Y todo vuelve, ya me lo dijiste una vez. Eres mi demonio, mi insomnio de cada madrugada, mi protagonista en cada libro que leo, el cantante de mis canciones y, seguramente, el amante de mis noches más vacías. Pero tú de eso no sabes nada, tampoco hace falta que lo sepas.
Y volviste, a ser mi fantasma de aquella vida pasada, vida que sigue siendo tuya. Sigo siendo tuya, por desgracia. Pero no te echo de menos, qué contradictorio, ¿verdad? Pero es totalmente cierto, amor. No te extraño, porque no es a ti a quien quise, no eres tú de quien me enamoré. Tú eres las ruinas de una persona que yo destrocé, a la que yo hice mártir de mis penas, alguien que ya no reconozco. Pero quedan de aquel la luz en tus ojos, seguramente sea por eso que no me atrevo a mirarte. Queda en ti la calidez en la sonrisa de quien un día amé. Y aún amo, para qué negarlo. Pero ya no duele, o eso creo. Lo peor es acabar por acostumbrarte al dolor. Prefiero creerlo así, sentirte lejos, distante, frío, olvidadizo y tan oscuro y doloroso que ni el abismo de tus sentimientos podría atraerme. Porque es cierto, amor, y lo sabes. Soy amante de los abismos, de los imposibles, de tus recuerdos, y siempre de ti y de tus mil formas.
Pero adiós, amor. Ya no tiene sentido.











