Te has ido. Otra vez, y quizás esta no sea diferente o sea la definitiva. Quizás esta vez no sea ese infierno que te hace odiarme y desaparecer. Quizás esta vez te hayas cansado de este cuerpo en ruinas con tantos puentes a punto de desplomarse.
Me gusta la palabra quizás, me recuerda a ti. Es tan inexacta, indecisa, contundente y complicada.
Siempre que intento liberar un poco la presión, acabo desvariando y me rompo un poco más. Me vuelves loca. Loca de esas que lo dejarían todo por ti y saldrían corriendo a buscarte. Loca por un cuerdo demasiado atado a una vida que no es la suya.
Me gusta cuando buscas paz en mi desastre, y acabas ordenando un poco mi vida.
Ojalá pudieras leerme. Ojalá supieras que escribo por ti, deberías saber cuánto me inspiras. Aunque a mí sólo me inspiran las cosas tristes. Tú me inspiras, ahora. Ahora que eres tan desastre como yo y que tus ruinas son hermanas de las mías.
Me gustaba cuando me abrazabas y el mundo no podía hacerme daño.
Ojalá pudiese salvarte de eso que llamas vida y que no te deja respirar. Pero no puedo. Te espero, lo sabes. Espero que esta vez sea como siempre y vuelvas, y sea tan diferente a las otras porque te quedes.
Me gustarían tantas cosas contigo, que si las digo en alto quizás no se cumplan nunca.
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