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6 de marzo de 2014

Y es algo tan mío, algo que está aún muy anclado dentro de mí. Inamovible, imperturbable, displicente y muy doloroso. Algo que es tuyo. Tu sonrisa, quizás, tu mirada, o simplemente el recuerdo de tu odio. 

Y todo vuelve, ya me lo dijiste una vez. Eres mi demonio, mi insomnio de cada madrugada, mi protagonista en cada libro que leo, el cantante de mis canciones y, seguramente, el amante de mis noches más vacías. Pero tú de eso no sabes nada, tampoco hace falta que lo sepas.

Y volviste, a ser mi fantasma de aquella vida pasada, vida que sigue siendo tuya. Sigo siendo tuya, por desgracia. Pero no te echo de menos, qué contradictorio, ¿verdad? Pero es totalmente cierto, amor. No te extraño, porque no es a ti a quien quise, no eres tú de quien me enamoré. Tú eres las ruinas de una persona que yo destrocé, a la que yo hice mártir de mis penas, alguien que ya no reconozco. Pero quedan de aquel la luz en tus ojos, seguramente sea por eso que no me atrevo a mirarte. Queda en ti la calidez en la sonrisa de quien un día amé. Y aún amo, para qué negarlo. Pero ya no duele, o eso creo. Lo peor es acabar por acostumbrarte al dolor. Prefiero creerlo así, sentirte lejos, distante, frío, olvidadizo y tan oscuro y doloroso que ni el abismo de tus sentimientos podría atraerme. Porque es cierto, amor, y lo sabes. Soy amante de los abismos, de los imposibles, de tus recuerdos, y siempre de ti y de tus mil formas. 

Pero adiós, amor. Ya no tiene sentido.

23 de febrero de 2014

Te deseo.

Te deseo.
Sí, te deseo alguien que te ame.
Alguien que te haga feliz, que,
sin pretenderlo, te haga sonreír en sueños.

Te deseo lágrimas y sufrimiento,
risas y felicidad, te deseo
mentiras y mis recuerdos en
tus despertar.

Te deseo vivir conmigo en tu
subconsciente. Que busques lo
que en mí encontraste y que
ninguna otra podrá darte.

Te deseo días de lluvia interna,
de sequía emocional, de sexo
vacío, y mucho amor no correspondido.
Te deseo un amor que no puedas sentir.

Te deseo tantas cosas, amor.
Y espero que si algún día te olvidas de tu
existencia, recurras a mí.
Pregúntame cuando dudes de ti mismo.

Yo podré contar cómo de revueltos son
tus despertares, tus manías, tus sonrisas,
tus sarcasmos y tus idas y venidas.
Yo querré hablar siempre de ti.

Puedo hablar sobre tu forma de atusarte el pelo,
sobre cómo odias los juegos de palabras.
Podré hablar sobre tus sinsentido.
Y quiero hablar de ti. Respirarte.

Quiero recordar tus paseos por mi piel,
mis besos por las líneas de tu existencia.
Y qué bonito fue soñar a tu lado.
Vivir de deseos y domingos apagados.

Puedo desearte una vida vacía como la mía,
pero también desearé que me recuerdes
como yo te recuerdo.
Quiero que sigas viviendo en mí.

Te odiaré, no lo dudes. Siempre y hasta nunca.
Pero también te deseo de mil formas.
Y te recuerdo. Y te amo.
Y te extraño. Y te respiro.

Pero ya ves, amor. Se acabó nuestro momento.
Quédate con tus mentiras, y con tus fulanas de vida vacía.
No me recuerdes, yo lo haré por los dos.
Búscame cuando te canses de esos orgasmos sin sentido.
Estoy bien. Pero no vivo, no disfruto, no siento. Nada acelera mi pulso, nada le da emoción a mi vida. No me siento viva, la monotonía me mata; pero la agradezco. En parte, supongo. Agradezco que se acabaran las noches de insomnio llenas de lágrimas, las horas muertas pensando en tus mentiras, los celos enfermizos por saber que es otra la que te roba los gemidos. Agradezco haber dejado de sentir, pero he llegado al extremo. Ni siquiera nuestra canción me hace enmudecer, ni siquiera ver mi película favorita me hace llorar, nada hace que se me revuelva el estómago; la indiferencia reina en mí. Y es tan agotador tener que fingir que me importa la vida que hay noches en las que quisiera rendirme ante la evidencia de que todo ha perdido aliciente. Todo ha perdido su sabor, los paseos por la playa ya no hacen que se me encoja el alma de placer, los orgasmos ya no saben a nada, el amor dejó de existir en mi vocabulario. Quisiera llorar, quiero llorar, sin más. Derramar lágrimas, sufrir por el final de aquel libro, sonreír por el roce del sol en mi piel, extrañar el verano y amar el invierno. Quiero odiar los sentimientos que despiertas en mí, odiarte, extrañarte, perderme en nuestros recuerdos, enrabietarme por mi inconsciencia. Quiero amar la vida, quiero subidas y bajadas, quiero alguien que me haga enmudecer, reír a carcajadas, morir de la rabia, amar, sentir, gemir; quiero algo que nunca volveré a tener. Me da tanto miedo tener la certeza de que esa clase de amor sólo ocurre una vez en la vida. Quizás deba cambiar mi forma de ver el amor, quizás deba asumir que nada es para siempre y eso es lo que lo hace tan especial. Vivir el momento, exprimir cada sentimiento consciente de que el fin llegará en cualquier instante. Pero realmente no estoy dispuesta, no permitiré volver a dejar que nazcan sentimientos en mí, no quiero volver a tener que decir adiós forzosamente, tener que aceptar que ya nadie me despertará a besos, no estoy dispuesta a volver a vivir hundida en un infierno demasiado grande, volver a sentir como me rompo por completo. No estoy dispuesta a volver a recomponerme, pero seguir vacía y tan muerta. Como ahora.

7 de diciembre de 2013

Y la vida sigue, sin ti, sin nada ni nadie que me diga a dónde debo dirigirme. Pero quizás ese sea el verdadero logro; hacer tu camino por ti mismo, luchar por cada paso que des adelante, evitar retroceder, no mirar atrás, romper las piedras del camino, disfrutar de los buenos recuerdos y guardar los malos en aquella caja al fondo del cajón.

Pero a pesar de mi avance, aún me quedan fotos pendientes con tu sonrisa, fotos donde queden guardados segundos de felicidad a gran escala; canciones por escuchar a tu lado, discutir por el lado de la cama, el tuyo siempre será el derecho. Y qué bonito fue quererte y dejar que me quisieras; a pesar de que ya no pretendo tenerte, te quise más de lo que el Sol ama a la Luna. Te deseé, te necesité, te amé tan desesperadamente que hasta dolía; pero era un dolor tan dulce y gratificante que hubiera muerto mil veces porque me hubieses vuelto a doler de aquella extraña manera.

Sé que siempre dolerás, amor; sé que, en el fondo, siempre te querré, amor; sé que te he olvidado, mi amor; pero nunca dudes que en el fondo de aquel odioso cajón tengo guardados aquellos maravillosos segundos de felicidad a tu lado.

21 de noviembre de 2013

Supongo que no fui capaz de escribirte. Aún me da miedo darte vida con mis palabras. Supongo que aún soy demasiado cobarde como para afrontar que sigues siendo el amor de mi vida, o quizás no. Todo sea que soy una idiota con afán de heroína, intentando salvar el amor de alguien que me mató en su memoria hace tiempo. Pero, ¿qué puedo hacer? Soy así. Soy ingenua, ilusa, llena de esperanzas sin sentido, amante del desamor y ciertamente incomprendida en esto de los sentimientos.

Paulo Coelho

"Dicen que a lo largo de nuestra vida tenemos dos grandes amores: uno con el que te casas o vives para siempre, puede ser el padre o la madre de tus hijos…Esa persona con la que consigues la compenetración máxima para estar el resto de tu vida junto a ella.

Y dicen que hay siempre, un segundo amor una persona que perderás siempre, alguien con quién naciste conectado, tan conectado que las fuerzas de la química escapan de la razón y te impedirán siempre, alcanzar un final feliz.

Hasta que cierto día dejarás de intentarlo…Te rendirás y buscarás a esa otra persona que acabarás encontrando, pero te aseguro que no pasarás ni una sola noche, sin necesitar otra beso suyo o tan siquiera discutir una vez más.

Ya sabes de quién que estoy hablando, porque mientras estabas leyendo esto, te ha venido un nombre a la cabeza. Te librarás de él o de ella, dejarás de sufrir, conseguirás encontrar la paz (será sustituido por la calma), pero te aseguro que no pasará ni un solo día en que desearás que este aquí para perturbarte.

Porque a veces se desprende más energía discutiendo, con alguien a quien amas, que haciendo el amor con alguien al que aprecias.”

Me encanta.

"Cuando sepas de mí, tú disimula. No les cuentes que me conociste, ni que estuvimos juntos, no les expliques lo que yo fui para ti, ni lo que habríamos sido de no ser por los dos. Primero, porque jamás te creerían. Pensarán que exageras, que se te fue la mano con la medicación, que nada ni nadie pudo haber sido tan verdad ni tan cierto. Te tomarán por loca, se reirán de tu pena y te empujarán a seguir, que es la forma que tienen los demás de hacernos olvidar.

Cuando sepas de mí, tú calla y sonríe, jamás preguntes qué tal. Si me fue mal, ya se ocuparán de que te llegue. Y con todo lujo de detalles. Ya verás. Poco a poco, irán naufragando restos de mi historia contra la orilla de tu nueva vida, pedazos de recuerdos varados en la única playa del mundo sobre la que ya nunca más saldrá el sol. Y si me fue bien, tampoco tardarás mucho en enterarte, no te preocupes. Intentarán ensombrecer tu alegría echando mis supuestos éxitos como alcohol para tus heridas, y no dudarán en arrojártelo a quemarropa. Pero de nuevo te vendrá todo como a destiempo, inconexo y mal.
Qué sabrán ellos de tu alegría. Yo, que la he tenido entre mis manos y que la pude tutear como quien tutea a la felicidad, quizás. Pero ellos... nah.

A lo que iba.

Nadie puede imaginar lo que sentirás cuando sepas de mí. Nadie puede ni debe, hazme caso. Sentirás el dolor de esa ecuación que creímos resuelta, por ser incapaz de despejarla hasta el final. Sentirás el incordio de esa pregunta que jamás supo cerrar su signo de interrogación. Sentirás un qué hubiera pasado si. Y sobre todo, sentirás que algo entre nosotros continuó creciendo incluso cuando nos separamos. Un algo tan grande como el vacío que dejamos al volver a ser dos. Un algo tan pequeño como el espacio que un sí le acaba siempre cediendo a un no.

Pero tú aguanta. Resiste. Hazte el favor. Háznoslo a los dos. Que no se te note. Que nadie descubra esos ojos tuyos subrayados con agua y sal.

Eso sí, cuando sepas de mí, intenta no dar portazo a mis recuerdos. Piensa que llevarán días, meses o puede que incluso años vagando y mendigando por ahí, abrazándose a cualquier excusa para poder pronunciarse, a la espera de que alguien los acogiese, los escuchase y les diese calor. Son aquellos recuerdos que fabricamos juntos, con las mismas manos con las que construimos un futuro que jamás fue, son esas anécdotas estúpidas que sólo nos hacen gracia a ti y a mí, escritas en un idioma que ya nadie practica, otra lengua muerta a manos de un paladar exquisito.

Dales cobijo. Préstales algo, cualquier cosa, aunque sólo sea tu atención.

Porque si algún día sabes de mí, eso significará muchas cosas. La primera, que por mucho que lo intenté, no me pude ir tan lejos de ti como yo quería. La segunda, que por mucho que lo deseaste, tú tampoco pudiste quedarte tan cerca de donde alguna vez fuimos feliz. Sí, feliz. La tercera, que tu mundo y el mío siguen con pronóstico estable dentro de la gravedad. Y la cuarta, -por hacer la lista finita-, que cualquier resta es en realidad una suma disfrazada de cero, una vuelta a cualquier sitio menos al lugar del que se partió.

Nada de todo esto debería turbar ni alterar tu existencia el día que sepas de mí. Nada de todo esto debería dejarte mal. Piensa que tú y yo pudimos con todo. Piensa que todo se pudo y todo se tuvo, hasta el final.

A partir de ahora, tú tranquila, que yo estaré bien. Me conformo con que algún día sepas de mí, me conformo con que alguien vuelva a morderte de alegría, me basta con saber que algún día mi nombre volverá a rozar tus oídos y a entornar tus labios. Esos que ahora abres ante cualquiera que cuente cosas sobre mí.

Por eso, cuando sepas de mí, no seas tonta y disimula. Haz ver que me olvidas. Y me acabarás olvidando. De verdad."

23 de mayo de 2013

Te odio.

Y dime, ¿qué hago yo con tanto pedazo roto? Inconsciente de lo que quiero. Te quiero aquí, abrumadoramente lejos de mí.
No te comprendo, no me entiendo. Ni te marchas ni permaneces, ni me amas ni me liberas. Vete, ya no quiero amarte nunca más. No te pierdas, sé consciente. Siempre te conservaré para mí, sólo para mí. Cada vez que alguien hable de amor, pensaré en ti y en cuanto te odio. Y sonreiré por cada momento que guardo.
Porque te odio, profundamente. Odio tu hilera perfecta de dientes, la jaula que forman tus manos, tus profundos ojos llenos de tenacidad. Te odio y eres consciente. Te odio más que a nada en esta atmósfera. Te odio tan intensamente que sólo puedo llegar a desearte. Te odio por los dos, porque tú no me odias. Ni me sientes. Tú no padeces nada, por eso te odio. Quiero llenar ese hueco que dejaron tus prófugos sentimientos.
Te odio. Prometo que siempre te odiaré, mi amor.

6 de abril de 2013

Ellos dos se amaban en secreto. Era su secreto, sólo de ellos dos.
Besos a escondidas, sin fotos para recordar por las noches,
sin tardes de paseos por las calles ni una fecha que les recuerde.
Y que triste fue aquel 'adiós' que tan común se había vuelto.

Él ya no ocuparía aquel sitio en su cama y ella no volvería a dejar de
llorar por lo que su imaginación no pudo cumplir. Y que triste fue aquel beso,
y que doloroso fue no saber si realmente sería el último.
¿Quién secaría sus lágrimas ahora que él ya no estaba?

Sus caminos ya no conducían al mismo destino, aquellos planes de futuro
se rompieron en pedazos. Y que triste fue sentir que su corazón ya no tenía
un sentido para latir. Sus caricias ya no estaban dedicadas y cada frase
ya no tenía destinatario.

Otros brazos curarían el dolor, otro cuerpo recibiría el amor que era sólo
de ellos dos. Y que triste fue saber que todo se había perdido, saber
que realmente él ya no volvería aquella vez. Y que triste fue saber que
aquel 'adiós' dejó de ser un 'hasta pronto'.

25 de febrero de 2013

Piso tus huellas justo detrás de ti, exactas y frías. Nunca quise perderme, siempre quise ir a tu lado, acompañar tus pasos con los míos, mis manos con tus dedos y tus labios con mis besos. Nunca quise dejar de merecer tus sonrisas y aunque ya sé que las perdí, no las olvido. No quiero olvidarlas. Son ese tipo de recuerdos que duran años, que en el último suspiro de tu vida aparecen ante ti y te hacen feliz, otra vez. Otra vez y siempre. Como tú. Siempre tú. Siempre supiste hacerme feliz, hasta enfadada, hasta odiándote, hasta llorando me hacías feliz. ¿Qué más da ya? ¿Verdad? Ya se acabó, cariño. Pero, ¿qué importa? Fui muy feliz y gracias, nunca olvidaré todo lo que hiciste por mí. ¿Lo superé? ¿Quién sabe? Yo tampoco, y no quiero pensarlo. Porque si lo pienso te recuerdo y no quiero. Ya lo evito, te evito cuando vivo y hasta cuando respiro, pero parece que mis pasos siguen unidos a los tuyos. ¿Por qué? No lo sé, nadie lo sabe. ¿Qué más da? Nadie lo entiende. Nadie entiende que tus labios encajan en cada curva de mi espalda a la perfección, nadie entiende que aunque se acabó, nunca terminó de hacerlo. ¿Qué más da que ni siquiera nosotros lo entendamos? Mis huellas siguen unidas a las tuyas, ya lo sabes. Me buscas y te busco, es inevitable. Que cuando yo no quiero que me encuentres, lo haces; y cuando quiero que lo hagas, no apareces. Y es nuestro juego, amor. Somos dos idiotas con un pasado enamorado. Y ya no. Ya lo sabes. ¿Qué más da? Nadie lo entiende, ¿y qué? Mis huellas están unidas a las tuyas y así será hasta... no sé hasta cuando; pero algún día esto se acabará de verdad. 

24 de enero de 2013

Observa, pequeña, el efecto del tiempo.
Él no quiso estar y nada puedes hacer. 
Levanta la mirada, quema esas lágrimas
que, aunque duelan, pasarán. 
Nada quedará, bonitos recuerdos de aquel tiempo.
Y entre el tic tac del reloj, yo me desprendo 
de aquellos recuerdos. 
Quizás quise mentirme, quizás quise convencerme.
Puede que nunca llegue otro amor como aquel
que un día se fue. ¿Qué importa? Ya lo viví, 
¿y sabes qué? Puedo morir en paz, porque amé, 
amé hasta doler, hasta morirme de amor por él. 

21 de enero de 2013


Nunca nadie quiso ver lo que había más allá de tanta sonrisa. Nadie supo abrazar todo ese miedo que ella desprendía. Ni ella misma sabía qué hacer con tanto amor desacompasado.
Quizás no fue su momento o quizás, simplemente, tal y como ella pensaba, no estaba hecha para ser amada. Sólo para amar. Ella había querido, había jugado al amor; pero amar, sólo había amado una vez. Fue una de esas veces en las que tu alma ya no te pertenece. Le entregas todo a la otra persona, cada lágrima, cada respiración deja de ser tuya. Hasta tu existencia pasa a formar parte de él. Ella amó de la única forma que se podía amar, locamente. Irracional. Descontrolada. Lujuriosamente. Con cada célula que formaba su cuerpo. Sincronizó cada pensamiento manteniendo el ritmo con su corazón para que mente y alma coincidieran. Él era su dueño. Todo se lo debía, cada sonrisa, cada sentimiento, cada amanecer. Ella sería siempre de él.
Sabía que se iría, siempre lo supo. Él era demasiado libre, demasiado perfecto para ella. Ella siempre pensó que no le merecía. Siempre supo que acabaría dándose cuenta y se iría. Y no falló. Se fue. Se quedó rota, no quedó nada de ella, nada de esa alegría, nada. No quedó ni una lágrima que derramar. Todo se volvió negro, los días pasaban con el propósito de seguir adelante. Ella siempre le esperaría, aunque sabía que nunca volvería. Ella le amaba de la única forma que se podía amar. Eternamente. Para siempre. Como aman los locos, con cada parte de su existencia. Ella le dedicaba cada lágrima, cada gesto y cada noche a su recuerdo. Y no quedó nada más que unas cuantas fotos y millones de recuerdos. Recuerdos que sólo hacían daño, volvían cada noche para romper los pedazos que aún seguían unidos. Pero le daba igual, todo le daba igual si él estaba bien. Le daba igual todo y le sigue dando igual todo.
Ahora, todo ha cambiado. Ella sigue con su vida, le ama como le amó desde el primer día; pero intenta olvidar. Sabe que es inútil, pero le da igual. Todo le da igual si él está bien. De él depende todo. Todo gira en torno a él.
Lo que nadie sabe es que ella sigue llorando todas las noches, que le duele cada sonrisa porque son todo mentiras. Lo que nadie sospecha es que ella le sigue amando como el primer día, que sigue pensando que es el amor de su vida. Lo que ni si quiera ella sabe es que le seguirá amando hasta su último día de vida. Porque ella le ama de la única forma que se puede amar, para siempre. Ella le juró un para siempre y, aunque él ya la haya olvidado, ella lo cumplirá. Él seguirá siendo su primer y último pensamiento cada día. Él seguirá siendo el amor de su vida. Ella nunca le olvidará. Yo nunca le olvidaré.

7 de noviembre de 2012

Tan triste es la vida del que sigue sin poder estar de pie. Tan triste es el pasado que dejó de ser presente. Tan triste es echar de menos sin poder luchar por cambiar algo. Tan triste es todo, tan triste soy yo que he llegado a aceptarlo. 
Vida sin caminante, caminante sin pasión, piedras ya rotas, extremadamente persistentes. Fiel a mis sentimientos, a mis ideales, a mi amor. Fiel a mi promesa de un 'para siempre, mi amor'. Fiel hasta que ya no quede nada de mi con lo que pueda quererte. 
¿Y para qué llorar? No sirve de nada, no quiero. No puedo, me niego. Me odio. Hay tanto por lo que pedir perdón, tantos remordimientos y sentimientos aún por florecer. No quiero, cariño. No puedo más. Estoy agotada de vivir sintiéndome así, cansada de una rutina que es lo único que me mantiene cuerda. Estoy exhausta de ser mi único apoyo, de tener que ser fuerte porque no me queda otra opción. 
Tantos recuerdos que no mueren, pero sí matan. Tantas vidas que me recuerdan a ti, tanto amor que sigue esperándote a ti. 
No lo entiendo. ¿Por qué? ¿Por qué te quiero? ¿Qué tienes? ¿Qué me falta? ¿Qué necesito? No entiendo nada, me miro al espejo y no veo nada. No encuentro nadie que me sonría al otro lado del cristal, un 'buenos días, amor', un 'buenas noches, mi niña', un 'eres el amor de mi vida'. ¿Dónde quedó todo eso? 
Y no voy a negar que tenga las lágrimas a punto de salir, están ahí, presentes, como siempre. Pero no van a salir, se quedarán conmigo. No quiero que salgan, no quiero perder lo poco que me queda de ti en ellas. No quiero llorar, no voy a llorar. No quiero quererte. Voy a amarte. 

20 de octubre de 2012

Puede que vuelva a amar, puede que no encuentre a nadie para mi, puede que me vuelva a enamorar, puede que vuelva a caer, puede que vuelva a pasar las largas tardes de domingo con alguien o puede que no vuelva a sentir nada nunca más. Puede tantas cosas. Puede ser que nos volvamos a ver, dentro de unos años, de muchas vidas, de muchos dolores vividos. Puede que cuando te vea no recuerde tu nombre y tú no sepas quien fui. Puede que olvide hasta mi existencia por no saber olvidarte. Demasiados quizás a tu alrededor, demasiados puede, demasiados sentimientos vacíos y noches de soledad. Demasiado llanto para... no, el llanto es el justo. Mismo dolor, mismo llanto. Mismas ganas de desaparecer, mismo sentimiento de culpa. Culpa que me come, que me ata y no me suelta. Culpa de no haberte sabido amar hasta que te perdí, culpa de saber que nunca te di lo que merecías. Culpa de saber que no fui lo suficiente para ti. 
Y si me ves llorar, no te pares. Sigue. No dudes. Aunque te duela, aunque me eches de menos y yo me muera por un segundo de tu presencia. No te pares, porque en algún momento te volverás a ir. Como haces siempre, como llevas haciendo desde que dejaste de quererme. Y si alguna vez los recuerdos te atormentan, no sufras. Llegará quien te haga olvidar, quien te robe los besos que yo no me merezco. Llegará ella, no sé como será ni cuando llegará, sólo sé que hará que me olvides, te hará volar como yo no supe, te querrá como yo no pude. Y sí, te quiero. Te quiero hasta sentir que me quedo vacía por dentro. Te quiero hasta confundir mi respiración con cada movimiento. No me preguntes nada, no sé nada ni de mi misma. No sé porque te quiero aún, no sé porque no soy capaz de avanzar, no sé porque sigo queriéndote como el primer día. No sé porque aún me permito seguir enamorada. No sé nada, olvídame. Dame motivos para odiarte, necesito odiarte. Quiero odiarte, no encuentro otra manera de seguir sin ti. No quiero dedicarte más noches con lágrimas, no quiero dedicarte más días recordándote. No te haces una idea del dolor con el que se puede llegar a sobrevivir. Esto no me lleva a ninguna parte, ni siquiera sé por qué escribo. No pretendo llegar lejos ni ser nadie, sólo quiero encontrar la forma de rebajar esta presión que llevo dentro.

14 de septiembre de 2012

Te has ido. No sé si para siempre o hasta nunca. No sé si algún día volverás diciéndome que no me has olvidado o que, por el contrario, ya he dejado de ser algo para ti. Tengo miedo. Me da miedo el camino que se me presenta por delante. No sé como afrontar todo lo que se me viene encima. Antes estabas tú, aunque fuera lejos y sin presencia, pero estabas. Siempre estuviste, siempre me hiciste creer que estarías. ¿Qué pasó? ¿En qué fallé? Dime, joder.
No puedo perdonarte, no me sale. No logro encontrar el perdón para ti. No quiero pensar en ello, no soy lo suficientemente fuerte para hacerlo. 

Da igual, da todo igual. Todo ha perdido el sentido. Todos mis muros se han roto, todo mi mundo se ha hundido. Tus mentiras han corroído todo lo que viví. Lo has destrozado todo, ya sólo me queda empezar de cero, desde abajo, desde donde más duele. 
Gracias por todo y por nada, gracias por los recuerdos y perdón por el dolor. Adiós.

7 de septiembre de 2012

Hoy me he despertado oliendo a ti. Sí, a ti. Tienes un olor inconfundible, característico, imposible. Sabes que me encanta. Me encanta recordarte mientras reías y yo respiraba hasta el último suspiro del aire que te rodeaba para grabarte en mi cerebro. 
El ser humano es capaz de recordar miles de olores. Pero se pueden confundir. El tuyo no, el tuyo es inconfundible. Mi colchón lo sabe, mis almohadas, mi cuerpo y cada uno de los lugares que visitamos juntos. Como cambian las cosas, ¿no? Hace un par de meses, éramos la pareja casi perfecta. Sí, casi. Por eso nos amamos tanto. No hay día que no pase por aquel banco que me vio reír y a ti callar, no hay día que no sonría echando de menos cada momento que nos quedó por vivir. Pero, ¿qué digo? Da igual. Ya todo da igual. Viviré, vivirás, lloraré, llorarás y ambos seguiremos adelante. Nos volveremos a encontrar algún día, seguramente tú de la mano de alguna mujer menuda y hermosa, y yo, yo sola; como de costumbre. Pero no me importa, nunca me importó estar sola, hasta que te conocí a ti. La soledad te ha sustituido y es buena compañera, es sincera y cruel; pero nunca me falla. Siempre está conmigo, siempre. No me abandona ni por un instante. Es la que me habla y me dice todo lo que no quiero ver. Me cuenta como sigues con tu vida, como has vuelto a reír, como sigues siendo feliz sin mi y me grita, se enfada conmigo porque ve que yo no puedo. No consigo mantenerme en pie dos segundos sin volver a caer pidiéndote que vuelvas. 
Llegará el día en que me veas y los dos sepamos que pudimos haber recorrido el mundo juntos, de la mano. Me verás y sólo podrás sonreír por los recuerdos. Te veré y lloraré porque seguirás siendo el amor de mi vida.
Es demasiado triste y demasiado complejo, pero es nuestro secreto, mi amor. Nuestro último secreto.

2 de septiembre de 2012

Ya no me miras, tampoco quiero que lo hagas. ¿O tal vez sí? Sí, quiero. Un poco, sólo un poco. De refilón. Como me mirabas cuando estaba enfadada contigo, como cuando me decías lo idiota que era por enfadarme. Como cuando era tu tonta y me querías por encima de todo.
Quiero que vuelvas a mirarme como antes. Con amor, con deseo, con pasión. Déjame ver nuestro futuro en tus ojos. Quiero que me vuelvas a hacer sentir que aún queda algo en pie, que esto es sólo un mal momento. ¡Abrázame, joder! No me sueltes, por favor. No puedo más, de verdad que no puedo. Siento que el mundo se me viene encima y tú no estás para hacerme fuerte. Ya todo perdió el sentido.
Lo arriesgué todo por ti, lo sabes. Curé mis heridas, reconstruí mi vida, supe ser fuerte, seguí adelante; pero lo puse todo en tus manos. Puse cada segundo de mi vida a tu antojo. 
Te amé demasiado y esa es mi culpa. Saber que te seguiré queriendo a pesar del tiempo, a pesar de que ya nada quede de nosotros. 
Duele y no sabes cuanto saber demasiado de todo esto.

26 de agosto de 2012

Es triste vivir con nostalgia. Nunca termina de ser rutina, pero acabas acostumbrándote a ella. Duele, quema; pero no te mata. Abrasa, te hace sufrir y no te deja estar vivo. Los recuerdos son inmortales, pero te matan un poco cada día. La nostalgia, a su vez, deriva de nuestros momentos. Un recuerdo nunca es feliz, fue feliz en aquel tiempo; pero siempre duele dejar la felicidad en el pasado. ¿Y quién dijo que el pasado es pasado? El pasado siempre vuelve para intentar formar parte de nuestro presente. Un presente que definirá lo que en un día llegaremos a ser.
No quiero acabar siendo una simple caricia sobre tu cuerpo, una de esas que fácil se olvida. No quiero acabar siendo la que te ama sin poder pedirte que te quedes un poco más. No quiero ser otra más en tu vida, una de tus opciones, una de tantas en las que nunca piensas. No quiero tener que fingir que me creo tus 'te quiero', no quiero perderme en el olvido, no quiero que no quede nada de mi. No quiero que finjas interés por mi, no te pido nada. Ya no quiero nada.

18 de agosto de 2012

Ya no queda nada que sentir, mi amor. Todo lo que un día fuimos se perdió. Ya no hay amor ni nada por lo que luchar, ya no nos queda nada por cumplir ni desear.
Dueles como el primer día y cada vez quemas más. No hay distancia culpable, nosotros fuimos el error. Perdón. Perdón por todo el daño que te hice, por cada momento perdido a tu lado.
Nunca dudes de cuanto te amo y de que lo haré siempre. No pienses que te olvido, sigues siendo el amor de mi vida. Ese amor que prometía ser para siempre, pero se quedó en el camino.