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21 de noviembre de 2013

Supongo que no fui capaz de escribirte. Aún me da miedo darte vida con mis palabras. Supongo que aún soy demasiado cobarde como para afrontar que sigues siendo el amor de mi vida, o quizás no. Todo sea que soy una idiota con afán de heroína, intentando salvar el amor de alguien que me mató en su memoria hace tiempo. Pero, ¿qué puedo hacer? Soy así. Soy ingenua, ilusa, llena de esperanzas sin sentido, amante del desamor y ciertamente incomprendida en esto de los sentimientos.

Me encanta.

"Cuando sepas de mí, tú disimula. No les cuentes que me conociste, ni que estuvimos juntos, no les expliques lo que yo fui para ti, ni lo que habríamos sido de no ser por los dos. Primero, porque jamás te creerían. Pensarán que exageras, que se te fue la mano con la medicación, que nada ni nadie pudo haber sido tan verdad ni tan cierto. Te tomarán por loca, se reirán de tu pena y te empujarán a seguir, que es la forma que tienen los demás de hacernos olvidar.

Cuando sepas de mí, tú calla y sonríe, jamás preguntes qué tal. Si me fue mal, ya se ocuparán de que te llegue. Y con todo lujo de detalles. Ya verás. Poco a poco, irán naufragando restos de mi historia contra la orilla de tu nueva vida, pedazos de recuerdos varados en la única playa del mundo sobre la que ya nunca más saldrá el sol. Y si me fue bien, tampoco tardarás mucho en enterarte, no te preocupes. Intentarán ensombrecer tu alegría echando mis supuestos éxitos como alcohol para tus heridas, y no dudarán en arrojártelo a quemarropa. Pero de nuevo te vendrá todo como a destiempo, inconexo y mal.
Qué sabrán ellos de tu alegría. Yo, que la he tenido entre mis manos y que la pude tutear como quien tutea a la felicidad, quizás. Pero ellos... nah.

A lo que iba.

Nadie puede imaginar lo que sentirás cuando sepas de mí. Nadie puede ni debe, hazme caso. Sentirás el dolor de esa ecuación que creímos resuelta, por ser incapaz de despejarla hasta el final. Sentirás el incordio de esa pregunta que jamás supo cerrar su signo de interrogación. Sentirás un qué hubiera pasado si. Y sobre todo, sentirás que algo entre nosotros continuó creciendo incluso cuando nos separamos. Un algo tan grande como el vacío que dejamos al volver a ser dos. Un algo tan pequeño como el espacio que un sí le acaba siempre cediendo a un no.

Pero tú aguanta. Resiste. Hazte el favor. Háznoslo a los dos. Que no se te note. Que nadie descubra esos ojos tuyos subrayados con agua y sal.

Eso sí, cuando sepas de mí, intenta no dar portazo a mis recuerdos. Piensa que llevarán días, meses o puede que incluso años vagando y mendigando por ahí, abrazándose a cualquier excusa para poder pronunciarse, a la espera de que alguien los acogiese, los escuchase y les diese calor. Son aquellos recuerdos que fabricamos juntos, con las mismas manos con las que construimos un futuro que jamás fue, son esas anécdotas estúpidas que sólo nos hacen gracia a ti y a mí, escritas en un idioma que ya nadie practica, otra lengua muerta a manos de un paladar exquisito.

Dales cobijo. Préstales algo, cualquier cosa, aunque sólo sea tu atención.

Porque si algún día sabes de mí, eso significará muchas cosas. La primera, que por mucho que lo intenté, no me pude ir tan lejos de ti como yo quería. La segunda, que por mucho que lo deseaste, tú tampoco pudiste quedarte tan cerca de donde alguna vez fuimos feliz. Sí, feliz. La tercera, que tu mundo y el mío siguen con pronóstico estable dentro de la gravedad. Y la cuarta, -por hacer la lista finita-, que cualquier resta es en realidad una suma disfrazada de cero, una vuelta a cualquier sitio menos al lugar del que se partió.

Nada de todo esto debería turbar ni alterar tu existencia el día que sepas de mí. Nada de todo esto debería dejarte mal. Piensa que tú y yo pudimos con todo. Piensa que todo se pudo y todo se tuvo, hasta el final.

A partir de ahora, tú tranquila, que yo estaré bien. Me conformo con que algún día sepas de mí, me conformo con que alguien vuelva a morderte de alegría, me basta con saber que algún día mi nombre volverá a rozar tus oídos y a entornar tus labios. Esos que ahora abres ante cualquiera que cuente cosas sobre mí.

Por eso, cuando sepas de mí, no seas tonta y disimula. Haz ver que me olvidas. Y me acabarás olvidando. De verdad."

25 de febrero de 2013

Piso tus huellas justo detrás de ti, exactas y frías. Nunca quise perderme, siempre quise ir a tu lado, acompañar tus pasos con los míos, mis manos con tus dedos y tus labios con mis besos. Nunca quise dejar de merecer tus sonrisas y aunque ya sé que las perdí, no las olvido. No quiero olvidarlas. Son ese tipo de recuerdos que duran años, que en el último suspiro de tu vida aparecen ante ti y te hacen feliz, otra vez. Otra vez y siempre. Como tú. Siempre tú. Siempre supiste hacerme feliz, hasta enfadada, hasta odiándote, hasta llorando me hacías feliz. ¿Qué más da ya? ¿Verdad? Ya se acabó, cariño. Pero, ¿qué importa? Fui muy feliz y gracias, nunca olvidaré todo lo que hiciste por mí. ¿Lo superé? ¿Quién sabe? Yo tampoco, y no quiero pensarlo. Porque si lo pienso te recuerdo y no quiero. Ya lo evito, te evito cuando vivo y hasta cuando respiro, pero parece que mis pasos siguen unidos a los tuyos. ¿Por qué? No lo sé, nadie lo sabe. ¿Qué más da? Nadie lo entiende. Nadie entiende que tus labios encajan en cada curva de mi espalda a la perfección, nadie entiende que aunque se acabó, nunca terminó de hacerlo. ¿Qué más da que ni siquiera nosotros lo entendamos? Mis huellas siguen unidas a las tuyas, ya lo sabes. Me buscas y te busco, es inevitable. Que cuando yo no quiero que me encuentres, lo haces; y cuando quiero que lo hagas, no apareces. Y es nuestro juego, amor. Somos dos idiotas con un pasado enamorado. Y ya no. Ya lo sabes. ¿Qué más da? Nadie lo entiende, ¿y qué? Mis huellas están unidas a las tuyas y así será hasta... no sé hasta cuando; pero algún día esto se acabará de verdad. 

23 de abril de 2012

Puede que ese 'para siempre' no se cumpla, puede que sea lo que nos mantenga en pie y lo que me dé fuerzas para pensar que tus besos serán eternos. No quiero pensar en un final, no quiero pensar en un futuro sin ti, no puedo. 
Tranquilo. Si te vas, te sigo; y si me voy, ¿qué harías? No lo sé. Eres tan predecible y, a la vez, tan desconcertante. Nunca sé qué piensas, qué harás, qué secretos querrás decirme. Me gustaría viajar por tus miedos y romperlos con los dientes. Odiarlos por hacer temblar esto, pero no; son necesarios. Quiero que tengas miedo de perderme, quiero que no soportes la idea de verte sin mi, quiero que cuando te despidas de mi sufras como yo y sientas la misma necesidad de amor que yo. Sé que puede resultar egoísta, pero es así. Te quiero para mi. Todo. Quiero tus besos, tus manos, tus despertares y tus roces de pies por la mañana. Quiero que me calles con un beso y que me digas lo bonito que tengo el pelo, aunque después me lo revuelvas, quiero que te metas con mi forma de hablar y que me llames tonta. Pero sólo a  mi, siempre a mi. 
Tengo miedo, y sí, lloro. Pero lloro de felicidad y, a veces, de pena. Lloro por miedo a perderte, por el dolor de no saber amarte como te mereces. Tengo miedo del tiempo y de su efecto, de la distancia y sus kilómetros, pero soy fuerte, tú me haces fuerte. Somos invencibles, mi amor. Si la distancia nos ataca, yo le muerdo y te sigo amando, y si el tiempo me duele, sonrío y corro a buscarte. Pero sólo a ti, al amor de mi vida. 
Sí, eres el amor de mi vida.

21 de marzo de 2012

Te amo tanto.

Son esos perfectos días de primavera junto a ti. Las mañanas en el sol, viendo tu sonrisa deslumbrando al mundo. Tu mano pegada a la mía, y mi corazón loco porque me estás tocando. Son esas cosas las que me hacen tan feliz. Tú y tus defectos, tú y tus perfecciones. Tú.
Te quiero tanto. No lo dudas, ¿verdad? Me cuesta tanto vivir sin ti, no podría. Preferiría, no sé, ¿morir? Solo si sé que no volverás.
Pienso en la distancia, en los celos, en mis miedos y tus inseguridades; pienso en cada beso que no podremos darnos y cada abrazo que acabaré imaginando. Sé que acabaré contando los segundos que me quedarán para verte, y crearé momentos junto a ti para después hacerlos realidad. Sobre todo sé que ni la distancia, ni el tiempo podrá con esto. Nada, ¿lo entiendes? Nada. Es imposible que desaparezcan esas ganas locas de verte, el odio al reloj por no ir más rápido o más lento cuando debe, esa mano que estruja mi alma cada vez que no te veo. Son tantas cosas las que siento, que ni una eternidad sería capaz de difuminarlo. 

¿El olvido? No me preocupa. Hasta mi mente te ama, ella tampoco quiere olvidarte. Has hecho de mi vida lo más perfecto jamás existente en la tierra. Mi día a día más ameno y reluciente, y mis lágrimas, las volviste dulces.
No hace falta que me creas, solo necesito que te quedes a mi lado para siempre. Así te demostraré que esto no es ni la mitad de todo lo que hay dentro de mi.

13 de marzo de 2012

La vida da tantas vueltas... Jamás pensé que podría volver a enamorarme, tampoco lo tenía pensado. Lo que está más que claro es que no puedes asegurar nada cuando aún lo ves todo negro,  no lo cumplirás. 
Me destrozó tanto por dentro el haberte perdido, el habértelo dado todo sin recibir nada y acabar con menos que cuando empecé. Juré y perjuré que no volvería a creer en eso llamado 'amor', pero mírame, enamorada e ilusionada de nuevo. Con nuevos miedos, nuevas metas, nuevas esperanzas y nuevos sentimientos a su lado. Me costó tanto recomponerme y levantarme, pero lo conseguí sin ti. Y ahora me veo invencible, invencible por mi misma, por haber podido con el dolor, con tu pérdida y con el desamor. Soy invencible, pero sé que ya nada será igual. La experiencia se cimienta en errores y dolores del pasado, mi experiencia se basa en ti y no me deja disfrutar como debiera de las nuevas oportunidades que me da la vida, pero a pesar de los inconvenientes sé que no volveré a sufrir, y menos por ti.
Le tengo a él, ya me da igual. Sé que mi pasado estará ahí siempre, sé que siempre estarás ahí y que aparecerás cuando menos lo espere, y créeme que no te odio ni te guardo rencor, ya todo quedó atrás y gracias a ti ahora soy quien soy. Gracias y adiós.

9 de febrero de 2012




















Es todo tan distinto, tan nuevo, tan mágico... Inexplicable describir cada escalofrío que recorre mis venas, cada  subida que sufre mi corazón. Quédate, dame tiempo de contarte que mis labios sólo quieren besarte y hacerte caricias aún no inventadas, mis manos quieren jugar a cosas prohibidas y mal vistas. Y me da igual. Me da igual el mundo, yo tengo el mío propio. Tú lo sostienes, quédate. Sujétame. No dejes que me pierda, guárdame en tu bolsillo en forma de retrato y tenme cada día al otro lado de la almohada. 

Sólo sé que si tú no me sigues, yo no puedo. Si tú no me quieres me rindo, dejo el mundo como algo perdido.

7 de febrero de 2012

Te juro que una vida se me hace ridículamente escasa para adorarte, mil viajes de aquí para allá por toda la habitación esperando a que vengas a amarme, correr hacia lugares imaginados a buscarte, quererte... como nunca nadie te ha sabido querer. Como sólo yo he sabido enseñarte a desear, como sólo yo te he enseñado a disfrutar, y demostrarte que el placer no sólo puede ser carnal si no también de corazón. 
Amarte todos los días de mi vida, regalarte todas mis sonrisas y lágrimas, cuidar esas mariposas de nuestros estómagos, discutir por un "Yo más", soñar mirando tu cara de ángel al dormir, despertarte con un "Buenos días mi amor", y pasar todos los domingos echados en el sofá. 
Quiero... te quiero a ti. Te quiero ya, aquí, conmigo, para y por siempre. Te quiero en mi vida, en mi cama, reflejado siempre en mis ojos, cogido siempre de mi mano, protegiéndome siempre con tus brazos ofreciéndome un lugar inhabitado sólo para mí. 
Quiero que llegue ese momento en el que recordemos cómo nos conocimos de jóvenes, de casualidad. Sí, has sido y serás la casualidad más bonita de mi vida. Quiero un futuro contigo, quiero disfrutar de tus arrugas, de tus canas, de tus achaques, de tus quejas y de tus rabietas. Quiero disfrutar de ti, hasta cuando no estés. Te quiero siempre. 

4 de febrero de 2012

Y explicarte en cada amanecer cuánto te amo, cuánto has cambiado mi vida. Te quiero. Te quiero por encima de todo, por encima de mi misma. Eres ese tipo de amor que llega a la locura, a la enajenación de enamorado. Sí, soy una loca enamorada. De esas de cuentos de hadas, que en un tiempo dejó de creer en príncipes y ranas, hasta que llegaste tú. Gracias, gracias por amarme, por regalarme tus días y ofrecerme tus noches. Gracias por inspirarme, por tirar de mí hacia delante. Gracias por ser quien eres, por existir y quedarte aquí amándome. Sé que no es fácil, lo siento, a mí también me cuesta entenderme. No te pido eso, sólo que estés ahí, que no te vayas, que cumplas tus promesas y te enfades a momentos. Prefiero estar odiándote que follar con otro, de que me sirve tocar a alguien que no seas tú, si sólo tú erizas mi piel.
Quiéreme como hasta ahora, nunca me dejes. Te ofrezco mi vida, mis días, mis sentimientos y mi locura, a cambio de un beso y una sonrisa al día. ¿Sonríes? Sonrío. Eres mi vida. Eres ese ser perfecto, ¿perfecto por qué? Por tus defectos. No quiero a otro que me pueda hacer sentir más que tú, te quiero a ti, a ti y a tus psicosis, tus locuras de novato enamorado, tus inseguridades compartidas, tus perfectos desmadres de adolescente ilusionado. 
Te quiero, te necesito, te adoro, te deseo... No hace falta que me creas, sólo quédate y deja que mis acciones te convenzan.

27 de enero de 2012

¡Perdón! 
Perdón por esos días en los que inexplicablemente te acabo odiando.
Perdón por dejar que mi pasado vuelva, de vez en cuando, sin querer, a mi mente.
Perdón por querer que seas sólo para mi, por envolver todo tu mundo con mi vida. 
Perdón por tener miedo a perderte.
Perdón por mis miedos, inseguridades, pesadillas al saber que el tenerte implica poder perderte.
Perdón por no creer del todo cada te quiero que sale de tu alma.
Perdón por cada mal rato que te hago pasar.
Perdón por no saber valorar lo increíble que eres, por no saber darte todo lo que tú te mereces.
Perdón por estas lágrimas, que aunque son de felicidad, duelen. 
Perdón por llegar a quererte de esta manera...
No te pido que sea para siempre, sólo que me quieras hasta el extremo cada segundo que nuestro amor dure. No quiero que seas perfecto, sólo que mantengas tus imperfecciones. No necesito mil te quiero, sólo necesito un beso y una caricia de verdad; de esos que te ponen los pelos como escarpias y te dejan sin respiración. No te pido que me veas la más hermosa del mundo, sólo saber que eres para mí. No necesito mil rosas ni regalos, sólo que estés ahí, que no te vayas, que me ayudes cuando no pueda con el mundo a mis espaldas, cuando mis lágrimas me sepan agrias, sólo necesito que me las endulces con tus labios, que me sonrías aún cuando seas tú quien no pueda aguantar las ganas de llorar, que me pidas imposibles para yo sorprenderte con inimaginables, que te metas conmigo y me beses mientras te rías. Sólo quiero que seas mi mundo...

14 de diciembre de 2011

Quiéreme. Necesito que me quieras. Dime cuánto, pero sólo a ratos. Abrázame cuando tenga frío o invéntate una mala escusa que me haga sonreír, para acabar resignandome al hecho de que te necesito. Bésame sin descanso, no dejes tiempo para que el aire nos corte. No necesito respirar, puedo vivir de tus besos perfectamente. Ámame. Ámame de todas las maneras que conozcas, descubramos mil razones para que no acabe. Caliéntame los pies bajo las sábanas en las noches frías, abrázame cuando me gire en la cama, bésame hasta llegar a lo más desconocido de mi alma, hazme descubrir lugares sin salir de tus brazos, píntame un millón de estrellas en el techo de la habitación, hazme reír a veces y desquiciame el resto de momentos. Te quiero, ¿no lo sabes? Te lo afirmo. Que no acabe, por favor que no acabe nunca...

28 de noviembre de 2011

Odio las despedidas. Sí, las odio. Odio tener que dejarle marchar, saber que no le tendré al otro lado de la almohada, que no será lo último que vea antes de dormir ni lo primero al levantarme. Sé que cada día le veo, pero me cuesta tanto separarme de él. Le necesito. Necesito sus abrazos, sus besos, sus manos a todas horas. Necesito decirle mil tonterías para escuchar su risa, mirarle fijamente a los ojos y que me diga que me quiere. Que me quiere... Sí, me quiere. ¿Me quiere? ¿De verdad? Sí, no sé ni porque dudo. Me lo ha demostrado, y cuando dice que me quiere sé que es de verdad. Es de esos "te quiero" que engloban mil acciones pasadas, sólo para que ese "te quiero" tenga algo de sentido en sus labios. Y me encanta escucharlo, me encanta que me mire esperando que le diga cuantísimo siento por él, jugar con las palabras en mi boca, jugar al suspense y soltarlo todo de golpe. Ver el amor abrasando sus pupilas, quemando su garganta, deseando devorarme. Le quiero, le quiero muchísimo. Se ha convertido en el centro de mi vida, en el centro de mi universo. 
Me encanta saber que siempre estará ahí, me encanta las cosas que dice, todo lo que hace por mí. No sabría como describirle. Es, simplemente... no sé. ¿Perfecto?


Sólo sé que es eso que llaman amor. Y me encanta...



Quién hubiera podido afirmar que él sería para mi. Él; tan perfecto, para mi; tan... imperfecta. Algo surrealista, fuera de mi alcance. 
Quién hubiera podido afirmar que él conseguiría recuperar todo lo que un día perdí, lo que un día juré que no volvería a repetir. Ha conseguido devolver el amor a mi vida, la confianza, ha conseguido que vuelva a ser esa niña loca a la que no le da miedo jugar al amor. Ha quemado todos mis miedos, ha borrado mi pasado, se ha convertido en mi vida. Siempre intenta comprenderme, no quiere cambiarme, me acepta tal y como soy. Me quiere, me quiere de verdad.  

23 de noviembre de 2011

Él sabe cómo soy. Sí, lo sabe muy bien. Y sé que por eso me quiere. Sabe que soy infantil, explosiva, picante, ácida, sosa, dulce. Sabe lo cabezona que soy, lo rebelde e inconsecuente de mi cuerpo, diferente, llamémoslo especial. Sabe que soy risueña, pesada, bipolar, miedica, incluso a veces tonta. Sabe que me encantan esas gominolas en forma de fresa con mucho azúcar, pero que sólo las comparto con él. Sólo con él. Sabe que soy celosa y egoísta, que le quiero sólo para mi, que no soporto que esté lejos de mi. Le quiero a él. Quiero que siga quitándome el sueño todas las noches, que sienta frío cuando no me abraza, quiero que me diga mil te quiero sin palabras, que el roce de su piel con la mía arrase con todo. Quiero saber que su cuerpo es mío. Quiero un mundo con él. 


Pero también sé que me quiere, que sólo tiene ojos para mi, que le encanta que le dé besos y que le diga todo lo que siento, le encantan mis defectos, mis miedos y mis historias de princesas y sapos, sé que soy esa que le trae de cabeza, la que consigue enfadarlo y sí; lo reconozco, me encanta cuando se enfada y no me deja que le bese, me encantan todos esos defectos que él no soporta. Sinceramente, me encanta todo y aunque nada tiene sentido para el resto del mundo, ¿qué mas da? Sólo me importa él.



22 de noviembre de 2011

27 vestidos

"Toda mi vida he esperado conocer a mi hombre ideal, y entonces apareciste tú... no te pareces en nada al hombre que había imaginado. Eres dulce, extravagante, bueno, pero lo cierto es que estar contigo es lo mejor que me ha pasado nunca, y creo que es muy posible que me haya enamorado de ti"

20 de noviembre de 2011

Sentir el calor de la mañana pegando en mi cara, abrir poco a poco los ojos y verte a ti, compartiendo almohada. Peleándome con tu cuerpo por la sábana, encogiéndome para sentir más fuerte el peso de tu abrazo. Sonreír, y que sin abrir los ojos me devuelvas el gesto. Y es que no pido nada especial de ti, sólo un poco de amor a medianoche y una tirita para sanar mis heridas. Que seas mi héroe y me rescates de la vida cuando ya no pueda más. Y que me hagas tostadas para desayunar. Ni siquiera hace falta que me las traigas a la cama, iré yo a la cocina, a verte de espaldas y contonear tu cuerpo con mi mirada lasciva. Meter mis manos entre tus pantalones, dejar que las tostadas caigan al suelo y llevarte de nuevo a una guerra con mi cuerpo.

14 de noviembre de 2011

- ¿Por qué él?


+ Por cómo hace que me olvide de todo, por cada pequeño detalle que tiene, por cada sonrisa que me roba , por cómo se pone rojo cada vez que le beso, por todos esos días en los que se queja del frío o de que está cansado y tiene sueño, por cómo me aparta la mirada cuando le miro fijamente, por su risa y esas arruguitas alrededor de sus ojos cuando sonríe, por cada vez que me sorprende yendo a donde no le espero ver, por el color de sus ojos y el brillo que sale cuando estamos juntos, por cada abrazo, beso, palabra y sentimiento, por el roce de su mano con la mía, por esa sonrisa sincera que pinta su cara cuando hago alguna locura, por la atracción que siento cuando noto que está a menos de diez centímetros de mí, por lo sorprendido que se queda cuando ve de lo que soy capaz por él, porque me escucha y me entiende, porque me echa de menos, porque me adora, por todas esas ganas de querer que tanto tiempo llevan guardadas, olvidadas y que él ha conseguido reavivar. Porque es él.

8 de noviembre de 2011

Será esa duda por ver quien da primero un beso, la emoción de verle y que en cada mirada haya un sentimiento, el deseo por su cuerpo, la adrenalina al saber que contigo me arriesgo a volver a caer. Será su forma de reír, cómo cierra los ojos, el efecto de su voz sobre mi cuerpo, el calor de sus manos sujetando las mías. Me encanta cuando me besa y juega con la lengua buscando lugares remotos, como me hace entrar en una burbuja donde el mundo no existe, sólo él y yo. No sé qué puede ser, no quiero saberlo, no me hace falta sólo necesito que eso nunca muera y que tú nunca te vayas, quédate. Quiéreme...

31 de octubre de 2011

Quiero superar cada imposible, besarte a cada rato, provocar el silencio entre nosotros para poder mirarte y embarcarme en un sueño contigo. Ser el motivo de tu risa, provocarte mil sensaciones por minuto, decirte todo sin ninguna palabra. Quiero que borres de mi cada mal recuerdo, e incluso los buenos. No dejes nada, hazte un hueco en mi. Quiero que escribamos nuestra propia historia, sin ningún final, que formemos nuestros propios recuerdos juntos. Quiero que recojas cada pedazo de mi corazón y lo recompongas, despacito, con cuidado. 


Borra de mi los miedos, hazme saltar al vacío sin ningún temor. Bésame cada vez que te apetezca, seca mis lágrimas con tus labios, tranquiliza mi cuerpo con tus manos. No dejes lugar a la duda, ocupa tu tiempo en mi, cuéntame cada pensamiento, no dejes ni un secreto por desvelar. Sigue con esta historia, no la termines jamás.