14 de septiembre de 2011

Pura rutina

Otro día igual. La misma rutina.. Me levanto, voy al baño, miro mi horrorosa cara en el espejo y me miento diciéndome que hoy será un buen día. Me meto en la ducha y me despejo. Primer pensamiento del día, él.
"Tengo que cambiar este pensamiento" Me digo en alto. No. No estoy loca, o puede que sí. ¿Quién sabe? Tal vez esta situación me este dejando demente.
Miro mi cuerpo desnudo y húmedo frente al espejo. A él le gustaban mi cuerpo, y en especial mis pechos. Sonrío recordando aquella noche juntos. Me miro fijamente y muevo la cabeza negando. No puedo seguir así, tengo que rehacer mi vida. "¡No quiero!" grita mi corazón desde lo más hondo de mis entrañas. Sigue sin aceptarlo. No entra en razón, no entiende que él no volverá. Se ha ido. Nos ha dejado, asúmelo ya. Pero para que resistirme...
Miro el reloj. 9:30 am. Me altero. Voy a llegar tarde a clase. Pero que digo, es sábado. Me río a carcajadas de mi misma. ¿Qué haré hoy? Quiero cambiar. Pienso en llamar a mis amigas. Pero en ese momento... "¡Rinnngg!" El teléfono. Es ella. Me dice que quiere salir, que no quiere pensar más en él. Si supiera como me siento yo cada día. Le expongo mi mejor sonrisa, al menos la mejor que me sale fingir. Quedamos para ir a la playa y ahí ya planearemos la noche.
De vuelta a casa escucho música. Esta canción me gusta. "Y empezó la noche me encuentro contigo en cualquier lugar, son más de las doce quiero estar contigo de madrugada". Como no aparece su cara a mi mente. Tiene razón esa maldita canción. Siempre me lo encuentro de noche y en cualquier lugar al que vaya. Parece que al destino le gusta jugar. Llego a casa. ¿Qué sorpresa me deparará hoy?. Pues sí que ha sido una sorpresa. Mi padre me saluda y no me dice nada. Qué extraño. Da igual mejor, no estoy de humor. Nunca estoy de humor. Otra vez a la ducha. Maquillaje. Secador. Les aviso con tiempo para que vengan a recogerme.
Las 11:30, ya tienen que estar al caer. Como cada sábado nos vamos a esa aburrida explanada, el mismo grupo de siempre, a ver las caras de siempre con los mismo ánimos de siempre. No hacemos botellón, más que nada porque la mayoría de nosotros no bebe y porque después de mi última borrachera no quiero saber nada de eso llamado alcohol. Brrrmmmm. Maldito y a la vez ansiado estruendo. Es él. ¡Seguro! Ya viene con esa estúpida moto de la que no se separa. Por un momento nuestras miradas coinciden. Hay una mezcla de rabia, dolor, odio, pena, tristeza, añoranza... todo ello mezclado con tensión. Se levantan todos a saludar y yo por fastidiar saco un pitillo y me lo enciendo. "A tu salud" pienso. Veo como me mira. Me da igual, al menos intento que parezca eso. Se va haciendo el mismo ruido que al venir. Todos me chequean con la mirada. "No, no me pasa nada" les digo. Claro que me pasa. Quiero ir a saludarle, preguntarle como está, simplemente hablarle. Pero no puede ser. Pasa lentamente el tiempo, y lo ocupo pensando y recordando mis buenos momentos con él. Son las 6:30, hora de ir a casa. Nos montamos en el coche.
Me siento mareada y eso que no he bebido. En cuanto entro por la puerta voy al cuarto de mi padre. No está. Menos mal se ha ido, no tengo ganas de soportar a nadie. Me echo en la cama, enciendo el ordenador. Ningún mensaje. Me conecto en el tuenti de mi amiga. Ahí está. Conectado. Nada nuevo en su perfil. Me pongo la peli más aburrida que encuentro y me duermo.. Mañana será otro día, aunque con los mismos pensamientos.

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