22 de agosto de 2016

ANSIEDAD

Todo empieza con una tormenta de pensamientos. Todos sin sentido, todos conectados e independientes a la vez. Uno desencadena otros diez, y tu cerebro colapsa.

Y llega el nudo en el estómago. La flojera en las extremidades. Todo se vuelve borroso. Y notas que algo te bloque la garganta.

No hay aire.

Todo cae al suelo. No hay fuerzas para nada, sólo para pensar. Ahogo. Ayuda. Socorro. No puedes articular palabra. Cada vez menos aire. Boqueas como un estúpido pez fuera del agua intentando salvarse. Pero no puedes, nadie puede.

Es tu cerebro. Vas a mil pensamientos por segundo. Pensamientos que te aprietan. Y ahogan.

Hiperventilación.

Angustia.

Lágrimas. Lloras por angustia, porque no hay aire. Todo te hace daño. Todo se te cae encima. Y hasta el poco aire que encuentras duele.

Y caes. No sabes dónde estás.

Y no puedes más. Llega el punto sin retorno. O te salvas, o rezas para que alguien sepa como salvarte.

"Por favor, para. Respira. Cuenta hasta diez. Controla el pulso". Dice esa vocecilla con instinto de supervivencia dentro de ti.

Uno. Dos. Tres. Cuatro. Y vuelve a suceder. No hay aire.

Y así pueden pasar los minutos como horas. Hasta que todo se calma. Todo para. Algo ha hecho que se abran las vías y que pase el aire a los pulmones.

Pero caes rendida. Ha sido una dura batalla contra eso que llaman ansiedad. Has perdido el control. Y ya vas a vivir con el miedo constante de que, en cualquier lugar, momento y por quién sabe qué mísero motivo; vuelva a repetirse toda esta guerra contra uno mismo.

31 de julio de 2016

Déjame en paz

Ha pasado ya poco más de un año. Y yo sigo aquí, esperando sentada en el mismo lugar donde te grité que te fueras. Y tú me hiciste caso. Te fuiste y seguiste con tu vida.
Te envidio.
Yo no puedo. No sé cómo hacerlo. Ya no sé ni cómo explicar todo esto que me consume. Mis palabras ya no valen nada.
Quiero que desaparezcas. Vete lejos, muy lejos y no vuelvas nunca. Todo va tan bien cuando tú no estás.
Me has destrozado. Me has convertido en un cúmulo de miedos y depresiones. Me has hecho fuerte por fuera, tengo una coraza que sólo tú sabes romper. Pero por dentro, por dentro soy hielo derretido por la ira.
Tengo tanta rabia. Me das rabia. Ira. Odio. No te soporto. Te odio. Odio que vuelvas. Odio tener que matarme por dentro para ser fuerte. Odio tener que apretarme fuerte el alma cada vez que escribes un "¿nos vemos?".
- No, no nos vemos.
- ¿No quieres ir a tomar algo?
- No, no quiero nada (yo sólo quería despertar contigo cada día, cincuenta veranos después. Tener hijos, ir al parque, enfadarme contigo y follar como locos).
Pero esto no te lo puedo decir. Lo pienso. Y pienso en que sí lo acabarás haciendo. Pero con ella.
Te amé. Y tú decidiste. Ahora, déjame en paz.

13 de marzo de 2016

Me voy a dar una oportunidad.

Quizás me estoy empezando a valorar.
Así lo llaman, ¿no?
Valorarse.
Darse valor.
Darse a valer.
Es eso, creo.
Me estoy dando a valer por encima de mis traumas.
Me empiezo a querer.
Me quiero.
Me quiero con mi nariz rara.
Me quiero con mis rollitos en las caderas.
Me quiero con mis muslos repletos de amor.
Pero me quiero.
Tengo defectos.
Y los adoro.
Adoro mi mal despertar,
mis caprichos.
Adoro ser inestable y
ser una enamorada del amor.
Amo amar.
Amo el amor.
Y amo todo lo que tenga algo de amor.
Amo tus mentiras.
Amo tus "te quiero, pero hoy me apetece estar entre las piernas de otra".
Amo tu orgullo.
Pero que ame todas esas mierdas,
no significa que te quiera en mi vida.
Porque me valoro.
Y aunque sigo sintiendo que eres el amor de mi vida.
Mi primer amor.
Mi amor imposible.
No te quiero aquí.
Te quiero, y te quiero lejos.
Porque tengo suficiente conmigo.
Hoy me quiero.
Hoy no, hace ya bastante que estoy sintiendo esto.
Estoy conociendo a alguien.
Alguien que sé con total certeza
estará el resto de mis días conmigo.
Sin faltar ni uno sólo.
Soy yo.
Me estoy enamorando de mí misma.
De mis defectos y
mis mierdas de niña chica.
Y no me cambiaría por nadie.