No pienses en mis lágrimas cuando la beses, ni en las eses que acabé haciendo por cada punzada que me has dado, no tengas remordimientos por mi que ya sé matarme yo sola, cuando no puedas dormir recuerda que yo tampoco lo hago desde que te fuiste. Busco tu reflejo en los cristales rotos de cada botella que he roto por no poder verme reflejada en tus ojos.
No seremos esa pareja feliz de cuentos de hadas, no serás mi príncipe ni yo tu princesa encantada. Créeme cuando digo que mientras duró fue todo mágico, aunque hoy el orgullo sólo produce rencor. Me sumerjo en mi mundo negro, no se escucha nada, no siento nada. No preguntaré por que te fuiste, lo imagino, tal vez falle, pero esta noche ni el mejor chiste podría hacerme sonreír.
Piensas que encontré a otro, pero no exagero cuando digo que sólo me hace recordar lo bonito de esa historia que parecía no tener final. Amor, odio, rencor, dolor... hubo de todo, pero me encantaba. Tengo miedo de cómo nos miraremos cuando sea imposible rehuir nuestras miradas.
Sé que recuerdas cada palabra, cada sentimiento, cada charla. Me da igual que quieras aparentar que todo te da igual, sé que hay momentos en los que una simple frase, una simple mirada te recuerda a mi. Lo sé, no te engañes, no quiero sentir que amo con locura a un cualquiera. No disimulo el llanto al pasar por esos lugares. Hay cosas que nunca llegan, como el olvido, como el amor eterno, como tu amor.
He creado mi propio invierno que ha congelado tus palabras, no te volveré a besar pero lo harán otras peores. Hoy la inmensidad se reduce al vacío que has dejado, a la pena que cargo por no tenerte aquí a mi lado. Yo que aspiraba a ser tu mujer imperfecta y hoy sólo soy una niña llorando en su cama llena de recuerdos. Mi vida se apaga olvidando que aún inconscientemente, quiero verte.

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