He descubierto que siento dolor por el simple hecho de que sé que una circunstancia, una frase o un gesto duelen y yo debo reaccionar de esa manera. Siento dolor porque mi mente me dice que debo sentirlo, pero realmente nada duele. No siento dolor. No siento nada, qué triste. Me he quedado vacía, como un amor de verano que se guarda en ese cajón polvoriento lleno de recuerdos importantes sin importancia. Y repito, qué triste. Siempre tuve la esperanza de volver a sufrir, de llorar de emoción al terminar un libro, de volver a amar y recordar con cariño cada mentira que creí cierta. Y es en este preciso instante, ahora mismo, cuando descubro que se ama por completo una sola vez en la vida. El resto de amores son intentos de entregarle un corazón incompleto a alguien que nos hace permanecer estables. Pero todos sabemos que el amor verdadero es ese que te vuelve loco, ese que hace que salga lo peor de ti, esa faceta tuya desconocida, te hace ser odioso, desquiciante, mortífero, increíble, petulante y asquerosamente romántico.
Y tengo la mísera certeza de que dedicamos el resto de nuestra vida a buscar esa pieza que dimos a aquel amor verdadero. Primer amor lo llaman. Único amor lo llamo yo.
10 de noviembre de 2013
Único amor.
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