Ha pasado ya poco más de un año. Y yo sigo aquí, esperando sentada en el mismo lugar donde te grité que te fueras. Y tú me hiciste caso. Te fuiste y seguiste con tu vida.
Te envidio.
Yo no puedo. No sé cómo hacerlo. Ya no sé ni cómo explicar todo esto que me consume. Mis palabras ya no valen nada.
Quiero que desaparezcas. Vete lejos, muy lejos y no vuelvas nunca. Todo va tan bien cuando tú no estás.
Me has destrozado. Me has convertido en un cúmulo de miedos y depresiones. Me has hecho fuerte por fuera, tengo una coraza que sólo tú sabes romper. Pero por dentro, por dentro soy hielo derretido por la ira.
Tengo tanta rabia. Me das rabia. Ira. Odio. No te soporto. Te odio. Odio que vuelvas. Odio tener que matarme por dentro para ser fuerte. Odio tener que apretarme fuerte el alma cada vez que escribes un "¿nos vemos?".
- No, no nos vemos.
- ¿No quieres ir a tomar algo?
- No, no quiero nada (yo sólo quería despertar contigo cada día, cincuenta veranos después. Tener hijos, ir al parque, enfadarme contigo y follar como locos).
Pero esto no te lo puedo decir. Lo pienso. Y pienso en que sí lo acabarás haciendo. Pero con ella.
Te amé. Y tú decidiste. Ahora, déjame en paz.
31 de julio de 2016
Déjame en paz
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