1 de octubre de 2011

Y eramos como niños, jugando a horas sinceras con mil preguntas, algunas sin respuesta. Cuantas se quedaron en el aire por el miedo a la respuesta, cuantas hirieron y me hicieron llorar. Siempre me quedaban cuestiones por plantear, situaciones que desmentir, lágrimas que sanar. Me plantaba delante del espejo y las decía en voz alta, pero al verte a ti llegar mi decisión se rompía y ahí se quedaban pasando las horas muertas... Y ahora resurgen y me lamento de no haberlas echo en su momento. Tantas oportunidades dadas y todas desperdiciadas... 

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