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6 de marzo de 2014

Y es algo tan mío, algo que está aún muy anclado dentro de mí. Inamovible, imperturbable, displicente y muy doloroso. Algo que es tuyo. Tu sonrisa, quizás, tu mirada, o simplemente el recuerdo de tu odio. 

Y todo vuelve, ya me lo dijiste una vez. Eres mi demonio, mi insomnio de cada madrugada, mi protagonista en cada libro que leo, el cantante de mis canciones y, seguramente, el amante de mis noches más vacías. Pero tú de eso no sabes nada, tampoco hace falta que lo sepas.

Y volviste, a ser mi fantasma de aquella vida pasada, vida que sigue siendo tuya. Sigo siendo tuya, por desgracia. Pero no te echo de menos, qué contradictorio, ¿verdad? Pero es totalmente cierto, amor. No te extraño, porque no es a ti a quien quise, no eres tú de quien me enamoré. Tú eres las ruinas de una persona que yo destrocé, a la que yo hice mártir de mis penas, alguien que ya no reconozco. Pero quedan de aquel la luz en tus ojos, seguramente sea por eso que no me atrevo a mirarte. Queda en ti la calidez en la sonrisa de quien un día amé. Y aún amo, para qué negarlo. Pero ya no duele, o eso creo. Lo peor es acabar por acostumbrarte al dolor. Prefiero creerlo así, sentirte lejos, distante, frío, olvidadizo y tan oscuro y doloroso que ni el abismo de tus sentimientos podría atraerme. Porque es cierto, amor, y lo sabes. Soy amante de los abismos, de los imposibles, de tus recuerdos, y siempre de ti y de tus mil formas. 

Pero adiós, amor. Ya no tiene sentido.

23 de febrero de 2014

Te deseo.

Te deseo.
Sí, te deseo alguien que te ame.
Alguien que te haga feliz, que,
sin pretenderlo, te haga sonreír en sueños.

Te deseo lágrimas y sufrimiento,
risas y felicidad, te deseo
mentiras y mis recuerdos en
tus despertar.

Te deseo vivir conmigo en tu
subconsciente. Que busques lo
que en mí encontraste y que
ninguna otra podrá darte.

Te deseo días de lluvia interna,
de sequía emocional, de sexo
vacío, y mucho amor no correspondido.
Te deseo un amor que no puedas sentir.

Te deseo tantas cosas, amor.
Y espero que si algún día te olvidas de tu
existencia, recurras a mí.
Pregúntame cuando dudes de ti mismo.

Yo podré contar cómo de revueltos son
tus despertares, tus manías, tus sonrisas,
tus sarcasmos y tus idas y venidas.
Yo querré hablar siempre de ti.

Puedo hablar sobre tu forma de atusarte el pelo,
sobre cómo odias los juegos de palabras.
Podré hablar sobre tus sinsentido.
Y quiero hablar de ti. Respirarte.

Quiero recordar tus paseos por mi piel,
mis besos por las líneas de tu existencia.
Y qué bonito fue soñar a tu lado.
Vivir de deseos y domingos apagados.

Puedo desearte una vida vacía como la mía,
pero también desearé que me recuerdes
como yo te recuerdo.
Quiero que sigas viviendo en mí.

Te odiaré, no lo dudes. Siempre y hasta nunca.
Pero también te deseo de mil formas.
Y te recuerdo. Y te amo.
Y te extraño. Y te respiro.

Pero ya ves, amor. Se acabó nuestro momento.
Quédate con tus mentiras, y con tus fulanas de vida vacía.
No me recuerdes, yo lo haré por los dos.
Búscame cuando te canses de esos orgasmos sin sentido.

25 de febrero de 2013

Piso tus huellas justo detrás de ti, exactas y frías. Nunca quise perderme, siempre quise ir a tu lado, acompañar tus pasos con los míos, mis manos con tus dedos y tus labios con mis besos. Nunca quise dejar de merecer tus sonrisas y aunque ya sé que las perdí, no las olvido. No quiero olvidarlas. Son ese tipo de recuerdos que duran años, que en el último suspiro de tu vida aparecen ante ti y te hacen feliz, otra vez. Otra vez y siempre. Como tú. Siempre tú. Siempre supiste hacerme feliz, hasta enfadada, hasta odiándote, hasta llorando me hacías feliz. ¿Qué más da ya? ¿Verdad? Ya se acabó, cariño. Pero, ¿qué importa? Fui muy feliz y gracias, nunca olvidaré todo lo que hiciste por mí. ¿Lo superé? ¿Quién sabe? Yo tampoco, y no quiero pensarlo. Porque si lo pienso te recuerdo y no quiero. Ya lo evito, te evito cuando vivo y hasta cuando respiro, pero parece que mis pasos siguen unidos a los tuyos. ¿Por qué? No lo sé, nadie lo sabe. ¿Qué más da? Nadie lo entiende. Nadie entiende que tus labios encajan en cada curva de mi espalda a la perfección, nadie entiende que aunque se acabó, nunca terminó de hacerlo. ¿Qué más da que ni siquiera nosotros lo entendamos? Mis huellas siguen unidas a las tuyas, ya lo sabes. Me buscas y te busco, es inevitable. Que cuando yo no quiero que me encuentres, lo haces; y cuando quiero que lo hagas, no apareces. Y es nuestro juego, amor. Somos dos idiotas con un pasado enamorado. Y ya no. Ya lo sabes. ¿Qué más da? Nadie lo entiende, ¿y qué? Mis huellas están unidas a las tuyas y así será hasta... no sé hasta cuando; pero algún día esto se acabará de verdad. 

7 de septiembre de 2012

Hoy me he despertado oliendo a ti. Sí, a ti. Tienes un olor inconfundible, característico, imposible. Sabes que me encanta. Me encanta recordarte mientras reías y yo respiraba hasta el último suspiro del aire que te rodeaba para grabarte en mi cerebro. 
El ser humano es capaz de recordar miles de olores. Pero se pueden confundir. El tuyo no, el tuyo es inconfundible. Mi colchón lo sabe, mis almohadas, mi cuerpo y cada uno de los lugares que visitamos juntos. Como cambian las cosas, ¿no? Hace un par de meses, éramos la pareja casi perfecta. Sí, casi. Por eso nos amamos tanto. No hay día que no pase por aquel banco que me vio reír y a ti callar, no hay día que no sonría echando de menos cada momento que nos quedó por vivir. Pero, ¿qué digo? Da igual. Ya todo da igual. Viviré, vivirás, lloraré, llorarás y ambos seguiremos adelante. Nos volveremos a encontrar algún día, seguramente tú de la mano de alguna mujer menuda y hermosa, y yo, yo sola; como de costumbre. Pero no me importa, nunca me importó estar sola, hasta que te conocí a ti. La soledad te ha sustituido y es buena compañera, es sincera y cruel; pero nunca me falla. Siempre está conmigo, siempre. No me abandona ni por un instante. Es la que me habla y me dice todo lo que no quiero ver. Me cuenta como sigues con tu vida, como has vuelto a reír, como sigues siendo feliz sin mi y me grita, se enfada conmigo porque ve que yo no puedo. No consigo mantenerme en pie dos segundos sin volver a caer pidiéndote que vuelvas. 
Llegará el día en que me veas y los dos sepamos que pudimos haber recorrido el mundo juntos, de la mano. Me verás y sólo podrás sonreír por los recuerdos. Te veré y lloraré porque seguirás siendo el amor de mi vida.
Es demasiado triste y demasiado complejo, pero es nuestro secreto, mi amor. Nuestro último secreto.

26 de agosto de 2012

No quiero acabar siendo una simple caricia sobre tu cuerpo, una de esas que fácil se olvida. No quiero acabar siendo la que te ama sin poder pedirte que te quedes un poco más. No quiero ser otra más en tu vida, una de tus opciones, una de tantas en las que nunca piensas. No quiero tener que fingir que me creo tus 'te quiero', no quiero perderme en el olvido, no quiero que no quede nada de mi. No quiero que finjas interés por mi, no te pido nada. Ya no quiero nada.

18 de agosto de 2012

Ya no queda nada que sentir, mi amor. Todo lo que un día fuimos se perdió. Ya no hay amor ni nada por lo que luchar, ya no nos queda nada por cumplir ni desear.
Dueles como el primer día y cada vez quemas más. No hay distancia culpable, nosotros fuimos el error. Perdón. Perdón por todo el daño que te hice, por cada momento perdido a tu lado.
Nunca dudes de cuanto te amo y de que lo haré siempre. No pienses que te olvido, sigues siendo el amor de mi vida. Ese amor que prometía ser para siempre, pero se quedó en el camino. 

11 de marzo de 2012

Son demasiadas cosas las que me recuerdan a ti y las que no soy capaz de recuperar por miedo de recordarte. Temo tanto volverte a ver y sentir de nuevo todo el pasado retorciéndome el corazón. Eres esa parte odiosa y perfecta de mi vida, fue tan increíble; pero fuiste tú quien decidió que era demasiado fácil estar juntos. 
Vete, prometo que nos volveremos a encontrar. Cuando menos lo esperes, apareceré y te darás cuenta de cuánto me has querido todo este tiempo. 
Hasta entonces cuídate y adiós. O mejor, dejémoslo en un 'hasta pronto'.

6 de noviembre de 2011




- ¿Quién querría soñar diez años?
+ Depende del sueño... En mi sueño, seguimos juntos.



Con esa canción nueva de fondo; muy bonita por cierto, me recuerda a ÉL, me hace entender como se sentía al no poder corresponderme, echada en la cama, con un dolor profundo en el pecho, son... punzadas en el corazón, como si quisiera salir para no sufrir más, busco algo que hacer hasta que lleguen las cinco para empezar a prepararme, he quedado con él. Con el otro él, mi verdadero él, es... ÉL. Sí, ese ÉL que cada noche me quita el sueño, que cada día me roba los pensamientos, ese que extraño a cada rato. He encontrado a otro, pero aunque se parecen no es igual. No tiene ese punto mágico que tenía ÉL, ese punto que me atraía como un imán, ese punto que lo hacía tan especial para mi. 


¿Y si sólo estoy con él porque se parece a mi ÉL? ¿Y si sólo estoy buscando un sustituto para mitigar el dolor? Un momento, ¿mi ÉL? Pobre ilusa, nunca fue mio.


 No quiero jugar con nadie, pero hay días en los que me roba la atención con cada detalle y otros en los que no me acuerdo ni de su nombre. Tengo miedo de no poder reconstruir lo que ÉL rompió, de que haya destruido mi vida por completo, de no poder encontrar a nadie lo suficientemente bueno porque ÉL puso el nivel muy alto. Puede que hubiera un momento en el que sintiese algo por mi, o simplemente lo creyera. Pero sé que el resto del tiempo fue todo culpabilidad. Y ahora le doy igual, no le importo nada, supongo que yo le libré de su carga y me alegro, pero me mata el no poder recibir su consuelo. Si tan sólo pudiera saber que ÉL me escuchará no pediría ni su perdón, sólo que me escuchase. O simplemente verle de nuevo, cara a cara, memorizar cada centímetro de su cuerpo.

No pienses en mis lágrimas cuando la beses, ni en las eses que acabé haciendo por cada punzada que me has dado, no tengas remordimientos por mi que ya sé matarme yo sola, cuando no puedas dormir recuerda que yo tampoco lo hago desde que te fuiste. Busco tu reflejo en los cristales rotos de cada botella que he roto por no poder verme reflejada en tus ojos. 

No seremos esa pareja feliz de cuentos de hadas, no serás mi príncipe ni yo tu princesa encantada. Créeme cuando digo que mientras duró fue todo mágico, aunque hoy el orgullo sólo produce rencor. Me sumerjo en mi mundo negro, no se escucha nada, no siento nada. No preguntaré por que te fuiste, lo imagino, tal vez falle, pero esta noche ni el mejor chiste podría hacerme sonreír. 

Piensas que encontré a otro, pero no exagero cuando digo que sólo me hace recordar lo bonito de esa historia que parecía no tener final. Amor, odio, rencor, dolor... hubo de todo, pero me encantaba. Tengo miedo de cómo nos miraremos cuando sea imposible rehuir nuestras miradas.

Sé que recuerdas cada palabra, cada sentimiento, cada charla. Me da igual que quieras aparentar que todo te da igual, sé que hay momentos en los que una simple frase, una simple mirada te recuerda a mi. Lo sé, no te engañes, no quiero sentir que amo con locura a un cualquiera. No disimulo el llanto al pasar por esos lugares. Hay cosas que nunca llegan, como el olvido, como el amor eterno, como tu amor.

He creado mi propio invierno que ha congelado tus palabras, no te volveré a besar pero lo harán otras peores. Hoy la inmensidad se reduce al vacío que has dejado, a la pena que cargo por no tenerte aquí a mi lado. Yo que aspiraba a ser tu mujer imperfecta y hoy sólo soy una niña llorando en su cama llena de recuerdos. Mi vida se apaga olvidando que aún inconscientemente, quiero verte.

4 de noviembre de 2011

Y es en estos días de lluvia cuando más tiempo tengo para pensar en ti. No encuentro con que ocupar tanto tiempo, y cada gota me trae un recuerdo, que como latigazos me hunden. No consigo levantar cabeza, me cuesta. No puedo, lo intento pero no lo consigo. Ayúdame. ¿Recuerdas? Un día me prometiste que siempre estarías ahí, y no estás. Mentiste. Mentiste...


Ya no quema, recuerdos que se los lleva el tiempo para acabar volviendo sin aviso. Maldito destino. Mil preguntas sin respuestas, un sentimiento descontrolado, un amor donde sólo juega un corazón. Si él no es para mí, ¿por qué le conocí? Si desde un principio sabías que esto pasaría porque dejaste que todo llegase tan lejos.  Por qué dejaste que dependiera de ti, por qué dejaste que te llegara a convertir en mi mundo, en mi vida. Te quiero, pero ninguna prueba llegó a constituir una certeza para ti. Ni mil defectos llegaron a crear una duda sobre cuanto te quería. No quiero necesitarte, porque no puedo tenerte. Demasiado tarde...


Todos nos volvemos locos alguna vez, y tú eras mi locura. Mi dulce locura. Hay momentos en los que debería luchar, seguir sin descanso, y otros en los que debería aceptar mi derrota, momentos en los que sólo una loca, una ilusa seguiría adelante. Yo siempre fui una ilusa enamorada. 


Me gustaría que llegase ese momento en el que sólo fuésemos tú y yo, una chica delante de un chico pidiéndole  que la quiera, o que simplemente vuelva. Pasa el tiempo y ahí sigues igual que siempre... En mi mente, en mi corazón ocupando un hueco vacío, un hueco que tú llenaste. 


De nuevo recuerdo que mentiste. Esa promesa hecha, que aunque no la quisiera aceptar siempre la necesite. Y hoy te necesito a ti y no estás. 



1 de noviembre de 2011

Hoy ha sido uno de esos días en los que he sentido como el mundo se me venía encima, uno de esos días en los que las sábanas se hacen mi mayor protección, pero no me han protegido de mi mayor enemigo. Yo misma. 


Hoy pensé en ti como hacía tiempo que no pensaba, hoy te eché de menos como si fuera la primera vez, hoy sentí como caía al suelo y aún sigo sin levantarme. Te necesito. Hoy lloré como cuando te fuiste de mi lado. Hoy recordé ese te quiero, nuestro primer beso. Hoy recordé la forma en la que te fuiste de mi lado, hoy volví a sentir ese vacío. Todo el esfuerzo con el que me empeñé en conseguir apartarte de mi mente hoy fue en vano.  Hoy dormí con tu foto en mi almohada. 


Vuelve, por favor vuelve. No puedo, quiero pero no puedo no lo soporto. No soporto ver como sigues con tu vida y la mía pasa ante mis ojos sin poder hacer nada. Te necesito. Necesito verte una vez más, mirarte a los ojos, pedirte perdón, decirte cómo me sentí todo este tiempo. Quiero borrar el pasado, enmendar cada error.




Hoy volví a buscarte, hoy volví a pensarte, hoy volví a recordar que te quiero...



24 de octubre de 2011

Puede que pienses que sólo es un bajón más, que en un momento se me pasará. Pero no, es todo lo que guardo dentro, es lo que maquillo con una sonrisa todo el día en la cara. Hasta que llega ese momento del día en el que no aguanto más y necesito explotar. Necesito contarle a alguien lo que siento, ese alguien eras tú. Sí, mi amor, tú. 


Y ahora que no estás lo escribo aquí, parece una entrada más, pero en cada párrafo hay un momento de vacío que siento desde que te fuiste. Y aunque me hago creer que ya pasé página siempre vuelve la razón a confesarme que te echa de menos y que te sigo queriendo. 
No hablaremos, no saldrá ni una palabra de nuestros labios. No habrá miradas. Sentiremos la desconocida incomodidad que jamás hubo por un silencio. Sentiré el odio y el amor no correspondido. Tú esquivarás cualquier petición, te taparás los oídos. Sé que no me querrás escuchar. 


¡Mírame! Dedícame un instante. No pido que me perdones ni que olvides, sólo que escuches. Necesito decirte todo lo que siento una última vez. Deja que me mienta pensando que aún te importo. 


Espera, no cerremos todavía las puertas. No corre prisa, dame un segundo. Deja que coja fuerzas para intentarlo una vez más. Dame un último aliento, una última mirada, un último pensamiento. Deja que en un último intento desesperado te explique cuanto te sigo extrañando.

23 de octubre de 2011


[...]...Seguiré buscando hasta encontrarte, es que te veo en todas partes. No sé si tú sientes lo mismo que yo. Detén el tiempo quiero soñarte, decirte que eres importante... [...]



El pasado quema. Duele recordar lo fácil que era entablar una conversación, sacarte una sonrisa, sorprenderte, decirte lo que pensaba y lo que sentía. Duelen los recuerdos. Duele simplemente recordar. Me llenabas tanto... Completabas esa parte de mí que era tan desconocida. Jamás pensé encontrar mi otra mitad, mi media naranja. En tu caso, mi medio limón. 


Todo era tan fácil... Entre risas y bromas siempre caía una expresión de cariño. Lo extraño tanto, te extraño tanto. Vuelve...


Me duele, de verdad que me duele el sentirme tan vacía por dentro. Extraño el sentir que te importo, que aunque no pueda haber nada entre nosotros siempre ibas a estar ahí, tu preocupación por como me pudiera sentir. Extraño lo complicado que eras. Extraño decirte que te echaré sal porque eres muy soso, decirnos que el que no arriesga no gana, decirte tonto. Extraño las indirectas. ¡Dios! Cuantísimo te necesito. 


Me quema seguir queriéndote como el primer día, necesitarte para seguir adelante, sentir que al mirar en tu lista de contactos me ves de pasada y por un segundo estoy en tu mente. Me quedé estancada en nuestro pasado, hoy en día sólo es mío. Ya no compartimos nada, tú lo borraste todo de tu corazón. Ese tan frío y tan duro. Sí, ese que un día llegué a conquistar. Ese que un día fue un poquito mío.


22 de octubre de 2011

¿Dónde estás? Ya no te veo, no te escucho, no siento tus palabras de aliento. Eras tú quien se suponía que debía estar ahí en lo bueno y en lo malo; de acuerdo, quedamos en que sólo en lo malo. Y aunque rechacé tu ofrecimiento por orgullo, me di cuenta de que sí te necesito. Necesito que me hagas ver mis fallos, que me hagas ser sensata, que me escuches y me seques las lágrimas, que hagas el tonto intentando hacerme reír, que me empujes hacia delante cuando salga corriendo para atrás. Te echo de menos. No puedo, me quedé estancada. No sigo adelante, pero tampoco hacia atrás. Me da miedo volver a recordarte, volver a sentir como sentía antes. Tengo miedo de quedarme aquí para siempre, tengo miedo de depender de ti para siempre.

18 de octubre de 2011

Una parte de mi quiere, otra dice que no puede. Mi corazón me tira a que me arriesgue, mi mente me asegura que no ganaré. No quiero volver a fallar, quiero mantener esta maldita tranquilidad. 


Estoy confusa. Te quiero, pero no te quiero cerca. Te extraño, pero no quiero saber nada de ti. Te necesito, pero sigo como puedo sin ti. 


Y sopesándolo mejor me impongo una condición para atreverme a hablar contigo. Debes estar sólo...



17 de octubre de 2011

Veo el final de la calle en la que la mayoría de las farolas parpadean haciendo un último esfuerzo por no apagarse del todo. La noche es fría, mi chaqueta marrón abriga, pero no lo suficiente. Me sujeto fuertemente el pecho, tengo frío y cada vez estoy más empapada por la lluvia, pero me siento bien. 


Recuerdo esa escena de aquella película en blanco y negro en la que el hombre cantaba y bailaba bajo la lluvia.  Me entran unas ganas locas de imitarle, de mostrarle al mundo lo feliz que soy. 


"¿Feliz por qué? ¿De verdad eres feliz o sólo finges?". Me asalta la duda y la voz de mi conciencia. Rápidamente busco una respuesta o escusa según como se vea, pero no la tengo. Soy feliz porque él no está, se fue. ¿De verdad soy feliz así? Ciertamente no, me siento bien para que mentir, no tengo que preocuparme por lo que digo o hago, no tengo nada en lo que pensar, nada por lo que llorar. Por otra parte, extraño todo lo bueno que no fue poco, pero no compensa. Demasiados malos momentos, demasiado daño, demasiados ataques y lágrimas como resultado. Aún así le extraño. 


¿Y si como dijo ella volviéramos a hablar? ¿Sería capaz de ir a hablar con él? No lo sé. Quiero, de verdad que quiero y si fuese tan fácil lo hubiera intentado las veces que hubiesen sido necesarias, pero esta vez fue distinto. El pasado se impuso, salió mi orgullo. No pude apartar todo lo que pasó, se me hizo imposible.


Las gotas cada vez caen con más fuerza y me sacan de mi ensimismamiento, vaya paseo. Casualmente pasa una pareja. Se les ve bien, riñendo entre bromas, riendo a carcajadas, abrazados intentado permanecer debajo del paraguas. Se ve como ella se hace la enfadada y se sale del paraguas mientras él corre detrás de ella a darle un beso.


¿Y si viniese él a hablar conmigo? Me sale una carcajada que retumba en la desértica calle. "Imposible" suena en mi cabeza. Pero suponiendo que así fuera, ¿qué haría? ¿realmente tendría el coraje de ser fuerte y hablar con él? Otra vez, no sé. Mil dudas a las que sólo puedo responder con un seco no sé. Bueno, no sé no. Sí, hablaría con él. Sonreiría y aguantaría cualquier ataque, sólo si él viniera a hablar conmigo. En caso contrario por una vez perduraría mi orgullo, por una vez sería yo quien se mantenga firme, sólo por una vez, me aguantaré mis ganas y dejaré que el tiempo decida. Aunque si no vino aún, no creo que venga ya...


16 de octubre de 2011

Tres de la madrugada. Intento conciliar el sueño, pero por lo que se ve está reñido conmigo. Como siga así amanecerá y yo aún estaré con los ojos abiertos. Recordé que mi amiga estuvo insistiéndome en que viera una película... ¿Cómo se llamaba? No lo recuerdo bien.


¡"La última canción"! Bueno, veamosla, no hay nada mejor que hacer. 

Empieza la peli, chica guapa y borde conoce a chico guapo y simpático, historia de amor ya empezada. No puedo evitar pensar en él, en todos los recuerdos bonitos e incluso en las discusiones. ¿Por qué en las pelis por muy mal que se empiece se suele acabar tan bien? 



Estoy llorando ya, no quiero, aún no estoy ni por la mitad de la reproducción. Aguanto la respiración hasta casi marearme, pero no puedo evitar seguir llorando. Será la maldita película, es un tira y afloja pasando por las de cal y arena, y terminando en cada uno por su lado, hasta que el amor triunfa sobre todas las cosas y todos felices comiendo perdices. 



Enfadada, furiosa, muerta de envidia, cierro la pantalla del ordenador de un golpe. No quiero saber nada de amor.


Me quedo a oscuras, mirando al techo. Pensando en el círculo vicioso en el que estuve metida hasta que él tuvo el coraje de romperlo. Echo de menos nuestro círculo. Echo de menos saber que aunque no nos quisiéramos ni ver, los dos nos preocupábamos por el otro, y que el sentimiento era mutuo. Le echo de menos. 


Vuelvo a abrir el ordenador reconociendo que necesito ocupar mi mente en algo. Pretendo equilibrar la balanza viendo una película sin nada de amor. Difícil, muy difícil. Todo camino en esta vida tiene, aunque sea un sólo instante, amor. Me decanto por "Insidious", que remedio. 


Susto, susto y más susto. Tengo la cabeza tan concentrada en él, que no me doy cuenta de que mi hermano está en la puerta llamándome desde hace rato. Le miro y le abrazo. Le pregunto que le pasa, pero sólo me abraza. Llorando me quedo abrazada a la única personita que es capaz de alegrarme en esos momentos, pero ni él me ha podido sacar una sonrisa. Intento mostrarme lo más fuerte posible mientras le cuento un cuento para que concilie el sueño. Aguanto las lágrimas hasta que se queda dormido en mi hombro, y yo a su lado. Son las cinco y media cuando me despierto y llevo a mi hermano a su dormitorio. 


En cuanto regreso a mi cama caigo rendida ante las sábanas. Empiezo a soñar. Inevitablemente con él...