21 de enero de 2013


Nunca nadie quiso ver lo que había más allá de tanta sonrisa. Nadie supo abrazar todo ese miedo que ella desprendía. Ni ella misma sabía qué hacer con tanto amor desacompasado.
Quizás no fue su momento o quizás, simplemente, tal y como ella pensaba, no estaba hecha para ser amada. Sólo para amar. Ella había querido, había jugado al amor; pero amar, sólo había amado una vez. Fue una de esas veces en las que tu alma ya no te pertenece. Le entregas todo a la otra persona, cada lágrima, cada respiración deja de ser tuya. Hasta tu existencia pasa a formar parte de él. Ella amó de la única forma que se podía amar, locamente. Irracional. Descontrolada. Lujuriosamente. Con cada célula que formaba su cuerpo. Sincronizó cada pensamiento manteniendo el ritmo con su corazón para que mente y alma coincidieran. Él era su dueño. Todo se lo debía, cada sonrisa, cada sentimiento, cada amanecer. Ella sería siempre de él.
Sabía que se iría, siempre lo supo. Él era demasiado libre, demasiado perfecto para ella. Ella siempre pensó que no le merecía. Siempre supo que acabaría dándose cuenta y se iría. Y no falló. Se fue. Se quedó rota, no quedó nada de ella, nada de esa alegría, nada. No quedó ni una lágrima que derramar. Todo se volvió negro, los días pasaban con el propósito de seguir adelante. Ella siempre le esperaría, aunque sabía que nunca volvería. Ella le amaba de la única forma que se podía amar. Eternamente. Para siempre. Como aman los locos, con cada parte de su existencia. Ella le dedicaba cada lágrima, cada gesto y cada noche a su recuerdo. Y no quedó nada más que unas cuantas fotos y millones de recuerdos. Recuerdos que sólo hacían daño, volvían cada noche para romper los pedazos que aún seguían unidos. Pero le daba igual, todo le daba igual si él estaba bien. Le daba igual todo y le sigue dando igual todo.
Ahora, todo ha cambiado. Ella sigue con su vida, le ama como le amó desde el primer día; pero intenta olvidar. Sabe que es inútil, pero le da igual. Todo le da igual si él está bien. De él depende todo. Todo gira en torno a él.
Lo que nadie sabe es que ella sigue llorando todas las noches, que le duele cada sonrisa porque son todo mentiras. Lo que nadie sospecha es que ella le sigue amando como el primer día, que sigue pensando que es el amor de su vida. Lo que ni si quiera ella sabe es que le seguirá amando hasta su último día de vida. Porque ella le ama de la única forma que se puede amar, para siempre. Ella le juró un para siempre y, aunque él ya la haya olvidado, ella lo cumplirá. Él seguirá siendo su primer y último pensamiento cada día. Él seguirá siendo el amor de su vida. Ella nunca le olvidará. Yo nunca le olvidaré.

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