30 de octubre de 2011

Eras ese sueño, mi sueño, mi gran imposible, mi gran amor. Al que cada noche intentaba llegar desesperadamente. Me sentía bien, me sentía... a gusto, protegida, querida, entusiasmada. Sentía que de verdad le importaba a alguien, eras mi droga. Tú conseguías sacar lo mejor de mi y aunque muchas veces reinara el odio entre nosotros, el amor prevalecía. Tú me sujetabas y aunque pareciera que estábamos cayendo al abismo me daba igual, porque tú estabas conmigo. Ya podía venir la peor de las tormentas, el mismisimo diablo si quería, que si tú estabas conmigo todo me daba igual. 


Pero los sueños sueños son, y al final se acaba despertando. En algunos sabes desde el principio que lo son, que son un simple sueño y los vives como tal, sin preocupaciones, sin temores; sabiendo que despertarás y tu vida seguirá adelante. Pero hay otros en los que cuando despiertas no sabes que hacer, has basado los últimos tiempos de tu vida en ese "sueño". Te quedas despierta, echada en la cama, mirando el techo, asimilando que cada momento, abrazo, caricia, beso ha sido producto de tu imaginación, intentando dormir de nuevo porque quieres volver a ese sueño, con él. Y al fin y al cabo, tarde o temprano uno acaba despertando.

1 comentario:

  1. Supongo que por eso alguien dijo que disfrutemos los sueños todo lo posible antes de que se desvanezcan.

    Un saludo

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