Ya no me miras, tampoco quiero que lo hagas. ¿O tal vez sí? Sí, quiero. Un poco, sólo un poco. De refilón. Como me mirabas cuando estaba enfadada contigo, como cuando me decías lo idiota que era por enfadarme. Como cuando era tu tonta y me querías por encima de todo.
Quiero que vuelvas a mirarme como antes. Con amor, con deseo, con pasión. Déjame ver nuestro futuro en tus ojos. Quiero que me vuelvas a hacer sentir que aún queda algo en pie, que esto es sólo un mal momento. ¡Abrázame, joder! No me sueltes, por favor. No puedo más, de verdad que no puedo. Siento que el mundo se me viene encima y tú no estás para hacerme fuerte. Ya todo perdió el sentido.
Lo arriesgué todo por ti, lo sabes. Curé mis heridas, reconstruí mi vida, supe ser fuerte, seguí adelante; pero lo puse todo en tus manos. Puse cada segundo de mi vida a tu antojo.
Te amé demasiado y esa es mi culpa. Saber que te seguiré queriendo a pesar del tiempo, a pesar de que ya nada quede de nosotros.
Duele y no sabes cuanto saber demasiado de todo esto.
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