23 de noviembre de 2011

Él sabe cómo soy. Sí, lo sabe muy bien. Y sé que por eso me quiere. Sabe que soy infantil, explosiva, picante, ácida, sosa, dulce. Sabe lo cabezona que soy, lo rebelde e inconsecuente de mi cuerpo, diferente, llamémoslo especial. Sabe que soy risueña, pesada, bipolar, miedica, incluso a veces tonta. Sabe que me encantan esas gominolas en forma de fresa con mucho azúcar, pero que sólo las comparto con él. Sólo con él. Sabe que soy celosa y egoísta, que le quiero sólo para mi, que no soporto que esté lejos de mi. Le quiero a él. Quiero que siga quitándome el sueño todas las noches, que sienta frío cuando no me abraza, quiero que me diga mil te quiero sin palabras, que el roce de su piel con la mía arrase con todo. Quiero saber que su cuerpo es mío. Quiero un mundo con él. 


Pero también sé que me quiere, que sólo tiene ojos para mi, que le encanta que le dé besos y que le diga todo lo que siento, le encantan mis defectos, mis miedos y mis historias de princesas y sapos, sé que soy esa que le trae de cabeza, la que consigue enfadarlo y sí; lo reconozco, me encanta cuando se enfada y no me deja que le bese, me encantan todos esos defectos que él no soporta. Sinceramente, me encanta todo y aunque nada tiene sentido para el resto del mundo, ¿qué mas da? Sólo me importa él.



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