Paseo casi cada día por tu portón, y a veces te busco, lo reconozco. Pero si supieras que cada vez que miro puedo volver a sentir aquel primer beso; me volví loca. Loca porque no te quiero, no quiero nada de ti, nada de quien eres ahora. Y puedo decir que estoy bien, pero no que soy feliz.
¿Cómo te va? ¿Me olvidaste ya? Supongo que fue hace tiempo, y que yo no quise aceptarlo. Me cegué queriendo creer en tus mentiras, y aún a pesar de todo, dejó de merecer la pena. Cada beso perdió su valor, cada caricia estaba hueca y era como la de un
cualquiera. Me conoces y te conozco, somos iguales por desgracia. Ambos vamos de cama en cama viviendo nuestra vida, dejando pisadas por la vida de otros; pero no sé tú, pero yo aún hay veces que te pienso, y mi piel te echa de menos. Crecen los recuerdos en el camino de mi espalda, esperando a que llegues tú para cortarlos de raíz.
Qué triste fue tener que acabar así, arrasar con todo, no dejar ni siquiera lo bueno que vivimos, ya no habrá más noviembres en mi vida, ya no estarás en las boquillas del tabaco.
Y siendo sincera conmigo misma, espero que te haga feliz. Feliz como te mereces ser, como yo no pude ni supe. Y ese es el demonio que me atormenta, no haberte sabido mantener a mi lado por no haber sabido hacerte feliz. Quiero que te cuide, que no dejes que nadie te vuelva a hacer derramar ni una lágrima. No cometas el error de dejar que alguien como yo esté en tu vida.
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