23 de febrero de 2014

Estoy bien. Pero no vivo, no disfruto, no siento. Nada acelera mi pulso, nada le da emoción a mi vida. No me siento viva, la monotonía me mata; pero la agradezco. En parte, supongo. Agradezco que se acabaran las noches de insomnio llenas de lágrimas, las horas muertas pensando en tus mentiras, los celos enfermizos por saber que es otra la que te roba los gemidos. Agradezco haber dejado de sentir, pero he llegado al extremo. Ni siquiera nuestra canción me hace enmudecer, ni siquiera ver mi película favorita me hace llorar, nada hace que se me revuelva el estómago; la indiferencia reina en mí. Y es tan agotador tener que fingir que me importa la vida que hay noches en las que quisiera rendirme ante la evidencia de que todo ha perdido aliciente. Todo ha perdido su sabor, los paseos por la playa ya no hacen que se me encoja el alma de placer, los orgasmos ya no saben a nada, el amor dejó de existir en mi vocabulario. Quisiera llorar, quiero llorar, sin más. Derramar lágrimas, sufrir por el final de aquel libro, sonreír por el roce del sol en mi piel, extrañar el verano y amar el invierno. Quiero odiar los sentimientos que despiertas en mí, odiarte, extrañarte, perderme en nuestros recuerdos, enrabietarme por mi inconsciencia. Quiero amar la vida, quiero subidas y bajadas, quiero alguien que me haga enmudecer, reír a carcajadas, morir de la rabia, amar, sentir, gemir; quiero algo que nunca volveré a tener. Me da tanto miedo tener la certeza de que esa clase de amor sólo ocurre una vez en la vida. Quizás deba cambiar mi forma de ver el amor, quizás deba asumir que nada es para siempre y eso es lo que lo hace tan especial. Vivir el momento, exprimir cada sentimiento consciente de que el fin llegará en cualquier instante. Pero realmente no estoy dispuesta, no permitiré volver a dejar que nazcan sentimientos en mí, no quiero volver a tener que decir adiós forzosamente, tener que aceptar que ya nadie me despertará a besos, no estoy dispuesta a volver a vivir hundida en un infierno demasiado grande, volver a sentir como me rompo por completo. No estoy dispuesta a volver a recomponerme, pero seguir vacía y tan muerta. Como ahora.

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