Y la vida sigue, sin ti, sin nada ni nadie que me diga a dónde debo dirigirme. Pero quizás ese sea el verdadero logro; hacer tu camino por ti mismo, luchar por cada paso que des adelante, evitar retroceder, no mirar atrás, romper las piedras del camino, disfrutar de los buenos recuerdos y guardar los malos en aquella caja al fondo del cajón.
Pero a pesar de mi avance, aún me quedan fotos pendientes con tu sonrisa, fotos donde queden guardados segundos de felicidad a gran escala; canciones por escuchar a tu lado, discutir por el lado de la cama, el tuyo siempre será el derecho. Y qué bonito fue quererte y dejar que me quisieras; a pesar de que ya no pretendo tenerte, te quise más de lo que el Sol ama a la Luna. Te deseé, te necesité, te amé tan desesperadamente que hasta dolía; pero era un dolor tan dulce y gratificante que hubiera muerto mil veces porque me hubieses vuelto a doler de aquella extraña manera.
Sé que siempre dolerás, amor; sé que, en el fondo, siempre te querré, amor; sé que te he olvidado, mi amor; pero nunca dudes que en el fondo de aquel odioso cajón tengo guardados aquellos maravillosos segundos de felicidad a tu lado.
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