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6 de marzo de 2014

Y es algo tan mío, algo que está aún muy anclado dentro de mí. Inamovible, imperturbable, displicente y muy doloroso. Algo que es tuyo. Tu sonrisa, quizás, tu mirada, o simplemente el recuerdo de tu odio. 

Y todo vuelve, ya me lo dijiste una vez. Eres mi demonio, mi insomnio de cada madrugada, mi protagonista en cada libro que leo, el cantante de mis canciones y, seguramente, el amante de mis noches más vacías. Pero tú de eso no sabes nada, tampoco hace falta que lo sepas.

Y volviste, a ser mi fantasma de aquella vida pasada, vida que sigue siendo tuya. Sigo siendo tuya, por desgracia. Pero no te echo de menos, qué contradictorio, ¿verdad? Pero es totalmente cierto, amor. No te extraño, porque no es a ti a quien quise, no eres tú de quien me enamoré. Tú eres las ruinas de una persona que yo destrocé, a la que yo hice mártir de mis penas, alguien que ya no reconozco. Pero quedan de aquel la luz en tus ojos, seguramente sea por eso que no me atrevo a mirarte. Queda en ti la calidez en la sonrisa de quien un día amé. Y aún amo, para qué negarlo. Pero ya no duele, o eso creo. Lo peor es acabar por acostumbrarte al dolor. Prefiero creerlo así, sentirte lejos, distante, frío, olvidadizo y tan oscuro y doloroso que ni el abismo de tus sentimientos podría atraerme. Porque es cierto, amor, y lo sabes. Soy amante de los abismos, de los imposibles, de tus recuerdos, y siempre de ti y de tus mil formas. 

Pero adiós, amor. Ya no tiene sentido.

23 de febrero de 2014

Te deseo.

Te deseo.
Sí, te deseo alguien que te ame.
Alguien que te haga feliz, que,
sin pretenderlo, te haga sonreír en sueños.

Te deseo lágrimas y sufrimiento,
risas y felicidad, te deseo
mentiras y mis recuerdos en
tus despertar.

Te deseo vivir conmigo en tu
subconsciente. Que busques lo
que en mí encontraste y que
ninguna otra podrá darte.

Te deseo días de lluvia interna,
de sequía emocional, de sexo
vacío, y mucho amor no correspondido.
Te deseo un amor que no puedas sentir.

Te deseo tantas cosas, amor.
Y espero que si algún día te olvidas de tu
existencia, recurras a mí.
Pregúntame cuando dudes de ti mismo.

Yo podré contar cómo de revueltos son
tus despertares, tus manías, tus sonrisas,
tus sarcasmos y tus idas y venidas.
Yo querré hablar siempre de ti.

Puedo hablar sobre tu forma de atusarte el pelo,
sobre cómo odias los juegos de palabras.
Podré hablar sobre tus sinsentido.
Y quiero hablar de ti. Respirarte.

Quiero recordar tus paseos por mi piel,
mis besos por las líneas de tu existencia.
Y qué bonito fue soñar a tu lado.
Vivir de deseos y domingos apagados.

Puedo desearte una vida vacía como la mía,
pero también desearé que me recuerdes
como yo te recuerdo.
Quiero que sigas viviendo en mí.

Te odiaré, no lo dudes. Siempre y hasta nunca.
Pero también te deseo de mil formas.
Y te recuerdo. Y te amo.
Y te extraño. Y te respiro.

Pero ya ves, amor. Se acabó nuestro momento.
Quédate con tus mentiras, y con tus fulanas de vida vacía.
No me recuerdes, yo lo haré por los dos.
Búscame cuando te canses de esos orgasmos sin sentido.
Estoy bien. Pero no vivo, no disfruto, no siento. Nada acelera mi pulso, nada le da emoción a mi vida. No me siento viva, la monotonía me mata; pero la agradezco. En parte, supongo. Agradezco que se acabaran las noches de insomnio llenas de lágrimas, las horas muertas pensando en tus mentiras, los celos enfermizos por saber que es otra la que te roba los gemidos. Agradezco haber dejado de sentir, pero he llegado al extremo. Ni siquiera nuestra canción me hace enmudecer, ni siquiera ver mi película favorita me hace llorar, nada hace que se me revuelva el estómago; la indiferencia reina en mí. Y es tan agotador tener que fingir que me importa la vida que hay noches en las que quisiera rendirme ante la evidencia de que todo ha perdido aliciente. Todo ha perdido su sabor, los paseos por la playa ya no hacen que se me encoja el alma de placer, los orgasmos ya no saben a nada, el amor dejó de existir en mi vocabulario. Quisiera llorar, quiero llorar, sin más. Derramar lágrimas, sufrir por el final de aquel libro, sonreír por el roce del sol en mi piel, extrañar el verano y amar el invierno. Quiero odiar los sentimientos que despiertas en mí, odiarte, extrañarte, perderme en nuestros recuerdos, enrabietarme por mi inconsciencia. Quiero amar la vida, quiero subidas y bajadas, quiero alguien que me haga enmudecer, reír a carcajadas, morir de la rabia, amar, sentir, gemir; quiero algo que nunca volveré a tener. Me da tanto miedo tener la certeza de que esa clase de amor sólo ocurre una vez en la vida. Quizás deba cambiar mi forma de ver el amor, quizás deba asumir que nada es para siempre y eso es lo que lo hace tan especial. Vivir el momento, exprimir cada sentimiento consciente de que el fin llegará en cualquier instante. Pero realmente no estoy dispuesta, no permitiré volver a dejar que nazcan sentimientos en mí, no quiero volver a tener que decir adiós forzosamente, tener que aceptar que ya nadie me despertará a besos, no estoy dispuesta a volver a vivir hundida en un infierno demasiado grande, volver a sentir como me rompo por completo. No estoy dispuesta a volver a recomponerme, pero seguir vacía y tan muerta. Como ahora.

19 de enero de 2014

Paseo casi cada día por tu portón, y a veces te busco, lo reconozco. Pero si supieras que cada vez que miro puedo volver a sentir aquel primer beso; me volví loca. Loca porque no te quiero, no quiero nada de ti, nada de quien eres ahora. Y puedo decir que estoy bien, pero no que soy feliz. 

¿Cómo te va? ¿Me olvidaste ya? Supongo que fue hace tiempo, y que yo no quise aceptarlo. Me cegué queriendo creer en tus mentiras, y aún a pesar de todo, dejó de merecer la pena. Cada beso perdió su valor, cada caricia estaba hueca y era como la de un
cualquiera. Me conoces y te conozco, somos iguales por desgracia. Ambos vamos de cama en cama viviendo nuestra vida, dejando pisadas por la vida de otros; pero no sé tú, pero yo aún hay veces que te pienso, y mi piel te echa de menos. Crecen los recuerdos en el camino de mi espalda, esperando a que llegues tú para cortarlos de raíz. 

Qué triste fue tener que acabar así, arrasar con todo, no dejar ni siquiera lo bueno que vivimos, ya no habrá más noviembres en mi vida, ya no estarás en las boquillas del tabaco. 

Y siendo sincera conmigo misma, espero que te haga feliz. Feliz como te mereces ser, como yo no pude ni supe. Y ese es el demonio que me atormenta, no haberte sabido mantener a mi lado por no haber sabido hacerte feliz. Quiero que te cuide, que no dejes que nadie te vuelva a hacer derramar ni una lágrima. No cometas el error de dejar que alguien como yo esté en tu vida.

7 de diciembre de 2013

Y la vida sigue, sin ti, sin nada ni nadie que me diga a dónde debo dirigirme. Pero quizás ese sea el verdadero logro; hacer tu camino por ti mismo, luchar por cada paso que des adelante, evitar retroceder, no mirar atrás, romper las piedras del camino, disfrutar de los buenos recuerdos y guardar los malos en aquella caja al fondo del cajón.

Pero a pesar de mi avance, aún me quedan fotos pendientes con tu sonrisa, fotos donde queden guardados segundos de felicidad a gran escala; canciones por escuchar a tu lado, discutir por el lado de la cama, el tuyo siempre será el derecho. Y qué bonito fue quererte y dejar que me quisieras; a pesar de que ya no pretendo tenerte, te quise más de lo que el Sol ama a la Luna. Te deseé, te necesité, te amé tan desesperadamente que hasta dolía; pero era un dolor tan dulce y gratificante que hubiera muerto mil veces porque me hubieses vuelto a doler de aquella extraña manera.

Sé que siempre dolerás, amor; sé que, en el fondo, siempre te querré, amor; sé que te he olvidado, mi amor; pero nunca dudes que en el fondo de aquel odioso cajón tengo guardados aquellos maravillosos segundos de felicidad a tu lado.

6 de diciembre de 2013

Y he descubierto que hay lecciones que el tiempo y la vida no enseñan, que a veces el dolor no nos ayuda a madurar y a decir 'adiós', que el amor es otra circunstancia más de nuestra existencia y que ni siquiera nosotros mismos seríamos capaces de abrir los ojos para ver el mundo en su plenitud.

A veces, sólo basta una frase, una palabra, un toque de atención, otro punto de vista para darnos cuenta de que estamos haciendo mal. A veces un simple cambio de enfoque hace que nos demos cuenta de que esa canción no es tan perfecta, de que esa persona no es como realmente creemos, de que el amor en sí somos nosotros mismos amando a una mentira. Pero, ¡qué maravillosa mentira!

Quizás estemos hechos para amar una sola vez, sólo una durante nuestra vida. O quizás ese sea el pensamiento de una idealista enamorada de sus recuerdos, de la brisa del aire, del movimiento del mar, ¿quién sabe? Quizás dentro de unos años, tres lustros o siete vidas, vuelva a enamorarme tan locamente como aquella primera vez.

Pero ahora, no ahora sería imposible, ahora busco enamorarme a mí misma, quererme, lamerme la heridas. Buscar un libro distinto para llevarme a la cama cada noche, encontrar una canción perfecta al mes, beber café mientras observo cómo el tiempo es relativo, disfrutar del sexo sin compromiso, compensar mis lágrimas con sonrisas, besarme el alma y por fin saber que si no vuelvo a encontrar el amor dará igual porque ya me quiero yo con toda mi alma sana y cicatrizada.

21 de noviembre de 2013

Paulo Coelho

"Dicen que a lo largo de nuestra vida tenemos dos grandes amores: uno con el que te casas o vives para siempre, puede ser el padre o la madre de tus hijos…Esa persona con la que consigues la compenetración máxima para estar el resto de tu vida junto a ella.

Y dicen que hay siempre, un segundo amor una persona que perderás siempre, alguien con quién naciste conectado, tan conectado que las fuerzas de la química escapan de la razón y te impedirán siempre, alcanzar un final feliz.

Hasta que cierto día dejarás de intentarlo…Te rendirás y buscarás a esa otra persona que acabarás encontrando, pero te aseguro que no pasarás ni una sola noche, sin necesitar otra beso suyo o tan siquiera discutir una vez más.

Ya sabes de quién que estoy hablando, porque mientras estabas leyendo esto, te ha venido un nombre a la cabeza. Te librarás de él o de ella, dejarás de sufrir, conseguirás encontrar la paz (será sustituido por la calma), pero te aseguro que no pasará ni un solo día en que desearás que este aquí para perturbarte.

Porque a veces se desprende más energía discutiendo, con alguien a quien amas, que haciendo el amor con alguien al que aprecias.”

Me encanta.

"Cuando sepas de mí, tú disimula. No les cuentes que me conociste, ni que estuvimos juntos, no les expliques lo que yo fui para ti, ni lo que habríamos sido de no ser por los dos. Primero, porque jamás te creerían. Pensarán que exageras, que se te fue la mano con la medicación, que nada ni nadie pudo haber sido tan verdad ni tan cierto. Te tomarán por loca, se reirán de tu pena y te empujarán a seguir, que es la forma que tienen los demás de hacernos olvidar.

Cuando sepas de mí, tú calla y sonríe, jamás preguntes qué tal. Si me fue mal, ya se ocuparán de que te llegue. Y con todo lujo de detalles. Ya verás. Poco a poco, irán naufragando restos de mi historia contra la orilla de tu nueva vida, pedazos de recuerdos varados en la única playa del mundo sobre la que ya nunca más saldrá el sol. Y si me fue bien, tampoco tardarás mucho en enterarte, no te preocupes. Intentarán ensombrecer tu alegría echando mis supuestos éxitos como alcohol para tus heridas, y no dudarán en arrojártelo a quemarropa. Pero de nuevo te vendrá todo como a destiempo, inconexo y mal.
Qué sabrán ellos de tu alegría. Yo, que la he tenido entre mis manos y que la pude tutear como quien tutea a la felicidad, quizás. Pero ellos... nah.

A lo que iba.

Nadie puede imaginar lo que sentirás cuando sepas de mí. Nadie puede ni debe, hazme caso. Sentirás el dolor de esa ecuación que creímos resuelta, por ser incapaz de despejarla hasta el final. Sentirás el incordio de esa pregunta que jamás supo cerrar su signo de interrogación. Sentirás un qué hubiera pasado si. Y sobre todo, sentirás que algo entre nosotros continuó creciendo incluso cuando nos separamos. Un algo tan grande como el vacío que dejamos al volver a ser dos. Un algo tan pequeño como el espacio que un sí le acaba siempre cediendo a un no.

Pero tú aguanta. Resiste. Hazte el favor. Háznoslo a los dos. Que no se te note. Que nadie descubra esos ojos tuyos subrayados con agua y sal.

Eso sí, cuando sepas de mí, intenta no dar portazo a mis recuerdos. Piensa que llevarán días, meses o puede que incluso años vagando y mendigando por ahí, abrazándose a cualquier excusa para poder pronunciarse, a la espera de que alguien los acogiese, los escuchase y les diese calor. Son aquellos recuerdos que fabricamos juntos, con las mismas manos con las que construimos un futuro que jamás fue, son esas anécdotas estúpidas que sólo nos hacen gracia a ti y a mí, escritas en un idioma que ya nadie practica, otra lengua muerta a manos de un paladar exquisito.

Dales cobijo. Préstales algo, cualquier cosa, aunque sólo sea tu atención.

Porque si algún día sabes de mí, eso significará muchas cosas. La primera, que por mucho que lo intenté, no me pude ir tan lejos de ti como yo quería. La segunda, que por mucho que lo deseaste, tú tampoco pudiste quedarte tan cerca de donde alguna vez fuimos feliz. Sí, feliz. La tercera, que tu mundo y el mío siguen con pronóstico estable dentro de la gravedad. Y la cuarta, -por hacer la lista finita-, que cualquier resta es en realidad una suma disfrazada de cero, una vuelta a cualquier sitio menos al lugar del que se partió.

Nada de todo esto debería turbar ni alterar tu existencia el día que sepas de mí. Nada de todo esto debería dejarte mal. Piensa que tú y yo pudimos con todo. Piensa que todo se pudo y todo se tuvo, hasta el final.

A partir de ahora, tú tranquila, que yo estaré bien. Me conformo con que algún día sepas de mí, me conformo con que alguien vuelva a morderte de alegría, me basta con saber que algún día mi nombre volverá a rozar tus oídos y a entornar tus labios. Esos que ahora abres ante cualquiera que cuente cosas sobre mí.

Por eso, cuando sepas de mí, no seas tonta y disimula. Haz ver que me olvidas. Y me acabarás olvidando. De verdad."

10 de noviembre de 2013

Único amor.

He descubierto que siento dolor por el simple hecho de que sé que una circunstancia, una frase o un gesto duelen y yo debo reaccionar de esa manera. Siento dolor porque mi mente me dice que debo sentirlo, pero realmente nada duele. No siento dolor. No siento nada, qué triste. Me he quedado vacía, como un amor de verano que se guarda en ese cajón polvoriento lleno de recuerdos importantes sin importancia. Y repito, qué triste. Siempre tuve la esperanza de volver a sufrir, de llorar de emoción al terminar un libro, de volver a amar y recordar con cariño cada mentira que creí cierta. Y es en este preciso instante, ahora mismo, cuando descubro que se ama por completo una sola vez en la vida. El resto de amores son intentos de entregarle un corazón incompleto a alguien que nos hace permanecer estables. Pero todos sabemos que el amor verdadero es ese que te vuelve loco, ese que hace que salga lo peor de ti, esa faceta tuya desconocida, te hace ser odioso, desquiciante, mortífero, increíble, petulante y asquerosamente romántico.
Y tengo la mísera certeza de que dedicamos el resto de nuestra vida a buscar esa pieza que dimos a aquel amor verdadero. Primer amor lo llaman. Único amor lo llamo yo.

18 de julio de 2013

Me agarró por los hombros y zarandeó mis sueños, tiró al suelo mis ilusiones.  Pero cuánto amor había en cada mirada de odio que cruzábamos, cuánto amor había en cada palabra hiriente que dijimos. Cuánto rencor en cada caricia que aún sobrevivía e inexplicablemente, yo le amaba. Amaba su odioso orgullo, su corazón traficante de sentimientos,  insensible, olvidadizo.
Y yo misma me encargué de romper nuestro puzzle de recuerdos, y no le importó. A mí tampoco, hubiera jurado; pero ahora duele. Duele como aquel adiós punzante de sus labios, como tantos días vacíos esperando.
Y esperé y, posiblemente aún espero; no quieras saberlo, amor.

6 de abril de 2013

Ellos dos se amaban en secreto. Era su secreto, sólo de ellos dos.
Besos a escondidas, sin fotos para recordar por las noches,
sin tardes de paseos por las calles ni una fecha que les recuerde.
Y que triste fue aquel 'adiós' que tan común se había vuelto.

Él ya no ocuparía aquel sitio en su cama y ella no volvería a dejar de
llorar por lo que su imaginación no pudo cumplir. Y que triste fue aquel beso,
y que doloroso fue no saber si realmente sería el último.
¿Quién secaría sus lágrimas ahora que él ya no estaba?

Sus caminos ya no conducían al mismo destino, aquellos planes de futuro
se rompieron en pedazos. Y que triste fue sentir que su corazón ya no tenía
un sentido para latir. Sus caricias ya no estaban dedicadas y cada frase
ya no tenía destinatario.

Otros brazos curarían el dolor, otro cuerpo recibiría el amor que era sólo
de ellos dos. Y que triste fue saber que todo se había perdido, saber
que realmente él ya no volvería aquella vez. Y que triste fue saber que
aquel 'adiós' dejó de ser un 'hasta pronto'.

21 de enero de 2013


Nunca nadie quiso ver lo que había más allá de tanta sonrisa. Nadie supo abrazar todo ese miedo que ella desprendía. Ni ella misma sabía qué hacer con tanto amor desacompasado.
Quizás no fue su momento o quizás, simplemente, tal y como ella pensaba, no estaba hecha para ser amada. Sólo para amar. Ella había querido, había jugado al amor; pero amar, sólo había amado una vez. Fue una de esas veces en las que tu alma ya no te pertenece. Le entregas todo a la otra persona, cada lágrima, cada respiración deja de ser tuya. Hasta tu existencia pasa a formar parte de él. Ella amó de la única forma que se podía amar, locamente. Irracional. Descontrolada. Lujuriosamente. Con cada célula que formaba su cuerpo. Sincronizó cada pensamiento manteniendo el ritmo con su corazón para que mente y alma coincidieran. Él era su dueño. Todo se lo debía, cada sonrisa, cada sentimiento, cada amanecer. Ella sería siempre de él.
Sabía que se iría, siempre lo supo. Él era demasiado libre, demasiado perfecto para ella. Ella siempre pensó que no le merecía. Siempre supo que acabaría dándose cuenta y se iría. Y no falló. Se fue. Se quedó rota, no quedó nada de ella, nada de esa alegría, nada. No quedó ni una lágrima que derramar. Todo se volvió negro, los días pasaban con el propósito de seguir adelante. Ella siempre le esperaría, aunque sabía que nunca volvería. Ella le amaba de la única forma que se podía amar. Eternamente. Para siempre. Como aman los locos, con cada parte de su existencia. Ella le dedicaba cada lágrima, cada gesto y cada noche a su recuerdo. Y no quedó nada más que unas cuantas fotos y millones de recuerdos. Recuerdos que sólo hacían daño, volvían cada noche para romper los pedazos que aún seguían unidos. Pero le daba igual, todo le daba igual si él estaba bien. Le daba igual todo y le sigue dando igual todo.
Ahora, todo ha cambiado. Ella sigue con su vida, le ama como le amó desde el primer día; pero intenta olvidar. Sabe que es inútil, pero le da igual. Todo le da igual si él está bien. De él depende todo. Todo gira en torno a él.
Lo que nadie sabe es que ella sigue llorando todas las noches, que le duele cada sonrisa porque son todo mentiras. Lo que nadie sospecha es que ella le sigue amando como el primer día, que sigue pensando que es el amor de su vida. Lo que ni si quiera ella sabe es que le seguirá amando hasta su último día de vida. Porque ella le ama de la única forma que se puede amar, para siempre. Ella le juró un para siempre y, aunque él ya la haya olvidado, ella lo cumplirá. Él seguirá siendo su primer y último pensamiento cada día. Él seguirá siendo el amor de su vida. Ella nunca le olvidará. Yo nunca le olvidaré.

20 de octubre de 2012

Puede que vuelva a amar, puede que no encuentre a nadie para mi, puede que me vuelva a enamorar, puede que vuelva a caer, puede que vuelva a pasar las largas tardes de domingo con alguien o puede que no vuelva a sentir nada nunca más. Puede tantas cosas. Puede ser que nos volvamos a ver, dentro de unos años, de muchas vidas, de muchos dolores vividos. Puede que cuando te vea no recuerde tu nombre y tú no sepas quien fui. Puede que olvide hasta mi existencia por no saber olvidarte. Demasiados quizás a tu alrededor, demasiados puede, demasiados sentimientos vacíos y noches de soledad. Demasiado llanto para... no, el llanto es el justo. Mismo dolor, mismo llanto. Mismas ganas de desaparecer, mismo sentimiento de culpa. Culpa que me come, que me ata y no me suelta. Culpa de no haberte sabido amar hasta que te perdí, culpa de saber que nunca te di lo que merecías. Culpa de saber que no fui lo suficiente para ti. 
Y si me ves llorar, no te pares. Sigue. No dudes. Aunque te duela, aunque me eches de menos y yo me muera por un segundo de tu presencia. No te pares, porque en algún momento te volverás a ir. Como haces siempre, como llevas haciendo desde que dejaste de quererme. Y si alguna vez los recuerdos te atormentan, no sufras. Llegará quien te haga olvidar, quien te robe los besos que yo no me merezco. Llegará ella, no sé como será ni cuando llegará, sólo sé que hará que me olvides, te hará volar como yo no supe, te querrá como yo no pude. Y sí, te quiero. Te quiero hasta sentir que me quedo vacía por dentro. Te quiero hasta confundir mi respiración con cada movimiento. No me preguntes nada, no sé nada ni de mi misma. No sé porque te quiero aún, no sé porque no soy capaz de avanzar, no sé porque sigo queriéndote como el primer día. No sé porque aún me permito seguir enamorada. No sé nada, olvídame. Dame motivos para odiarte, necesito odiarte. Quiero odiarte, no encuentro otra manera de seguir sin ti. No quiero dedicarte más noches con lágrimas, no quiero dedicarte más días recordándote. No te haces una idea del dolor con el que se puede llegar a sobrevivir. Esto no me lleva a ninguna parte, ni siquiera sé por qué escribo. No pretendo llegar lejos ni ser nadie, sólo quiero encontrar la forma de rebajar esta presión que llevo dentro.

18 de agosto de 2012

Ya no queda nada que sentir, mi amor. Todo lo que un día fuimos se perdió. Ya no hay amor ni nada por lo que luchar, ya no nos queda nada por cumplir ni desear.
Dueles como el primer día y cada vez quemas más. No hay distancia culpable, nosotros fuimos el error. Perdón. Perdón por todo el daño que te hice, por cada momento perdido a tu lado.
Nunca dudes de cuanto te amo y de que lo haré siempre. No pienses que te olvido, sigues siendo el amor de mi vida. Ese amor que prometía ser para siempre, pero se quedó en el camino. 

13 de marzo de 2012

La vida da tantas vueltas... Jamás pensé que podría volver a enamorarme, tampoco lo tenía pensado. Lo que está más que claro es que no puedes asegurar nada cuando aún lo ves todo negro,  no lo cumplirás. 
Me destrozó tanto por dentro el haberte perdido, el habértelo dado todo sin recibir nada y acabar con menos que cuando empecé. Juré y perjuré que no volvería a creer en eso llamado 'amor', pero mírame, enamorada e ilusionada de nuevo. Con nuevos miedos, nuevas metas, nuevas esperanzas y nuevos sentimientos a su lado. Me costó tanto recomponerme y levantarme, pero lo conseguí sin ti. Y ahora me veo invencible, invencible por mi misma, por haber podido con el dolor, con tu pérdida y con el desamor. Soy invencible, pero sé que ya nada será igual. La experiencia se cimienta en errores y dolores del pasado, mi experiencia se basa en ti y no me deja disfrutar como debiera de las nuevas oportunidades que me da la vida, pero a pesar de los inconvenientes sé que no volveré a sufrir, y menos por ti.
Le tengo a él, ya me da igual. Sé que mi pasado estará ahí siempre, sé que siempre estarás ahí y que aparecerás cuando menos lo espere, y créeme que no te odio ni te guardo rencor, ya todo quedó atrás y gracias a ti ahora soy quien soy. Gracias y adiós.

11 de marzo de 2012

Son demasiadas cosas las que me recuerdan a ti y las que no soy capaz de recuperar por miedo de recordarte. Temo tanto volverte a ver y sentir de nuevo todo el pasado retorciéndome el corazón. Eres esa parte odiosa y perfecta de mi vida, fue tan increíble; pero fuiste tú quien decidió que era demasiado fácil estar juntos. 
Vete, prometo que nos volveremos a encontrar. Cuando menos lo esperes, apareceré y te darás cuenta de cuánto me has querido todo este tiempo. 
Hasta entonces cuídate y adiós. O mejor, dejémoslo en un 'hasta pronto'.

19 de noviembre de 2011

Puede que este sea el fin de mi blog. Ya no tengo ese dolor acumulado, ya no tengo inspiración, encontré a alguien que me alivia y me calma, encontré mi cura. Él ya desapareció de mi vida y de mis recuerdos. Ya no pienso en él y si por algún casual lo hago no siento nada. 
Supongo que lo único que me queda pendiente es pedirle perdón, ni siquiera quiero saber su respuesta. Pedirle perdón por si le hecho alguna vez daño, por todo lo que le he hecho pasar, por no haber sabido valorar todo lo que hizo por mí. Contarle que cuando le perdí supe todo lo que él se esforzó por mi. Me tomaré mi tiempo para escoger las palabras adecuadas, para ser valiente,... Y darle las gracias por todo lo que me ha enseñado, por convertirme en quien ahora soy. 

15 de noviembre de 2011


Vuelve y al menos inventa una despedida, finjamos que la tuvimos.

28 de octubre de 2011



Puede que haya encontrado a otro que esté llenando el vacío que dejaste. Puede que surja de nuevo el amor en mi vida, le dejé la puerta abierta, ¿por qué no? No creas que es tu sustituto, él es diferente a su manera. Me encanta cuando me mira y el silencio es lo que nos llama a darnos un beso. Me encanta cuando ríe, cuando me gasta una broma y rompe a carcajadas porque me enfadé, me encanta cuando me dice lo perfectamente imperfecta que soy. 
Pero no es lo mismo. Tú no eras sólo un amor, eras mi consuelo. Secabas cada lágrima, escuchabas atento cada problema imposible, buscabas solución a la ecuación. Te quería, te juro que te quería como a nadie. Y ahora, no sé si te quiero. Digamos mejor que ya asumí que no volverás, que no estarás ahí. Aprendí a vivir sin ti. ¿Y sabes mi amor? Te quiero, pero le digo adiós a tu adiós.





20 de octubre de 2011

Y ya que no quieres dedicarme un segundo de atención plasmo aquí el lastre que llevo dentro. Lo intenté, los dos lo sabemos. Sé que tu orgullo es más fuerte, y puede que con el tiempo los motivos hayan ido aumentando, pero yo también soy persona y pasé por encima de todas las razones; que aunque no sean las mismas que las tuyas queman.


Puede que me equivoque o tal vez no, pero con el tiempo se suavizará la situación y querrás limpiar tu conciencia como siempre has estado haciendo, queriendo quedar libre de pecado y ya será tarde. Demasiado.


Y si por algún casual tu soberbia prevalece siéntete orgulloso de ti mismo, que a diferencia de ti yo estaré sin remordimientos.