que te regalé.
Desvarío, ya ves.
Pero nada queda, lo rompiste todo. Con tus mentiras. Y quizás yo también terminé de romperlo queriendo creerte. Y, todo acaba igual que empieza, con mentiras.
Mi paciencia inexistente, y nada que me ate a seguir creyendo en la humanidad. El amor es un invento humano, y el humano es mentiroso por naturaleza.
Nunca se me dio bien atar cabos, pero cuan atada estaba a tus entrañas. Te quería, sabes que te quise con toda mi alma. Y te preguntarás qué tendrá que ver esto con las mentiras. Todo. Tú estás compuesto por mentiras. Y yo te quise, y... no hace falta que explique nada más.
Qué tendrán que ver tus palabras con mis desaires. Aunque ya no me importes, sigo haciendo café para dos. Sigo poniéndome esas camisetas cortas para dormir como si fueras a venir a darme las buenas noches. Sigo recordando el olor de aquella colonia que te regalé.
Desvarío, ya ves.
Pero nada queda, lo rompiste todo. Con tus mentiras. Y quizás yo también terminé de romperlo queriendo creerte. Y, todo acaba igual que empieza, con mentiras.
7 de abril de 2014
Mi entrepierna guarda en su memoria la marca de tus dientes, mi obligo aún piensa en tu frente. Y quizás yo extrañe tus mentiras después de que me la metieras.
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