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23 de febrero de 2014

Te deseo.

Te deseo.
Sí, te deseo alguien que te ame.
Alguien que te haga feliz, que,
sin pretenderlo, te haga sonreír en sueños.

Te deseo lágrimas y sufrimiento,
risas y felicidad, te deseo
mentiras y mis recuerdos en
tus despertar.

Te deseo vivir conmigo en tu
subconsciente. Que busques lo
que en mí encontraste y que
ninguna otra podrá darte.

Te deseo días de lluvia interna,
de sequía emocional, de sexo
vacío, y mucho amor no correspondido.
Te deseo un amor que no puedas sentir.

Te deseo tantas cosas, amor.
Y espero que si algún día te olvidas de tu
existencia, recurras a mí.
Pregúntame cuando dudes de ti mismo.

Yo podré contar cómo de revueltos son
tus despertares, tus manías, tus sonrisas,
tus sarcasmos y tus idas y venidas.
Yo querré hablar siempre de ti.

Puedo hablar sobre tu forma de atusarte el pelo,
sobre cómo odias los juegos de palabras.
Podré hablar sobre tus sinsentido.
Y quiero hablar de ti. Respirarte.

Quiero recordar tus paseos por mi piel,
mis besos por las líneas de tu existencia.
Y qué bonito fue soñar a tu lado.
Vivir de deseos y domingos apagados.

Puedo desearte una vida vacía como la mía,
pero también desearé que me recuerdes
como yo te recuerdo.
Quiero que sigas viviendo en mí.

Te odiaré, no lo dudes. Siempre y hasta nunca.
Pero también te deseo de mil formas.
Y te recuerdo. Y te amo.
Y te extraño. Y te respiro.

Pero ya ves, amor. Se acabó nuestro momento.
Quédate con tus mentiras, y con tus fulanas de vida vacía.
No me recuerdes, yo lo haré por los dos.
Búscame cuando te canses de esos orgasmos sin sentido.

4 de noviembre de 2011

Cuando me dabas besos y desconocía la magnitud de mi felicidad, flotaba contigo. Me miraste como nadie nunca me ha mirado, tengo tus ojos clavados en mi mente, tus aires de invencible, tu bienvenida en mis días grises, mis ganas de verte... Ojalá te hubiera conocido en otra época, la magia de tu ser desconocido para cualquiera me hechizó de por vida. Quisiera cogerte de la mano, olvidar todo lo malo, perdonar mis errores por siempre, devolverle los golpes a quienes nos quisieron separar, hacerte sonreír y volver a ser extrañada por tus ojos, pero a un paso del vacío estoy. 

Extraño nuestras charlas intermitentes e infinitas, seguir viéndote aunque no estuvieras. El más bello del mundo... Recuerdo cuando hicimos el amor, quedándonos dormidos, acurrucados y rebosantes de paz, con el mejor despertar imaginado, viendo tus tiernos rasgos, recitando lo que momentos antes habíamos gritado. El mejor poema jamás escuchado. ¿Puedes acordarte de cuando al tocarnos sentíamos vértigo? ¿Cuando el amor que nos dábamos lo eclipsaba todo? Yo sí puedo.

31 de octubre de 2011

- Espero que esto siga así.
+ Segurísimo. ¿Qué esperas de esto?
- Espero poder seguir viéndote, conocerte mejor, conseguir que confíes en mi y llegar a más. ¿Era eso lo que me preguntabas?
+ Si es lo que pensabas, sí.
- Y tú, ¿qué esperas?
+ Me gustaría poder seguir adelante con lo que fuera, pero tengo miedo.
- ¿Por qué?
+ Miedo de volver a fallar, de volver a sentir y que se quede en nada. No quiero volver a sufrir. 
- No tengas miedo, conmigo no sufrirás te lo aseguro. Me gustas y estoy seguro de que esto llegará lejos. Cuando hemos estado juntos me ha gustado, me he sentido bien, me gusta estar contigo. 
+ Pero no lo entiendo. ¿Cómo alguien como tú puede fijarse en alguien como yo?
- Explícame eso, por favor.
+ Tengo mil defectos y hay mil mujeres mucho más guapas que yo, y con tu forma de ser y tu cuerpo podrías estar con quien quisieras.
- ¿Por dónde empiezo? Eres guapa, buena persona, y me encantas. Tú y tus defectos. Además, yo también tengo defectos. He estado con mujeres muy guapas de esas con las que vacilas delante de los amigos pero ninguna como tú. De que me sirve un cuerpo si no me compensa la personalidad. Por muy guapas que fueran no eran ni la mitad de buenas que tú.
+ No sé que decir. 
- Sólo te he dicho lo que pienso...

26 de octubre de 2011

Sí, tengo miedo. Miedo de volver a chocar contra un muro, de volver a caer con esa piedra, de no poder recomponer esta vez los pedazos. Miedo del amor. Ese gran desconocido en mi vida.


Quiero sentir unas mariposas nuevas, desechar las viejas. Sentir la tensión en el aire por ver quien roba el primer beso. Notar el vértigo al sentir el mínimo contacto, embarcarme en tus ojos y no cansarme jamás. Darte mil besos sin ningún porque, despertarme y que tú seas lo primero que vea, notar tu respiración en mi cuello, conseguir agitarte con cada caricia. Contar cada imperfección como la más maravillosa de tus virtudes. Compartir contigo cada sentimiento, sentir juntos cada temor. Desaparecer y que al volverme a ver salga tu sonrisa más sincera porque me echaste de menos. Recibir un abrazo sin aviso, preguntarte el porque y recibir como respuesta un beso. Sí, un beso.



1 de octubre de 2011




El sexo es como un chicle. Las primeras veces que lo pruebas te resulta placentero e incluso orgásmico, poco a poco con el paso del tiempo y aun cambiando de “sabores” y “marcas” acaba resultandote insípido y monótono… Aún así, nunca dejas de quierer “CHICLE”.


Juguemos a un juego, tu juego. Se llama seducción, sólo existe una regla: El primero que se enamore, pierde.

15 de septiembre de 2011

Descontrol 2

¿Qué pasa?¿Dónde estoy? Abro los ojos desorientada. Es la cama de mis padres. Noto una respiración lenta. Levanto la cabeza y te veo a ti. Sonrío, no lo puedo evitar. Veo tu cara, tus carnosos labios, tus grandes ojos cerrados, tu cuerpo. Exhaustos de una apasionante noche juntos. Noto el peso de tu brazo rodeando mi cuerpo. No quiero que despiertes nunca, te quiero para mi. 
Aún es temprano... intento dormir pero te tengo enfrente como tantas veces en mis mejores sueños. No puedo cerrar los ojos, no quieren cerrarse ¡se niegan! Quieren recoger cada segundo de este momento en mi mente. 
¿Qué es ese ruido? Mi corazón desbocado. No puede parar. Se me va a salir del pecho. Quiero llorar, quiero gritar a los cuatro vientos que has sido mío, quiero deborarte a besos, volver a recorrer tu cuerpo hasta aprenderme cada milímetro de tu anatomía. 
Te quiero, ¿no lo notas? Te quiero ¿Por qué? No lo sé. Te quiero, ¿por qué no lo entiendes? Te quiero. Te quiero. Te quiero...

14 de septiembre de 2011

Descontrol


Me quema la garganta. Hace frío pero me siento bien. Me siento... ¿feliz? No, tanto no. Todos mis problemas se han eclipsado. Me río sin motivo. La cabeza me da vueltas. Mil vueltas. Escucho una voz de fondo que me pide que pare. No quiero, me siento bien ¿por qué iba a parar?¿Cuántos llevo? Seis, siete chupitos de anís. Sin contar los dos chupitos de absenta que me he tomado. Me da igual. Me sigo riendo. Dejo que el alcohol se apodere de mi cuerpo. Me quita la botella. Me enfado y empiezo a decir cosas sin sentido, al menos para mi. Veo como cambia su cara, se enfada conmigo. El pobre lo que me tiene que aguantar. Pero me da igual, él se ha borrado de mi mente por unos instantes.
Me mete en el coche como puede. Me tumbo y vuelvo a reírme. ¿Dónde estoy? Es mi portón. Me siento triste, enfadada, quiero verle. Me siento y empiezo a llorar. No puedo parar. ¿Por qué? Todo iba muy bien. Le pido que le llame. Necesito verle. Escucho más de una voz de fondo, ya llegó. Siento como alguien se sienta a mi lado. Mi corazón late descontroladamente. Es él.
No le dejo ni hablar y empiezo a decirle que lo siento. No era mi intención hacerle daño. Me desvío del tema. Le digo que le quiero, que no le he podido olvidar. Le digo todo. Intenta abrazarme pero no le dejo, me aparto. Los demás se van. Y él me sigue consolando. ¿Por qué lo hace? No lo entiendo. Se supone que sólo somos amigos...
Calor, tengo mucho calor. Me desabrocho los dos primeros botones de la blusa. Él me mira desconcertado, no sabe que hacer. Me coge en brazos y sube los cinco pisos que hay hasta mi casa, soportando mi pataleta y mis golpes. Saca las llaves de mi bolso y entra. Me lleva hasta la cama grande. Se echa y descansa un momento. Le propongo que se quede a dormir. Se lo piensa pero finalmente acepta. Empezamos a hablar. Me dice que le duele la espalda. Me pide un masaje. ¿Resistirme a poder tocar su cuerpo? Imposible.
Empiezo suavemente acariciando sus hombros. Acercándome lentamente a su oído, dejo que note mi respiración acelerada. Bajo lentamente hasta su cintura y vuelvo a subir.Le deseo y él lo sabe. Se empieza a notar el calor. Suavemente masajeo sus fuertes brazos echándome sobre él. Me encanta, no quiero que se acabe nunca. Me vuelvo a acercar a su oído y suavemente le pido que me compense. Con un movimiento ágil se pone encima mía. Es mi turno. Me echo boca abajo. Me quito el sujetador dejando a su imaginación la parte delantera de mi torso. Con sus grandes y delicadas manos empieza con el mismo ritual que yo. De arriba abajo y lentamente, siempre lentamente. Noto como presiona mi cuerpo. Hay cierta química. Saltan chispas. Conduce sus manos por debajo de mi cuerpo hasta llegar a mi busto. Pienso que no será capaz, que se dentendrá pero no es así. Continúa masajeando mi pecho. Me río. Es una risa nerviosa, ciertamente me gusta esa sensación. Me sujeta con firmeza. Un acalorado escalofrío recorre mi cuerpo. No puedo evitarlo, me doy la vuelta. Le miro fijamente. El tiempo se detiene, ninguno de los dos sabe que pasará. Ninguno de los dos sabe que hacer.
Dulcemente le tumbo en la cama y acerco mis labios a los suyos. Todas mis cartas sobre la mesa. Llevo un año esperando este momento. Se quitará o continuará. Me la juego no pienso dudar ahora. Junto mis labios con los suyos. Siento como él también presiona sus labios con los míos. No recordaba lo carnosos de sus labios, lo cálidos, dulces y sensuales que eran. ¿Cien besos seguidos? Quién sabe.. Sólo sé que volví a ser feliz. La misma felicidad que sentí cuando estuvimos juntos. La única felicidad que he conocido.
No puedo evitarlo mis manos bajan hasta los botones de su pantalón. Me doy la vuelta y poso todo su peso en mi. Me encanta sentir su cuerpo en contacto con el mío. Él temina de quitarse los pantalones y va directo a los míos. Acabamos desnudos uno enfrente del otro, sin nada que ocultar. No puedo parar de mirarle su perfecto cuerpo. No se puede imaginar cuánto le deseo. Le vuelvo a mirar fijamente sabiendo que esa sería la mejor noche de mi vida...