No busco nada más que mi propia reflexión, comprender el volcán de mis entrañas. Y aquí estoy, sentada, fumando y escuchándome a mí misma, la misma idiota de cada mañana sentada frente al espejo odiando el reflejo de la realidad, que poco a poco va destrozando cualquier resquicio de estima hacia mí misma. Triste, ¿verdad? Y son mis dos partes las que confluyen en un mar de desdichas y críticas. Mi lado izquierdo del pecho, tan loco e irracional. Tan necesitado de una sonrisa, de un abrazo especial que le haga despertar. Y mi razón, también desquiciada, con el juicio perdido y nefasta percepción de la realidad. Qué triste, ¿verdad? Mis dos mitades y mis dos fuerzas antagónicas.
Nunca fui fiel a mi misma, nunca supe quererme más allá de lo que el resto del mundo me quería, siempre dependí del amor para vivir. Nunca supe como guiar mi camino ni buscar lo mejor para mí. Dependiente de que otro corazón bombeara por mí, ¿cómo iba a sobrevivir así? No sé controlarme, mi razón está desquiciada. Pobre ilusa enamorada. Nunca supe decir 'Joder, para. ¿Qué estás haciendo?'. Nunca supe decir 'Mamá, te quiero'.
Y si miro atrás, mi vida nunca fue sencilla. No pretendo provocar lástima en el lector ni compasión. Eso nunca, suficiente lástima siento yo. Sólo espero que quien me lea razone el foco de sus problemas. A veces un simple abrazo todo lo cura, una disculpa a destiempo nunca está de más y despojar al corazón de orgullo hace la vida más amena. Porque esto no va a ayudar a nadie, no voy a acabar con el hambre en el mundo ni encontraré una cura para el cáncer. Pero sé que por un instante, quien me lea se parará a pensar como yo nunca supe hacer.
10 de noviembre de 2012
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario