10 de octubre de 2011

Hoy le vi, sentí como el corazón me explotaba, sentí como los ojos se me anegaban de lágrimas. Sucumbí, no soporté ver cómo se alejaba, como me rehuía la mirada. Y en ese momento, ese momento en el que de casualidad lo ví, mi mundo volvió a brillar por un instante, sentí como la ilusión se formaba, tuve la esperanza de que por un segundo se acercará y me dijera un simple "Hola, ¿qué tal?". Pero no, se fue, desapareció. Y tuve que ver cómo se rompía todo otra vez, todo lo que en tanto tiempo me costó conseguir, esa fortaleza, esas ganas de vivir de nuevo, se rompieron. Pasó el tiempo tan rápido sin verte que hasta el dolor dejó de sentirse, se olvidó, pero tuviste que aparecer como siempre de sorpresa y sin aviso. Como decíamos, el destino. El destino es el que juega con nosotros, no quiere que siga con mi vida, cruza nuestros caminos. Pero seguí adelante, con su imagen grabada en mis retinas y con la cara empapada por el llanto, maldiciendo al destino, controlando mi respiración y mi cuerpo para no rendirme y salir corriendo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario